"La Emperatriz Renacida" narra el brutal regreso de Leticia, una huérfana de los barrios bajos convertida en déspota de la moda, quien reencarna como la humillada Adelfa Sterling en una novela rosa. Armada con una astucia letal, frialdad despiadada y tres hijos genios, Leticia desmantela a quienes la oprimieron en su vida pasada y presente, tejiendo una intriga de venganza y poder que reescribe el destino de los inocentes y los villanos por igual.
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7 Alianzas Peligrosas y Retornos Triunfales
La noche estaba cernida sobre Metrólis, una oscuridad cómplice que ocultaba secretos y tejía intrigas. En la opulencia sombría de su habitación, Leonel Díaz, con su cabello azabache y sus ojos de hielo, escuchaba las palabras de su sirviente.
—Mi señor —dijo el hombre, con una reverencia que denotaba miedo y respeto—, he descubierto todo. La mujer que estuvo con usted hace cinco años, la que dejó esa nota... era Adelfa Sterling.
Una sonrisa cruel y afilada se dibujó en los labios de Leonel.
—Así que Adelfa fue esa mujer… —murmuró, la voz cargada de una extraña mezcla de irritación y fascinación—. La que se atrevió a burlarse de mí, a profanar mi cuerpo con su descaro y luego a juzgarme con una misera nota. Muy bien. Ha llegado la hora de que aprenda quién es Leonel Díaz.
La orden fue concisa, despiadada: —Secuéstrala esta noche.
Mis sentidos, siempre alerta, percibieron el peligro antes de que se materializara. Camino a mi suite, en la cima de Metrólis, fui interceptada. Un grupo de hombres, silenciosos y eficientes, me redujo en cuestión de segundos, inyectándome un sedante suave pero eficaz. Desperté en un sótano, la humedad impregnando el aire, la oscuridad envolviéndome. Pero no sentí temor. Mi corazón de acero, forjado en mil batallas, no conocía la debilidad.
Entonces apareció él, Leonel Díaz, emergiendo de las sombras como un depredador acechando a su presa. Su figura alta y poderosa se recortaba contra la escasa luz, sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa.
—Hace cinco años te burlaste de mí —dijo, su voz profunda, una caricia helada—. Profanaste mi cuerpo con tu insolencia y me dejaste una nota, un insulto a mi virilidad. Hoy, finalmente, te tengo en mis manos. ¿Qué harás ahora, Emperatriz?
Una risa corta y despectiva escapó de mis labios. Él pensó que me tenía, pero yo siempre jugaba con un as bajo la manga. Había investigado todo, cada secreto, cada debilidad de mis enemigos. Conocer la novela me daba una gran ventaja.La madre de Leonel no estaba muerta; estaba secuestrada, escondida por su propio padre, el patriarca de los Díaz, para mantener a Leonel bajo su control.
—Mátame, Leonel —respondí, con una calma que lo descolocó—. Pero si lo haces, jamás sabrás dónde está tu madre.
Sus ojos se entrecerraron. El brillo depredador se intensificó. Me agarró del cuello con una fuerza que prometía estrangularme, pero mi mirada no flaqueó.
—¿Qué sabes? —siseó, su rostro peligrosamente cerca del mío—. ¡Dímelo ya!
—Lo sé todo —respondí, mi voz apenas un susurro, pero cargada de una convicción inquebrantable—. Pero no soy estúpida. Si hablo, me matarás. Y si me matas, perderás la única oportunidad de encontrarla. Además... —una sonrisa de femme fatale se dibujó en mis labios, llena de coqueteo y desafío—. ¿Quién dijo que tú eres el único cazador aquí, cariño? La verdad es que la cazadora soy yo. Este reloj, que parece una joya cualquiera, es digital. Todo lo que ha ocurrido aquí, cada palabra, cada gesto... está siendo grabado. Así que, si me matas, la información sobre tu madre jamás verá la luz, y tú perderás una pieza crucial en tu tablero de ajedrez.
Leonel me soltó, su mano aún temblaba levemente. Su risa, oscura y gutural, resonó en el sótano.
—Jajajajajaja... ¡Vaya! —dijo, la fascinación bailando en sus ojos—. Sí que eres astuta, Adelfa Letal, interesante. Te dejaré con vida, por ahora. Pero yo no olvido.
—Y yo tampoco, Leonel —repliqué, mirándolo fijamente, sin un atisbo de miedo—. Te aseguro que esta me la vas a pagar. Pero, ¿por qué no unimos fuerzas? Tu madre está en la hacienda del pueblo que tiene tu padre. El viejo vil la mantiene oculta. Cuando compruebes mi información, podrás venir a mí. Juntos, podemos destruir a Gabriel y a ese patriarca de los Díaz.
Sus ojos reflejaron un destello de interés.
—Si la información es correcta, tendremos un trato. Pero, ¿qué deseas a cambio?
Recordé la historia de la Adelfa original, cómo su madre había sufrido una humillación atroz. Mi padre y mi madrastra habían contratado a tres hombres para que la desnudaran en público, destruyendo su reputación, dejándola quebrada, sumida en la culpa y pisoteada por mi padre. Mi venganza sería por ella.
—Quiero que me ayudes a encontrar a esos tres hombres —dije, mi voz gélida, cargada de una sed de justicia—. Los que destruyeron la reputación de mi madre. Quiero hacerlos pagar por cada lágrima, cada humillación.
—Muy bien —aceptó Leonel, su rostro impasible, pero sus ojos brillaban con una promesa de crueldad—. Te cumpliré la petición.
Uno de los hombres de Leonel me escoltó de regreso a mi suite. La noche había terminado, pero una nueva alianza se había forjado, una alianza peligrosa, tejida con hilos de venganza y ambición. En camino decidí ocultar a mis hijos y no dejar que Leonel sepa de sus existencias.
porfis no te olvides de actualizar, gracias y perdona el abuso y fastidio.
un abrazo 🤗
solo que le cambiaron el nombre😬🫣🤔🤔