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Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Época / Romance
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Fachis Reyes

En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.

Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.

NovelToon tiene autorización de Fachis Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entrenamiento de agua control

Pasaron dos días desde que se envió aquella carta y el amanecer en el Templo Aire encontró a Sereya de pie antes que el sol.

No porque quisiera.

Sino porque Katara decidió que “la disciplina comienza con el alba”.

—…odio el alba —murmuró entre dientes, arrastrando los pies por el pasillo mientras bostezaba.

Una voz firme la recibió antes de que pudiera quejarse más.

—Si tienes energía para hablar, tienes energía para entrenar.

Sereya levantó la vista lentamente.

Ahí estaba Katara, de pie con los brazos cruzados, completamente despierta, lista… e intimidante.

—Buenos días —respondió Sereya, sin entusiasmo—. Supongo.

Katara no sonrió.

—Llegas tarde.

Sereya parpadeó.

—¿Cómo que tarde? ¡Si el sol ni siquiera ha terminado de salir!

—Exacto —replicó Katara—. Ya deberías estar calentando.

Sereya suspiró profundamente.

—Ok… definitivamente esto es karma por haber dicho que quería aprender agua control.

Katara comenzó a caminar hacia una de las plataformas abiertas del templo.

—Muévete.

Sereya la siguió, todavía medio dormida.

El aire era fresco, y el cielo estaba pintado con tonos anaranjados y dorados. Desde la plataforma, podía verse el océano extendiéndose en calma, reflejando la luz del amanecer.

Era hermoso.

Pero Sereya no estaba de humor para apreciarlo.

—¿Siempre eres así en la mañana? —preguntó mientras se estiraba torpemente.

Katara se detuvo.

—¿Así cómo?

—Como… intensa.

Katara la miró sin expresión.

—Sí.

—Perfecto —murmuró Sereya—. Me tocó la entrenadora más amable del mundo.

Katara ignoró el comentario.

—Primero: postura.

Sereya se enderezó.

—Segundo: respiración.

—Estoy respirando.

—No correctamente.

Sereya cerró los ojos un segundo.

—Ok… respira como maestra agua… respira como maestra agua…

Katara dio un pequeño asentimiento.

—Ahora, conecta con el agua.

Sereya miró el canal que corría junto a la plataforma.

Respiró hondo.

Extendió las manos.

El agua respondió.

Se alzó lentamente, formando una corriente suave que giró alrededor de sus brazos.

—Bien —dijo Katara.

Sereya sonrió levemente.

—Gracias.

—Pero estás usando demasiada fuerza.

La corriente se desestabilizó.

—…y ya lo arruiné.

El agua cayó con un chapoteo.

Katara suspiró.

—Otra vez.

Sereya hizo una mueca.

—¿Cuántas veces?

—Hasta que lo hagas bien.

—…eso no responde mi pregunta.

Katara alzó una ceja.

—Otra vez.

Y así comenzó.

Durante horas.

Movimientos.

Respiración.

Control.

Error.

Corrección.

Repetición.

—¡Ah! —exclamó Sereya cuando el agua se le fue de control y la empapó por completo.

Katara no reaccionó.

—Concéntrate.

Sereya se escurrió el agua del cabello.

—Estoy concentrada… en no morir congelada por estar mojada.

Katara casi sonrió.

Casi.

—Otra vez.

—Katara, en serio, creo que ya soy oficialmente parte del océano.

—Otra vez.

—Esto ya es abuso.

Pero lo hizo.

Una y otra vez.

Y aunque se quejaba… estaba mejorando.

Poco a poco.

Sus movimientos se volvían más fluidos.

Más precisos.

Más naturales.

—Eso —dijo Katara finalmente—. ¿Lo sientes?

Sereya asintió.

—Sí… es como si el agua… me escuchara.

Katara la observó con atención.

—Exacto.

Hubo un momento de silencio.

Luego, Katara cambió de tono.

—Ahora vamos a intentar algo diferente.

Sereya parpadeó.

—¿Más difícil?

—Más importante.

Sereya frunció el ceño.

—Ok… eso suena peor.

Katara se acercó.

—Extiende tus manos.

Sereya obedeció.

Katara tomó una pequeña cantidad de agua y la colocó entre ambas.

—La sanación no es fuerza —explicó—. Es conexión.

Sereya la miró.

—¿Sanación?

Katara asintió.

—No todos los maestros agua pueden hacerlo.

Sereya sintió un pequeño nerviosismo.

—Genial… otra cosa en la que puedo fallar.

—Concéntrate.

Sereya cerró los ojos.

Respiró.

Sintió el agua.

Su temperatura.

Su movimiento.

Su energía.

Y entonces…

Algo cambió.

El agua brilló.

Suavemente.

Como si una luz interna despertara.

Katara abrió ligeramente los ojos.

—…interesante.

Sereya también lo notó.

—¿Qué…?

El brillo se intensificó.

Era tenue, pero claro.

Dorado.

Cálido.

—¿Eso… es normal?

Katara no respondió de inmediato.

Observó el agua con atención.

—No… exactamente.

Sereya abrió los ojos por completo.

—¿Lo hice mal?

—No —dijo Katara—. Lo hiciste… diferente.

Sereya tragó saliva.

—Eso no suena tranquilizador.

Katara dio un pequeño paso atrás.

—Inténtalo otra vez.

Sereya repitió el proceso.

Y el agua volvió a brillar.

Más fuerte esta vez.

Más clara.

Más viva.

Katara cruzó los brazos, pensativa.

—Tienes afinidad con la sanación.

Sereya parpadeó.

—¿En serio?

—Sí… pero esto…

Miró el brillo.

—Esto es algo más.

Sereya bajó la mirada al agua.

—¿Algo más… bueno o malo?

Katara no respondió directamente.

—Eso lo descubriremos.

Sereya soltó una pequeña risa nerviosa.

—Perfecto. Nada como un misterio adicional en mi vida.

Katara la miró.

—No te emociones demasiado.

—No lo estoy.

—Todavía no sabes controlarlo.

—Ah, ahí está el golpe de realidad.

Katara giró.

—Descansa cinco minutos.

Sereya se dejó caer en el suelo.

—Gracias, espíritu del agua.

Katara la observó desde lejos.

Y por un segundo…

Sonrió.

El entrenamiento continuó durante dos días.

Dos días de esfuerzo.

De caídas.

De agua en la cara.

De comentarios sarcásticos.

—¡Katara! ¡Creo que ya me ahogué tres veces!

—Sigues respirando.

—¡Eso no es consuelo!

Pero también…

De avances.

—Eso fue mejor.

—¿En serio?

—Sí.

—¡Sí!

Y momentos inesperados.

Como cuando Sereya intentó hacer una esfera de agua elegante… y terminó lanzándosela a sí misma en la cara.

—…

—…

Katara parpadeó.

Sereya escupió agua.

—Lo hice a propósito.

Katara cruzó los brazos.

—Claro.

—Para probar… la gravedad.

—Otra vez.

—Sí, maestra.

O cuando resbaló en su propia agua y cayó sentada.

—¡Esto es un ataque personal!

—Es falta de equilibrio.

—¡Es traición líquida!

Katara negó con la cabeza.

Pero en el fondo…

Algo en Sereya le resultaba… agradable.

Pero Katara no bajó la guardia.

No todavía.

Al final del segundo día, Sereya estaba completamente agotada.

Pero feliz.

—Creo que ya puedo decir que no soy un desastre total —murmuró, dejando caer su cuerpo en la plataforma.

Katara se acercó.

—No eres un desastre.

Sereya levantó la mirada.

—¿Eso fue un cumplido?

—Fue un hecho.

Sereya sonrió.

—Lo tomaré como un cumplido de todas maneras.

Katara miró el agua.

—Tienes potencial.

Sereya se quedó en silencio un momento.

—Gracias.

Luego añadió, con una pequeña sonrisa:

—Aunque sigas vigilándome.

Katara no lo negó.

—Eso no ha cambiado todavía.

Sereya suspiró.

—Lo sé.

Pero no le molestaba tanto como antes.

Sereya cerró los ojos un momento, sintiendo el viento.

El agua.

La energía.

La sanación.

—Estoy aprendiendo… —susurró.

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