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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:27.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: El vals del invierno y la primavera

El gran salón de recepciones del Palacio de Valerius estaba irreconocible. Los pesados estandartes militares habían sido sutilmente apartados para dar paso a miles de velas que flotaban en el aire gracias a pequeños encantamientos del templo, reflejándose en el suelo de mármol pulido como un cielo estrellado. Sin embargo, ni siquiera la suntuosidad del banquete lograba disipar los murmullos de la aristocracia de la capital. La milagrosa resonancia mágica ocurrida en el altar no había apagado la soberbia de los nobles; al contrario, había encendido las alarmas de la envidia.

Alissa permanecía de pie junto a la mesa principal, sosteniendo una copa de néctar con los dedos ligeramente tensos. Agradecía infinitamente que su padre, el Conde Kalen, estuviera sentado a unos metros conversando pacíficamente con los clérigos, lo que le daba un respiro. Pero no estaba del todo sola. Pegado a su costado, manteniendo su impecable y rígida postura, el pequeño Theo no se había separado de ella desde que salieron del Templo.

Fue en ese momento de relativa calma cuando tres damas de la alta sociedad, lideradas por la joven condesa Irene de la capital —quien durante años había intentado captar la atención de Cédric—, se acercaron con paso felino y sonrisas ensayadas.

—Duquesa Alissa —pronunció Irene, arrastrando las palabras con una cortesía que goteaba veneno—. Qué ceremonia tan... sorprendente. En la capital no estamos acostumbrados a ver manifestaciones mágicas tan vulgares en un enlace sagrado. Pero supongo que en el sur, las bendiciones se manejan de forma más descontrolada.

Alissa sintió el golpe sutil, pero en lugar de bajar la mirada o titubear como solía hacerlo por timidez, recordó que ahora llevaba el apellido de la familia que protegía el imperio. Miró a Irene directamente a los ojos, manteniendo una sonrisa serena y dulce.

—La magia del Templo reacciona ante la verdad del alma, Condesa Irene —respondió Alissa con voz suave, pero con una claridad que hizo eco en el grupo—. Lamento si la intensidad de la bendición perturbó sus delicados modales de la capital, pero en el norte valoramos la fuerza de los lazos honestos por sobre las apariencias.

Irene abrió ligeramente la boca, descolocada por la digna respuesta de la "muchacha de provincia". Antes de que pudiera replicar, una pequeña pero firme voz infantil cortó el aire.

—Y mi nueva mamá tiene la luz más bonita de todo el Imperio —sentenció Theo, dando un paso al frente con el ceño fruncido y sus ojitos castaños fijos en las damas. Su tono era una réplica exacta de la severidad del duque—. Si no les gusta el palacio de mi padre, las puertas del carruaje real siguen abiertas para su regreso.

Las nobles palidecieron de golpe. Que el mismísimo heredero de Valerius, conocido por su absoluto silencio, saliera en defensa de Alissa de forma tan tajante era una bofetada directa. Irene hizo una reverencia atropellada y se retiró con su séquito, mascullando maldiciones entre dientes.

Alissa se agachó de inmediato, mirando a Theo con los ojos brillantes de pura ternura.

—Gracias, mi pequeño caballero —le susurró, acomodándole un mechón de cabello. Theo desvió la mirada, con las mejillas ligeramente coloradas por el arrebato, pero con una tímida sonrisa asomándose en sus labios.

—¡Bueno, bueno! Qué escena tan magnífica —la vibrante voz del príncipe Christopher interrumpió el momento. El heredero al trono apareció con una copa en la mano y una chispa de malicia en los ojos—. Alissa, querida, estás manejando a las víboras de la corte mejor que yo. Pero ya es suficiente diplomacia por hoy. El banquete está terminando y el protocolo exige que los duques abran la pista de baile.

Christopher se giró hacia el fondo del salón, donde Cédric conversaba con unos generales de la frontera, y alzó la voz lo suficiente para que todo el lugar lo escuchara.

—¡Duque Valerius! Su Majestad el Emperador no perdonará que su mejor general deje a su hermosa esposa esperando en la pista. ¡Es hora del vals de honor!

Toda la atención del salón se centró en Cédric. El duque contuvo un suspiro de fastidio dirigido a su amigo, pero no dudó. Caminó con paso firme y marcial hacia Alissa. Al verla allí, con el vestido blanco contrastando con la calidez de su piel, el corazón de Cédric volvió a dar ese vuelco extraño que había experimentado en el Templo.

Se detuvo frente a ella e inclinó el torso en una reverencia perfecta.

—¿Me concede este honor, Duquesa? —preguntó, ofreciéndole su mano enguantada.

Alissa sintió un escalofrío de anticipación. Colocó su mano sobre la de él.

—Será un placer, Excelencia —susurró.

Cédric la guio hacia el centro del salón. Los músicos del palacio comenzaron a tocar una melodía lenta y profunda, un vals clásico del norte que evocaba el movimiento del viento sobre las montañas.

Fue en ese instante cuando la distancia que habían mantenido durante días desapareció por completo. Cédric dio un paso al frente y colocó su mano firme y grande en la cintura de Alissa. La diferencia de tamaños era evidente; ella se sentía pequeña y delicada bajo su toque, mientras que él la sostenía con una seguridad abrumadora. Alissa, por su parte, apoyó su mano izquierda en el hombro del duque, sintiendo la dureza del músculo bajo el uniforme militar.

Al comenzar a girar, la tensión romántica en el aire se volvió casi palpable. Sus ojos se encontraron a escasos centímetros de distancia. El azul gélido de Cédric chocaba contra el dorado cálido de Alissa, creando una electricidad que ninguno de los dos sabía cómo controlar. La respiración de ella se aceleró al notar la fijeza con la que él la miraba, no como un deber, sino como un hombre atrapado por el magnetismo de su esposa.

—Bailas muy bien para detestar el protocolo, Lady Alissa —comentó Cédric en voz baja, su aliento rozando la frente de ella mientras se movían con una gracia perfecta.

—Aprendí para hacer feliz a mi padre —respondió ella, reuniendo valor para sostenerle la mirada—. Y ahora bailo para demostrarle a este ducado que no le tengo miedo a su señor.

Cédric soltó una risa baja, un sonido sordo que retumbó en su pecho y que Alissa sintió directamente contra su mano. El agarre del duque en su cintura se volvió sutilmente más firme, atrayéndola un centímetro más hacia él, desafiando las miradas de los nobles que los rodeaban.

—Me doy cuenta —admitió el duque, sus ojos suavizándose por completo—. Has alborotado mi palacio en menos de una semana, Alissa. Y parece que mi hijo ya te prefiere a ti antes que a mis órdenes.

—Solo le doy lo que le falta, Cédric —replicó ella, usando su nombre de pila por primera vez, lo que hizo que el duque ensanchara la mirada—. Y a ti también te vendría bien un poco de eso.

El vals terminó en un clímax de violines. Cédric la sostuvo un segundo más de lo estrictamente necesario antes de finalizar con una reverencia, sin apartar los ojos de ella. Los aplausos del salón resonaron, liderados por un Christopher sumamente complacido.

Antes de que pudieran dar un paso fuera de la pista, un pequeño tirón en el vestido de Alissa la hizo mirar hacia abajo. Theo estaba allí, de pie en medio de la enorme pista de baile, mirando a Alissa con una mezcla de timidez y una determinación digna de un Valerius.

—¿Madre...? —pronunció el niño, usando el título formal por primera vez, lo que provocó que a Alissa se le inundaran los ojos de emoción—. Sé que... sé que el protocolo dice que el duque abre el baile. Pero... ¿yo podría bailar con usted también?

Un murmullo de asombro recorrió a los nobles de la capital. El pequeño e inaccesible mini duque estaba pidiendo un baile en público.

Alissa no le importó en absoluto la etiqueta. Se arrodilló sobre el mármol, acomodando las faldas de su vestido de novia, y tomó las pequeñas manos de Theo entre las suyas con una sonrisa adoradora.

—Sería el mayor honor de mi vida, mi pequeño duque —dijo ella con la voz quebrada por la felicidad.

Cédric se hizo a un lado, cruzando los brazos. Mientras observaba a Alissa guiar al pequeño Theo en unos pasos torpes pero increíblemente tiernos en el centro del salón, el Gran Duque supo que el contrato ya no tenía valor. El invierno de Valerius no había sido derrotado por la fuerza, sino que se estaba rindiendo voluntariamente ante la luz de la mujer que ahora llamaba esposa.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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