Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar
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Chica mala
...Alexa ...
Los días siguientes continuaron con aparente normalidad.
Alexa asistía a clases.
Estudiaba con Emma.
Salía con Sofía y los demás.
Se quejaba de los trabajos prácticos y se reía de cualquier tontería que ocurría en la universidad.
Desde afuera, nada había cambiado.
Pero había algo que Alexa estaba escondiendo.
Y cada vez le resultaba más difícil hacerlo.
Todo había comenzado con las flores.
Dos días después, encontró una pequeña caja sobre su escritorio.
No tenía nombre.
Dentro había una pulsera sencilla, de una cadena fina y un pequeño dije en forma de luna.
Alexa la sostuvo entre los dedos durante varios segundos.
Había una pequeña nota.
...“Para la chica que todavía mira la luna como aquella noche.”...
Su corazón dio un vuelco.
No había firma.
No hacía falta.
Ella sabía perfectamente qué noche mencionaba.
Miró hacia la puerta.
Emma estaba en la ducha.
Rápidamente guardó la pulsera dentro de un cajón.
No dijo nada.
Después llegó otra cosa.
Un libro.
Era una edición antigua de una novela que Alexa había mencionado una sola vez durante una conversación con Emma.
La dejó sobre su cama.
Sin nota.
Sin explicación.
Alexa sintió un escalofrío.
—¿Cómo…?
No terminó la pregunta.
Podía ser Emma.
Podía haber sido un regalo de alguno de sus amigos.
Podía existir una explicación perfectamente normal.
Pero en el fondo sabía que no.
Guardó también el libro.
Y siguió con su vida.
O intentó hacerlo.
Una semana después apareció un sobre.
Esta vez debajo de su puerta.
Alexa lo recogió antes de que Emma pudiera verlo.
Entró al baño.
Cerró la puerta.
Abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
La playa.
La misma playa.
La misma zona donde había estado aquella noche.
En la parte posterior solo había una frase.
...“¿Todavía recuerdas?”...
Alexa sintió que el estómago se le cerraba.
Se apoyó contra el lavabo.
No podía ser una coincidencia.
Alguien sabía.
Alguien había estado allí.
Alguien la recordaba.
Y, por alguna razón, había decidido regresar.
Guardó la fotografía junto con las demás cosas.
Nunca se lo contó a Emma.
No podía.
Porque decirlo en voz alta significaría admitir que aquel hombre seguía existiendo en algún lugar.
Y que ahora sabía dónde encontrarla.
La noche del jueves, Alexa estaba estudiando cuando su teléfono vibró.
Número desconocido.
Se quedó mirando la pantalla.
No contestó.
Volvió a vibrar.
Número desconocido:
¿Vas a seguir ignorándome?
Alexa sintió un cosquilleo recorrerle la espalda.
Escribió:
Alexa:
¿Quién eres?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Número desconocido:
Sabes quién soy.
Alexa apretó los labios.
Alexa:
No.
Número desconocido:
Entonces supongo que tendré que recordártelo.
Ella dejó el teléfono sobre la mesa.
No quería continuar.
Pero volvió a tomarlo.
Alexa:
¿Eres el hombre de aquella noche?
Esta vez tardó un poco más.
Cuando llegó la respuesta, Alexa dejó de respirar por un instante.
Número desconocido:
Pensé que nunca me olvidarías.
Alexa se quedó mirando la pantalla.
Sus dedos comenzaron a temblar ligeramente.
Alexa:
No sé quién eres.
Número desconocido:
No necesitas saber mi nombre todavía.
Ella frunció el ceño.
Alexa:
¿Entonces qué quieres?
La respuesta tardó unos segundos.
Número desconocido:
Hablar contigo.
Alexa soltó una pequeña risa nerviosa.
Alexa:
¿Después de tantos meses?
Número desconocido:
Hay noches que no se olvidan.
Alexa bajó la mirada.
No quería admitirlo.
Pero él tenía razón.
Ella también había pensado en aquella noche.
Más veces de las que estaba dispuesta a reconocer.
Alexa:
Fue una noche.
Número desconocido:
Para ti también significó algo.
Alexa mordió suavemente su labio.
Alexa:
No sabes eso.
Número desconocido:
Recuerdo cómo me mirabas.
Alexa sintió calor en el rostro.
Alexa:
Estaba borracha.
Número desconocido:
No lo suficiente para olvidar.
Aquello la hizo quedarse en silencio.
Porque era verdad.
Había bebido.
Había perdido parte de los detalles.
Pero no todo.
Recordaba sus manos.
Su voz.
La lluvia.
El tatuaje.
Y aquella sensación de estar haciendo algo que no debía.
Alexa:
¿Por qué me buscas ahora?
El mensaje tardó más esta vez.
Número desconocido:
Porque quería saber si seguías siendo la misma chica.
Alexa soltó una risa incrédula.
Alexa:
¿Y?
Número desconocido:
Sigues siendo una chica mala.
Alexa abrió los ojos.
Alexa:
¿Perdón?
Número desconocido:
La misma que aquella noche.
Ella negó con la cabeza, aunque estaba sonriendo.
Alexa:
No sabes nada de mí.
Número desconocido:
Sé suficiente.
Alexa volvió a mirar el teléfono.
Por primera vez desde que había recibido el primer regalo, sintió algo distinto al miedo.
Curiosidad.
Una curiosidad peligrosa.
Alexa:
¿Y qué recuerdas exactamente?
El mensaje apareció después de unos segundos.
Número desconocido:
Tu sonrisa.
Otro.
Número desconocido:
Tus ojos.
Otro.
Número desconocido:
La forma en que intentabas parecer valiente.
Alexa dejó de sonreír.
Porque esa última frase la había tocado.
Era demasiado precisa.
Alexa:
¿Y tú?
Número desconocido:
¿Qué pasa conmigo?
Alexa:
¿Por qué desapareciste?
Esta vez la respuesta tardó bastante.
Número desconocido:
Porque aquella noche no debía ocurrir.
Alexa sintió un extraño vacío en el pecho.
Alexa:
Entonces ¿por qué volviste?
El indicador de escritura apareció.
Desapareció.
Volvió a aparecer.
Finalmente llegó el mensaje.
Número desconocido:
Porque ahora tampoco debería ocurrir.
Alexa se quedó inmóvil.
No sabía quién era.
No sabía cómo había conseguido su dirección.
No sabía cómo había descubierto cosas sobre ella.
Y tampoco entendía por qué, después de tantos meses, hablar con él se sentía tan natural.
Miró hacia la puerta.
Emma seguía en la habitación de al lado.
Su mejor amiga no sabía nada.
No sabía de las flores.
Ni de los regalos.
Ni de las fotografías.
Ni de aquel hombre.
Alexa bloqueó el teléfono.
Guardó el móvil debajo de la almohada.
Y se prometió que no volvería a responder.
Cinco minutos después, el teléfono vibró otra vez.
Alexa lo sacó.
Solo había una frase.
Número desconocido:
Buenas noches, chica mala.
Alexa sonrió sin querer.
Y ese fue precisamente el problema.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo