Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 7: La espada contra la envidia
El cielo sobre el santuario continuaba deformándose.
Fragmentos de oscuridad y luz chocaban entre sí mientras la presión mágica de ambas mujeres hacía temblar el bosque entero.
Las barreras protectoras creadas por Liz comenzaban a agrietarse lentamente.
Y aun así…
Anastasia Artea del Alba no retrocedió ni un solo paso.
Su espada seguía brillando con una intensidad monstruosa.
La tierra alrededor de ella estaba destruida únicamente por permanecer de pie.
Alicia observó en silencio aquella luz divina.
Entonces Anastasia habló.
—Para tu información…
Su voz fue firme.
Absoluta.
—Mi hijo ya nació.
El viento explotó alrededor de la Espada Santa.
Cecilia abrió ligeramente los ojos sorprendida.
La mujer de cabello plateado levantó lentamente su espada apuntando directamente hacia Alicia.
—Así que sí.
Sus ojos azules brillaban llenos de convicción.
—Lo hago por él.
La presión divina aumentó brutalmente.
Los cultistas comenzaron a retroceder aterrados.
Incluso algunos salieron corriendo.
—Lo hago por mi familia. Por esta gente. Por todos.
La capa blanca y roja de Anastasia se movía violentamente detrás de ella.
Como la bandera de una guerra inevitable.
—Protejo a todos.
Alicia permaneció inmóvil observándola.
Sin expresión.
Sin miedo.
Pero Anastasia dio otro paso adelante.
Y el bosque entero tembló.
—Y no dejaré que nos mates.
La espada emitió un rugido metálico aterrador.
Como si estuviera respondiendo a la voluntad de su portadora.
Entonces Anastasia pronunció aquellas palabras.
Frías.
Directas.
—Morirás aquí.
El silencio cubrió el santuario apenas unos segundos.
Y entonces…
Alicia comenzó a reír suavemente.
No era una risa burlona.
Era vacía.
Cansada.
Como alguien que había escuchado esas palabras demasiadas veces.
—Qué cruel…
Las sombras alrededor de la Maga Oscura comenzaron a extenderse lentamente.
—Las personas siempre dicen que protegen a todos…
Su voz sonaba tranquila.
Pero el aire alrededor de ella comenzaba a romperse.
Literalmente.
—Hasta que llega el momento de elegir a quién abandonar.
Los ojos de Anastasia se endurecieron.
—No proyectes tus errores sobre mí.
Por primera vez…
la expresión de Alicia cambió apenas un instante.
Dolor.
Muy pequeño.
Casi invisible.
Pero real.
Entonces las sombras explotaron violentamente.
Miles de manos oscuras surgieron alrededor del bosque destruyendo árboles completos.
Los elfos gritaron aterrados.
La madre de Cecilia creó enormes muros de hielo intentando contener el avance de la oscuridad.
El padre de Cecilia protegía desesperadamente a varios aldeanos.
—¡Retrocedan!
Pero entonces…
Anastasia desapareció.
BOOM.
El sonido destruyó parte del suelo.
La Espada Santa apareció frente a Alicia en un instante.
Su espada descendió con una velocidad monstruosa.
Y el mundo se partió.
La explosión iluminó todo el santuario.
Las sombras chocaron contra la hoja divina provocando una onda expansiva gigantesca.
Varios árboles salieron volando.
El lago explotó en enormes columnas de agua.
Cecilia cayó al suelo aterrada mientras cubría sus oídos.
Aquello no parecía una pelea humana.
Parecía un desastre natural.
Anastasia continuó atacando sin detenerse.
Cada golpe destruía el terreno.
Cada movimiento hacía temblar el bosque.
Pero Alicia…
sonreía.
Sus sombras bloqueaban cada ataque mientras el espacio alrededor de ambas comenzaba a distorsionarse.
—Increíble…
La Maga Oscura inclinó ligeramente la cabeza.
—Ahora entiendo por qué esa espada te eligió.
Anastasia respondió inmediatamente con otro golpe monstruoso.
—Y yo entiendo por qué el mundo te teme.
La explosión siguiente fue todavía peor.
Una grieta gigantesca atravesó parte del santuario.
Y entonces…
Cecilia vio algo que jamás olvidaría.
Por un instante…
las sombras detrás de Alicia tomaron forma humana.
Como personas atrapadas dentro de la oscuridad.
Gritando.
Llorando.
Extendiendo las manos desesperadamente.
La niña quedó congelada del miedo.
Y Alicia…
simplemente siguió peleando mientras aquellas voces susurraban detrás de ella.
Capítulo 7
La espada contra la envidia — Parte 2
El santuario estaba colapsando.
Las llamas iluminaban la noche mientras fragmentos de hielo y oscuridad destruían el bosque alrededor del lago.
La batalla ya había superado cualquier cosa que los habitantes del pueblo pudieran comprender.
Cecilia apenas podía respirar.
El suelo temblaba constantemente bajo sus pies.
Y en medio de todo aquello…
Anastasia volvió a lanzarse al ataque.
La Espada Santa avanzó como un relámpago blanco atravesando las sombras.
Su capa roja y blanca se agitó violentamente detrás de ella mientras levantaba la espada con ambas manos.
La hoja divina brilló con una intensidad monstruosa.
—¡HAAAH!
El golpe descendió.
Y el aire explotó.
Una enorme onda dorada atravesó el bosque partiendo árboles enteros en dos mientras destruía las sombras que rodeaban a Alicia.
El impacto iluminó toda la noche.
Pero al mismo tiempo…
la madre de Cecilia levantó ambas manos.
—¡Congelación absoluta!
Miles de fragmentos de hielo aparecieron instantáneamente alrededor del santuario.
La temperatura cayó brutalmente.
Las llamas comenzaron a apagarse. El suelo se congeló. Y enormes pilares de hielo surgieron desde abajo intentando inmovilizar a Alicia.
Por primera vez…
las dos mujeres atacaban juntas.
Alicia observó el ataque combinado en silencio.
Entonces las sombras detrás de ella comenzaron a deformarse violentamente.
BOOM.
La espada de Anastasia chocó directamente contra una barrera oscura.
El impacto destruyó parte del terreno.
Al mismo tiempo…
el hielo envolvió completamente el cuerpo de Alicia.
Una gigantesca prisión congelada apareció en medio del santuario.
Los aldeanos abrieron los ojos llenos de esperanza.
—¡La atraparon!
—¡Funcionó!
Pero Anastasia no bajó la espada.
Sus ojos azules seguían completamente serios.
—No…
El hielo comenzó a agrietarse.
Una oscuridad monstruosa se filtró lentamente entre las grietas.
La madre de Cecilia apretó los dientes.
—Tan rápido…
CRACK.
La prisión explotó.
Las sombras se expandieron violentamente destruyendo los pilares de hielo.
Alicia salió caminando lentamente entre la oscuridad como si el ataque jamás hubiera ocurrido.
Pero entonces…
una pequeña línea de sangre apareció sobre su mejilla.
El santuario entero quedó en silencio.
Porque la habían herido.
Y eso parecía imposible.
Anastasia observó la sangre sin cambiar su expresión.
—Así que puedes sangrar.
Alicia tocó lentamente su mejilla.
Miró la sangre sobre sus dedos unos segundos.
Y entonces…
sonrió.
Pero esta vez…
la sonrisa era distinta.
Más peligrosa.
Más emocional.
—Han pasado años desde la última vez…
Las sombras alrededor de ella comenzaron a perder control.
El bosque entero crujió violentamente.
La presión mágica aumentó tanto que varios elfos cayeron al suelo incapaces de respirar.
Cecilia sintió lágrimas bajar por su rostro sin entender por qué.
Su cuerpo reaccionaba instintivamente al miedo.
Alicia levantó lentamente la mirada hacia Anastasia.
Sus ojos amatista parecían brillar dentro de la oscuridad absoluta.
—Tal vez sí seas digna de esa espada.
Entonces desapareció.
Anastasia reaccionó inmediatamente.
CLANG.
La espada divina bloqueó un ataque oscuro apenas unos centímetros frente a su rostro.
La explosión resultante destruyó varias casas cercanas.
Ambas comenzaron a intercambiar golpes a velocidades imposibles.
Luz blanca.
Oscuridad.
Hielo.
Explosiones.
Cada choque hacía temblar el santuario entero.
Mientras tanto…
la madre de Cecilia continuaba usando magia intentando proteger a los aldeanos.
Sus manos temblaban por el esfuerzo.
Pero seguía creando barreras de hielo una y otra vez.
—¡Corran hacia el lago!
El padre de Cecilia ayudaba desesperadamente a evacuar niños heridos.
Pero entonces…
Cecilia vio algo horrible.
Una sombra comenzó a avanzar lentamente detrás de su madre.
La niña abrió enormemente los ojos.
—¡MAMÁ!
La mujer volteó demasiado tarde.
Una criatura oscura surgió violentamente intentando atravesarla.
Pero antes de alcanzarla…
una espada plateada cortó la sombra en dos.
Anastasia aterrizó frente a ella.
—Mantente concentrada.
La madre de Cecilia respiraba agitadamente.
—Gracias…
Pero Alicia observó aquella escena en silencio.
Y por primera vez…
sus ojos se detuvieron directamente sobre Cecilia.
La niña sintió el corazón congelarse.
Porque aquella mirada…
no estaba llena de odio.
Ni de ira.
Era algo peor.
Reconocimiento.