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Nunca Dejaste De Ser Mía.

Nunca Dejaste De Ser Mía.

Status: En proceso
Genre:Dominación / Embarazada fugitiva / Amante arrepentido
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

#6

...Nadie te mirará como yo...

...****************...

Valeria salió de la oficina de Adrián con el corazón completamente desordenado.

El teléfono seguía dentro de la caja negra entre sus manos.

Pesaba demasiado.

No por el valor.

Sino por lo que significaba.

Control.

Atención.

Interés.

Obsesión.

Caminó rápidamente hacia su escritorio intentando ignorar el calor que seguía recorriéndole el cuerpo.

Gabriel levantó la vista apenas la vio regresar.

Y sus ojos bajaron inmediatamente hacia la caja.

—Oh, no.

Valeria dejó la caja sobre el escritorio.

—¿Qué?

—Dime que no es lo que creo.

Ella suspiró.

—Me regaló un teléfono.

Gabriel soltó una risa incrédula.

—Claro que sí.

—No le veo la gracia.

—Porque tú no entiendes lo grave que es.

Valeria frunció ligeramente el ceño.

—Solo está siendo amable.

Gabriel la observó como si acabara de decir algo absurdo.

—Adrián De Luca no es amable.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Incómodas.

Difíciles de ignorar.

Valeria bajó lentamente la mirada hacia la caja negra.

Parte de ella quería devolverla.

Otra parte…

otra parte seguía recordando la manera en que Adrián la había mirado mientras decía:

“Cuando algo me interesa… presto atención.”

Y eso le provocaba un peligroso cosquilleo en el pecho.

El resto de la mañana pasó lentamente.

Demasiado lentamente.

Valeria intentó concentrarse en el trabajo.

Pero era imposible.

Cada vez que levantaba la vista sentía los ojos de Adrián sobre ella.

Siempre.

Como si nunca dejara de observarla.

A veces él estaba hablando por teléfono.

O revisando documentos.

O caminando por el piso.

Y aun así encontraba la manera de mirarla.

Eso comenzaba a afectarla más de lo que quería admitir.

A las dos de la tarde, Gabriel se acercó a su escritorio.

—Voy por café. ¿Quieres algo?

—Sí, gracias.

—Perfecto. Ven conmigo antes de que pierdas completamente la cordura aquí arriba.

Valeria soltó una pequeña risa.

Y por primera vez en todo el día sintió algo parecido a normalidad.

Caminaron juntos hacia el ascensor mientras Gabriel hablaba sobre empleados, reuniones y rumores de la empresa.

Era fácil hablar con él.

Relajante.

Exactamente lo contrario a Adrián.

Cuando llegaron a la cafetería del edificio, Valeria finalmente logró respirar con tranquilidad.

—Necesitaba esto —admitió.

Gabriel sonrió.

—Todos lo necesitamos después de pasar demasiado tiempo cerca de Adrián.

Ella bajó la mirada hacia el café.

—¿Por qué todos hablan de él como si fuera peligroso?

Gabriel guardó silencio unos segundos.

—Porque lo es.

La respuesta fue inmediata.

Seria.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—¿Qué hizo?

Gabriel dudó.

—No puedo hablar mucho de eso.

—¿Por qué?

—Porque aquí todo llega a sus oídos.

Otra vez ese escalofrío.

Valeria intentó reír suavemente.

—Eso suena exagerado.

—No lo es.

Gabriel la observó fijamente.

—Escúchame bien, Valeria. Si Adrián se obsesiona con algo… no se detiene.

El corazón de ella dio un pequeño vuelco.

Antes de que pudiera responder, una voz masculina interrumpió detrás de ellos.

—Interesante conversación.

Valeria se tensó inmediatamente.

Adrián.

Estaba de pie a pocos metros de ellos.

Impecable como siempre.

Oscuro.

Intimidante.

Sus ojos se movieron lentamente entre Gabriel y Valeria.

Y algo frío apareció en su expresión.

Gabriel se puso de pie enseguida.

—Señor De Luca.

Adrián no respondió.

Seguía observando a Valeria.

—Te estaba buscando.

La voz grave sonó tranquila.

Pero había algo debajo.

Algo peligroso.

Valeria tragó saliva.

—Solo vine por café.

—Con Gabriel.

No era una pregunta.

Ella frunció levemente el ceño.

—Sí.

El silencio se volvió pesado.

Adrián caminó lentamente hacia ellos.

La tensión aumentó inmediatamente.

Gabriel parecía incómodo por primera vez desde que ella lo conocía.

Adrián se detuvo junto a la mesa.

Demasiado cerca de Valeria.

—Tenemos una reunión en quince minutos.

—Puedo subir ahora mismo.

—Lo harás.

La forma en que lo dijo hizo que Gabriel desviara la mirada discretamente.

Como si hubiera entendido algo incómodo.

Valeria comenzó a levantarse.

Pero Adrián habló otra vez.

—Gabriel.

—¿Sí, señor?

Los ojos oscuros de Adrián se clavaron sobre él.

Fríos.

Dominantes.

—No vuelvas a distraerla durante el horario laboral.

El silencio cayó de golpe.

Gabriel tensó ligeramente la mandíbula.

—Solo estábamos tomando café.

—No repetírmelo.

La presión en el ambiente se volvió insoportable.

Valeria abrió los ojos.

Porque aquello no había sonado como una corrección laboral.

Había sonado exactamente igual a celos.

Adrián volvió a mirarla inmediatamente después.

Y la dureza en su expresión desapareció apenas sus ojos se encontraron.

Eso fue peor.

Mucho peor.

Porque significaba que el problema no era Gabriel.

El problema…

era ella.

Adrián observó lentamente el rostro de Valeria antes de hablar con voz baja.

—Sube conmigo.

Y por primera vez desde que lo conoció…

Valeria sintió verdadero miedo de lo mucho que empezaba a afectarle ese hombre.

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