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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Reglas que no pienso seguir

El problema no era el reglamento.

Era que alguien lo había escrito con absoluta intención de arruinarle la vida.

—Toque de queda a las diez —leyó Allegra en voz alta, tirada boca arriba en la cama—. Diez, Maeve. Ni siquiera en primaria.

Maeve, sentada en el escritorio con un libro abierto que claramente no estaba leyendo, levantó la vista.

—Aquí lo cumplen.

—Aquí lo sufren.

—Aquí no quieres meterte en más problemas.

Allegra giró la cabeza hacia ella.

—Eso suena como un reto.

—No lo es.

—Lo parece.

Maeve cerró el libro con un golpe suave.

—Allegra.

—Maeve.

—No hagas nada.

—Demasiado tarde.

—¿Qué significa eso?

Allegra se incorporó con una sonrisa peligrosa.

—Significa que necesito aire.

—Hay aire durante el día.

—No es el mismo.

—Es literalmente el mismo.

—No arruines mi argumento con lógica.

Maeve la miró, procesando.

—¿Quieres salir?

—Quiero comprobar si este lugar es tan rígido como parece.

—Spoiler: sí lo es.

—Entonces será divertido.

Maeve se levantó.

—No voy a ir.

—No te lo estaba pidiendo.

—Pero te estoy diciendo que no vayas.

Allegra se puso de pie, tomando su abrigo.

—Anotado.

—Allegra—

—Relájate. Solo será un paseo.

—Eso nunca es “solo un paseo” contigo.

Allegra se acercó a la puerta.

—Confía en mí.

Maeve cruzó los brazos.

—Ese es exactamente el problema.

Allegra le guiñó un ojo.

—Vuelvo en veinte minutos.

—No vas a volver en veinte minutos.

—Veinticinco.

Y salió.

El pasillo estaba en silencio.

No ese silencio incómodo.

Ese silencio vigilante.

Allegra caminó con paso ligero, evitando hacer ruido, aunque no estaba muy segura de por qué. No era como si estuviera cometiendo un crimen grave.

Bueno.

Técnicamente sí.

Pero uno elegante.

Bajó las escaleras, cruzó el vestíbulo y llegó a la puerta principal.

Cerrada.

Por supuesto.

—Bien jugado —murmuró.

Se giró, evaluando opciones.

Ventanas.

Pasillos laterales.

Puertas secundarias.

—Tiene que haber una salida.

—La hay.

Allegra se quedó inmóvil un segundo.

Esa voz.

Giró lentamente.

Rowan.

Apoyado contra la pared, como si llevara ahí desde siempre.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó ella.

—No.

—Qué decepción.

—Te escuché bajar.

—Entonces sí me estabas prestando atención.

—Eso no es lo mismo.

Allegra cruzó los brazos.

—¿Vas a detenerme?

Rowan negó con la cabeza.

—No es mi problema.

—Entonces no estorbes.

—No lo hago.

Silencio.

Allegra lo miró.

—¿Dónde está la salida?

Rowan señaló un pasillo lateral.

—Puerta trasera.

—Gracias.

—Está cerrada.

—Eso no ayuda.

—Nunca dije que lo haría.

Allegra sonrió.

—Me gusta que seas consistente.

Caminó hacia el pasillo.

Rowan la siguió.

—¿Siempre haces esto? —preguntó él.

—¿Esto qué?

—Ignorar reglas.

—No las ignoro.

—¿Ah, no?

—Las evalúo… y luego las ignoro.

Rowan soltó una breve risa.

—Honesto.

—Siempre.

Llegaron a la puerta trasera.

Allegra probó la manija.

Cerrada.

—Qué sorpresa.

Rowan se acercó, sacando algo del bolsillo.

—Muévete.

Allegra lo miró.

—¿Qué es eso?

—Una solución.

—Eso suena ilegal.

—Un poco.

Allegra sonrió.

—Perfecto.

Rowan manipuló la cerradura con rapidez.

Click.

La puerta se abrió.

Allegra lo miró, genuinamente sorprendida.

—Estoy impresionada.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

El aire frío entró de golpe.

Más intenso que de día.

Más vivo.

Allegra dio un paso afuera.

—Vale la pena.

Rowan salió detrás de ella.

—No tanto.

—Habla por ti.

Caminaron unos metros en silencio.

El suelo crujía bajo sus pies. La niebla seguía ahí, pero menos densa.

—¿Por qué viniste? —preguntó Allegra.

—No vine por ti.

—Entonces fue coincidencia.

—Si eso te hace sentir mejor.

—No lo hace.

—Entonces no importa.

Allegra lo miró de reojo.

—Eres complicado.

—No.

—Sí.

—No.

—Definitivamente sí.

Rowan no respondió.

Siguieron caminando.

—¿Siempre te sales de noche? —preguntó ella.

—A veces.

—¿Y no te atrapan?

—A veces.

—¿Y?

—A veces vale la pena.

Allegra sonrió.

—Me agradas más de lo que debería.

—Eso es un error.

—Probablemente.

Se detuvieron cerca de una reja baja que daba a una vista abierta de las montañas.

Por primera vez, Allegra se quedó quieta sin necesidad de moverse.

—Es bonito —dijo.

—Sí.

Silencio.

Real.

No incómodo.

No tenso.

Solo… silencio.

—¿Sabes qué es lo peor de este lugar? —preguntó Allegra.

—¿Qué?

—Que te obliga a pensar.

Rowan la miró.

—Eso no suena terrible.

—Lo es cuando has pasado años evitando hacerlo.

Él no respondió.

—Allá —continuó ella, señalando vagamente— todo es fácil. Ruido, gente, cosas… no hay espacio para esto.

—¿Esto?

—Esto —repitió, haciendo un gesto al silencio.

Rowan apoyó los codos en la reja.

—Aquí no puedes evitarlo.

—Lo estoy intentando.

—No lo estás haciendo muy bien.

Allegra soltó una pequeña risa.

—Gracias por el apoyo.

—No es apoyo.

—Lo sé.

Silencio otra vez.

Pero esta vez… más profundo.

Más real.

—¿Te vas a quedar? —preguntó Rowan de pronto.

Allegra lo miró.

—¿Aquí?

—Sí.

Ella dudó.

Un segundo.

Dos.

—No lo sé.

Era la primera vez que no tenía una respuesta clara.

Y eso… se notó.

Rowan asintió levemente.

—Eso ya es algo.

Allegra lo observó.

—No me analices.

—No lo hago.

—Lo estás haciendo.

—No.

—Sí.

—No.

Ella sonrió.

—Eres imposible.

—Y tú no sigues reglas.

—Touché.

Un ruido interrumpió el momento.

Pasos.

Lejanos.

Pero acercándose.

Allegra se tensó.

—Eso no suena bien.

—No lo es —dijo Rowan.

—¿Guardia?

—Peor.

—¿Peor que eso?

—Thornbridge.

Allegra soltó una risa incrédula.

—Claro que sí.

—Tenemos que volver.

—¿Correr?

—Correr.

Allegra no dudó.

—Me encanta cuando las decisiones son fáciles.

Corrieron.

El aire frío cortando la piel, el sonido de pasos detrás, la adrenalina subiendo.

Risa.

Sí.

Risa.

—¡Esto es culpa tuya! —dijo Allegra entre risas.

—Tú querías salir —respondió Rowan.

—Pero tú abriste la puerta.

—Detalles.

Llegaron a la entrada trasera.

Rowan abrió rápido.

Ambos entraron.

Cerraron.

Silencio.

Pasos afuera.

Luego… nada.

Allegra se apoyó contra la pared, respirando agitada.

—Vale —dijo—. Eso estuvo bien.

Rowan la miró.

—Un poco.

—Un poco divertido.

—Un poco estúpido.

—Ambas.

Silencio.

Pero esta vez… con una sonrisa.

—Veinticinco minutos —murmuró Allegra.

—¿Qué?

—Le dije a Maeve que volvería en veinticinco.

Rowan miró el reloj.

—Han pasado cuarenta.

Allegra sonrió.

—Casi.

Se giró para irse.

—Oye —dijo Rowan.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

Él dudó un segundo.

Muy breve.

—Ten cuidado.

Allegra lo miró.

Sostuvo su mirada.

—Siempre.

Pero esta vez…

no sonó completamente cierto.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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