Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 7 - Una verdad imposible
"Hay secretos que comienzan como un miedo y terminan cambiando una vida entera."
Valentina permaneció inmóvil frente a sus amigas.
La cafetería seguía llena de personas, pero para ella todo parecía haberse quedado en silencio.
—No quiero imaginar cosas —dijo finalmente—. Puede ser cualquier otra cosa.
Camila apretó suavemente su mano.
—Por eso no vamos a sacar conclusiones todavía.
Sofía asintió.
—Primero necesitamos saber la verdad.
Valentina respiró profundamente.
—Está bien.
Horas después, las tres estaban en la habitación de Valentina.
Sobre la cama había una pequeña caja.
Valentina la observaba sin atreverse a tocarla.
—¿Quieres que me quede contigo? —preguntó Camila.
—Sí.
—Entonces no estás sola.
Valentina tomó aire y abrió la caja.
Unos minutos después, salió de la habitación.
Su expresión era diferente.
Camila se puso de pie.
—¿Qué pasó?
Valentina no respondió inmediatamente.
Miró a sus dos amigas.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Salió positivo.
Sofía se quedó sin palabras.
Camila se acercó rápidamente y la abrazó.
Valentina cerró los ojos.
No sabía exactamente qué sentir.
Había miedo.
Confusión.
Y una emoción que todavía no se atrevía a nombrar.
—Estoy embarazada...
Las palabras salieron en un susurro.
Esa misma tarde, Valentina reunió a su familia.
Su padre, su madre y sus hermanos estaban en la sala.
Ella permaneció de pie frente a ellos.
—Necesito contarles algo.
Isabella inmediatamente notó su nerviosismo.
—¿Qué ocurre?
Valentina tomó aire.
—Estoy embarazada.
El silencio fue absoluto.
Marco abrió los ojos con sorpresa.
Luca se quedó completamente inmóvil.
Su padre tardó unos segundos en reaccionar.
Finalmente se levantó y caminó hacia ella.
—¿Estás segura?
Valentina asintió.
—Sí.
Isabella abrazó a su hija.
—Vamos a estar contigo.
Valentina comenzó a llorar.
—Tengo miedo.
—Es normal —respondió su madre—. Pero no vas a enfrentar esto sola.
Marco respiró profundamente.
—¿Dante lo sabe?
Valentina negó.
—No.
Y quiero que siga así por ahora.
Todos intercambiaron miradas.
Su padre habló con seriedad.
—Entonces respetaremos tu decisión.
Pero debes saber que tarde o temprano tendrás que decidir qué hacer.
Valentina bajó la mirada.
—Lo sé.
Mientras tanto...
En la residencia Vesperi, Dante continuaba trabajando.
Tenía varios documentos frente a él cuando Enzo entró.
—Tenemos novedades sobre la investigación.
Dante levantó la mirada.
—Habla.
—Encontramos movimientos extraños relacionados con la información que se filtró.
Dante tomó la carpeta.
—¿Y los Russo?
—No aparecen directamente.
Dante se quedó pensativo.
—Entonces alguien está intentando que parezca que fueron ellos.
Enzo asintió.
—Eso parece.
Dante cerró la carpeta.
Por primera vez en días, una idea comenzó a tomar forma.
Quizá había juzgado a Valentina demasiado rápido.
Quizá ella nunca había sido su enemiga.
Esa noche...
Dante salió al balcón.
La ciudad brillaba debajo de él.
Sin querer, recordó aquella noche en el Eclipse.
La conversación con Valentina.
Su mirada.
Su voz.
La forma en que había conseguido que, por unas horas, olvidara todos sus problemas.
Dante cerró los ojos.
—¿Por qué sigues apareciendo en mi cabeza?
No sabía que, al otro lado de la ciudad, Valentina hacía exactamente lo mismo.
Solo que ella ahora guardaba un secreto que podía cambiarlo todo.
Tres meses después...
El tiempo había pasado más rápido de lo que Valentina esperaba.
Tres meses.
Noventa días guardando un secreto que cada vez resultaba más difícil esconder.
Ahora su vientre comenzaba a mostrar claramente el embarazo.
Ya no podía utilizar la ropa holgada para disimularlo completamente.
Aquella mañana permanecía frente al espejo de su habitación, observando su reflejo.
Colocó una mano sobre su vientre.
—¿Cómo voy a explicarte todo esto cuando llegue el momento? —susurró.
Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
—¿Valentina? —llamó Isabella.
—Pasa, mamá.
Su madre entró y la observó con ternura.
—¿Cómo te sientes?
—Bien.
—¿Segura?
Valentina sonrió.
—Sí.
Isabella se acercó y acomodó suavemente una parte de su cabello.
—Tu padre y tus hermanos siguen preocupados.
—Lo sé.
—No quieren que cargues sola con todo esto.
Valentina bajó la mirada.
—Todavía no estoy preparada para decírselo a Dante.
Su madre suspiró.
—No tienes que hacerlo hasta que te sientas preparada. Pero recuerda algo: nadie tiene derecho a decidir por ti.
Valentina asintió.
—Lo sé.
Esa misma tarde, Valentina acudió a una reunión empresarial.
No tenía intención de encontrarse con Dante.
Sin embargo, apenas entró al edificio, escuchó una voz conocida.
—Valentina.
Se quedó quieta.
Dante estaba al final del pasillo.
Su mirada se dirigió inmediatamente hacia ella.
Habían pasado semanas desde la última vez que estuvieron frente a frente.
Dante caminó lentamente hacia ella.
—No sabía que vendrías.
—Yo tampoco sabía que estarías aquí.
Él iba a responder cuando sus ojos se detuvieron en su vientre.
Su expresión cambió.
Primero fue sorpresa.
Después confusión.
Finalmente, sospecha.
—¿Estás embarazada?
Valentina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Sí.
Dante permaneció inmóvil.
—¿De quién?
Ella tragó saliva.
—No es asunto tuyo.
—Te hice una pregunta.
—Y yo te respondí.
Dante apretó la mandíbula.
—¿Quién es el padre?
Valentina lo miró directamente.
—No eres tú.
Aquellas cuatro palabras cambiaron por completo su expresión.
—¿Qué dijiste?
—Escuchaste.
Dante soltó una risa fría, sin humor.
—Es extraño.
—¿Qué cosa?
—Que hace tres meses te encontrara en el mismo lugar donde yo estaba...
Valentina sintió un escalofrío.
Dante la observó con atención.
—Y ahora apareces embarazada.
Ella mantuvo la mirada firme.
—No saques conclusiones.
—Entonces explícame.
—No tengo que explicarte mi vida.
Dante dio un paso hacia ella.
Su voz se volvió más dura.
—Si algún día descubro que me mentiste sobre esto, tendremos un problema.
Valentina no retrocedió.
—No me amenaces.
—No es una amenaza.
—Entonces compórtate como un hombre y habla conmigo sin intentar intimidarme.
Por primera vez, Dante guardó silencio.
Ella continuó:
—Y si alguna vez intentas separarme de mi familia o decidir sobre mi vida por la fuerza, tendrás que enfrentarte a todos ellos.
Dante la miró fijamente.
Su enojo aumentó, pero no volvió a acercarse.
—Esto no termina aquí.
—Nunca dije que terminara.
Valentina dio media vuelta y se marchó.
Lo que ella no sabía era que Marco había presenciado parte de la conversación.
Cuando Valentina llegó a casa, sus hermanos ya estaban esperándola.
—¿Hablaste con Dante? —preguntó Marco.
Valentina se quedó sorprendida.
—¿Cómo lo sabes?
—Te vio en el edificio.
Luca se levantó inmediatamente.
—¿Qué te dijo?
Valentina respiró profundamente.
—Sospecha que el bebé es suyo.
El rostro de Marco cambió.
—¿Y?
—Le dije que no era él.
Luca frunció el ceño.
—¿Te amenazó?
Valentina permaneció callada.
Eso fue suficiente.
Marco golpeó la mesa con la mano.
—No voy a permitir que te intimide.
Isabella apareció en la puerta.
—¿Qué está pasando?
Marco respondió con enojo:
—Dante sabe del embarazo y está sospechando que el bebé es suyo.
Isabella miró a su hija.
—¿Te amenazó?
Valentina negó lentamente.
—Dijo cosas que no debería haber dicho.
Su padre entró en la habitación al escuchar la discusión.
—Entonces tendremos que hablar con los Vesperi.
Valentina levantó la mirada.
—Papá, no quiero que esto se convierta en otro conflicto.
—No lo permitiré.
Su padre se acercó a ella.
—Pero tampoco permitiré que nadie te intimide.
Valentina apoyó una mano sobre su vientre.
—Solo quiero proteger a mi bebé.
Isabella la abrazó.
—Y lo haremos juntos.
Mientras tanto, en la residencia Vesperi...
Dante permanecía solo en su despacho.
No podía dejar de pensar en las palabras de Valentina.
"No eres tú."
Algo no encajaba.
La fecha.
El lugar.
Aquella noche en el Eclipse.
Y ahora el embarazo.
Dante abrió lentamente un cajón de su escritorio.
Dentro había una pequeña tarjeta del bar que había guardado sin saber por qué.
La miró durante unos segundos.
Después recordó algo.
Un perfume.
Una conversación.
Una voz.
Y una sensación extrañamente familiar.
Su expresión cambió.
—No puede ser...
Por primera vez, la sospecha dejó de ser una simple duda.
Y se convirtió en una pregunta que estaba dispuesto a descubrir.
¿Y si Valentina le estaba mintiendo?
La respuesta podía cambiarlo todo.
Hay verdades que no necesitan ser pronunciadas para comenzar a destruir los muros."
Dante permaneció frente al escritorio durante varios minutos.
La tarjeta del Eclipse seguía entre sus dedos.
Intentaba reconstruir aquella noche.
Recordaba haber salido con Enzo y Raffaele.
Recordaba la música.
Las luces.
La conversación en la terraza con Valentina.
Pero había detalles que seguían borrosos.
Y ahora había algo que no podía ignorar.
El embarazo.
Tres meses.
Dante levantó lentamente la mirada.
—Necesito saber la verdad.
Enzo entró al despacho.
—¿Qué ocurre?
Dante dejó la tarjeta sobre la mesa.
—Quiero que averigües todo sobre aquella noche en el Eclipse.
Enzo frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque creo que Valentina me está ocultando algo.
Mientras tanto, en la residencia Russo, Valentina permanecía sentada junto a la ventana.
Marco entró sin llamar.
—¿Puedo hablar contigo?
—Claro.
Su hermano se sentó frente a ella.
—Papá está preocupado.
—Lo sé.
—Y yo también.
Valentina bajó la mirada hacia su vientre.
—No quiero que esto se convierta en una guerra entre las familias.
Marco negó.
—No lo será.
Pero si Dante vuelve a amenazarte, no pienso quedarme callado.
Valentina suspiró.
—No quiero problemas.
—Entonces tampoco tienes que enfrentarlos sola.
Ella sonrió débilmente.
—Gracias.
Marco se levantó.
Antes de salir, se detuvo.
—¿Estás segura de que quieres mantener la verdad en secreto?
Valentina permaneció unos segundos en silencio.
—No para siempre.
Solo hasta encontrar el momento correcto.
Dos días después...
Dante recibió la información que había solicitado.
Enzo colocó una carpeta sobre el escritorio.
—Revisamos las cámaras del lugar.
Dante abrió la carpeta.
—¿Y?
—Hay algo extraño.
—¿Qué?
Enzo señaló unas fotografías.
—Esa noche tú estuviste en la terraza.
Después saliste del lugar acompañado por nosotros.
Dante observó las imágenes.
—¿Y Valentina?
—También salió con sus amigas.
Dante frunció el ceño.
—Entonces...
—No hay imágenes que demuestren que estuvieron juntos después.
Dante permaneció pensativo.
—Pero estuvimos juntos.
Enzo levantó una ceja.
—¿Estás seguro?
Dante no respondió inmediatamente.
Recordaba aquella conversación.
La terraza.
La voz de Valentina.
Pero después...
Nada.
Su memoria tenía un vacío.
—No lo sé.
Enzo lo observó con preocupación.
—Entonces no puedes acusarla.
Dante cerró la carpeta.
—Lo sé.
Aquella tarde, Valentina salió acompañada por Camila.
Necesitaba comprar algunas cosas antes de regresar a casa.
Mientras caminaban por una tienda, Camila observó su rostro.
—¿Sigues pensando en Dante?
—Un poco.
—¿Crees que sospecha?
Valentina asintió.
—Sí.
—¿Y qué vas a hacer?
Valentina acarició distraídamente su vientre.
—Esperar.
—¿Esperar qué?
—A que llegue el momento de contarle la verdad.
Camila tomó su mano.
—¿Y si se enfada?
Valentina respiró profundamente.
—Entonces tendrá que aprender a aceptar que esta decisión también me corresponde a mí.
Al salir de la tienda, Valentina sintió una presencia conocida.
Se detuvo.
Al otro lado de la calle estaba Dante.
Sus miradas se encontraron.
Camila miró a Valentina.
—¿Quieres que nos vayamos?
Valentina negó.
—No.
Esta vez no voy a huir.
Dante cruzó la calle.
Cuando llegó frente a ellas, miró primero a Camila y después a Valentina.
—Necesito hablar contigo.
—Puedes hacerlo aquí.
—A solas.
Camila intervino:
—Si ella no quiere quedarse sola contigo, no tienes derecho a insistir.
Dante la miró durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Está bien.
Valentina se volvió hacia Camila.
—Espérame allí.
Camila dudó, pero aceptó.
Dante y Valentina quedaron frente a frente.
—Investigué aquella noche —dijo él.
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Y?
—No encontré nada.
Ella guardó silencio.
—Pero sigo teniendo una sensación extraña —continuó Dante—. Hay algo que no recuerdo.
Valentina lo miró fijamente.
—Entonces deja de buscar respuestas en mí.
—¿Por qué?
—Porque todavía no estoy preparada para darte ninguna.
Dante respiró profundamente.
Por primera vez, su voz perdió parte de aquella frialdad.
—¿El bebé es mío?
Valentina bajó la mirada.
No respondió.
Dante entendió que aquella ausencia de respuesta decía más de lo que ella quería admitir.
—Valentina...
Ella levantó los ojos.
—Cuando llegue el momento, tendrás tu respuesta.
Dante permaneció inmóvil.
—Entonces esperaré.
Valentina se sorprendió.
No esperaba aquella respuesta.
Dante dio un paso atrás.
—Pero cuando llegue ese momento, quiero que me digas toda la verdad.
—Lo haré.
Él asintió.
Después se marchó.
Valentina lo observó alejarse.
Por primera vez comprendió que mantener el secreto sería mucho más difícil de lo que había imaginado.
Y Dante...
Por primera vez comenzó a preguntarse si aquella mujer a la que había considerado su enemiga podía convertirse en la persona más importante de su vida.
🖤 Palabras de la autora
Gracias por llegar hasta esta parte del capítulo 7. La historia empieza a entrar en una etapa mucho más intensa, donde los secretos de Valentina y las sospechas de Dante comenzarán a acercarlos de una manera que ninguno de los dos esperaba.
Gracias por seguir acompañando esta nueva novela.
Con cariño,
Zahira#🖤