Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Templo 1
Cuando las torres del templo finalmente aparecieron en el horizonte, Grace sintió que el aire abandonaba lentamente sus pulmones.
Había llegado.
El carruaje avanzó por el camino empedrado mientras ella observaba el lugar que sería su hogar durante un tiempo indefinido.
El Gran Templo era incluso más imponente de lo que imaginaba.
Se alzaba sobre una colina cercana a la capital del reino.
Construido con piedra blanca que parecía brillar bajo la luz del sol.
Sus altas torres se elevaban hacia el cielo, adornadas con vitrales que reflejaban tonos dorados y azulados.
Numerosas escalinatas conducían a la entrada principal.
Estatuas de antiguas magas y magos de luz vigilaban los jardines.
Fuentes alimentadas por magia emitían un suave resplandor.
Todo transmitía solemnidad.
Paz.
Y una inmensa sensación de antigüedad.
Grace descendió del carruaje con una mezcla de emociones difíciles de describir.
Tristeza.
Miedo.
Determinación.
Nostalgia.
Y una silenciosa resignación.
[Ya llegué.]
El cochero descargó sus pertenencias mientras ella subía lentamente los escalones del templo.
Había jóvenes de distintas edades llegando desde diversos territorios del reino.
Algunos parecían emocionados.
Otros nerviosos.
Algunos conversaban animadamente con sus familias.
Otros, como Grace, habían llegado prácticamente solos.
En la recepción principal, una maga de avanzada edad la recibió con una sonrisa amable.
—Bienvenida al Gran Templo.
Grace realizó una pequeña reverencia.
—Grace Gartner.
La mujer revisó varios documentos antes de asentir.
—Lady Grace Gartner, hija del conde Gartner. Su llegada estaba prevista.
Aquellas palabras hicieron que una pequeña punzada atravesara su pecho.
Su llegada había estado prevista desde hacía años.
Mucho antes de que ella despertara en este mundo.
Mucho antes de Aaron.
Mucho antes de cuestionar su destino.
La maga continuó hablando.
—Necesitaremos registrar oficialmente su ingreso.
Grace asintió.
Siguió cada indicación con tranquilidad.
Firmó documentos.
Recibió explicaciones sobre las normas del templo.
Horarios.
Responsabilidades.
Reglas de convivencia.
Finalmente, una joven maga le entregó una pequeña llave de plata.
—Esta será su habitación provisional.
Grace la observó unos segundos antes de recibirla.
La llave era sencilla.
Sin adornos.
Pero extrañamente pesada.
Como si simbolizara mucho más que una simple habitación.
[Entonces realmente comenzó.]
Antes de asignarla definitivamente, uno de los magos encargados realizó una evaluación preliminar.
—Necesitaremos verificar su afinidad mágica.
Grace asintió.
Ya esperaba aquello.
El hombre la condujo hacia una pequeña sala iluminada por cristales mágicos.
—Por favor.
Muéstrenos su magia.
Grace tomó aire lentamente.
Cerró los ojos.
Y levantó una mano.
La sensación era familiar.
El maná fluyó suavemente a través de su cuerpo.
Cálido.
Luminoso.
Sin esfuerzo.
Con un elegante movimiento de dedos, pequeñas partículas doradas comenzaron a aparecer a su alrededor.
La luz se reunió sobre la palma de su mano.
Pura.
Brillante.
Serena.
La estancia quedó iluminada por un suave resplandor dorado.
Los presentes guardaron silencio.
Uno de los magos levantó ligeramente las cejas.
La maga sonrió con discreta aprobación.
Grace abrió lentamente los ojos.
Y la luz desapareció.
—Excelente control —comentó uno de ellos.
—Tal como esperábamos de una Gartner.
Otro tomó algunas notas.
—Su afinidad con la luz es notable.
Grace bajó la mano.
No sintió orgullo.
Ni satisfacción.
Solo una tranquila aceptación.
Después de todo, aquella magia había marcado su destino desde antes de que pudiera comprenderlo.
La maga le devolvió una amable sonrisa.
—Por hoy es suficiente.
Grace inclinó la cabeza.
—Gracias.
—Descanse.
—Mañana será el ingreso formal.
—Los magos encargados revisarán su nivel con mayor profundidad.
—Solo entonces quedará admitida oficialmente como aprendiz del templo.
Grace apretó suavemente la pequeña llave entre sus dedos.
—Lo entiendo.
La joven maga la condujo finalmente hasta el dormitorio asignado.
Era sencillo.
Mucho más modesto que cualquier habitación de la mansión Gartner.
Una cama individual.
Un escritorio.
Un armario pequeño.
Una ventana desde donde podía verse parte de los jardines del templo.
Nada más.
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, el silencio la envolvió completamente.
Grace dejó sus pocas pertenencias sobre la cama.
Y permaneció de pie en medio de la habitación.
Sola.
Había llegado.
No había más viajes.
No más excusas.
No más retrasos.
La playa había quedado atrás.
La cabaña había quedado atrás.
La nieve del norte.
Su familia.
Aaron.
Todo parecía pertenecer a otra vida.
Se sentó lentamente sobre la cama.
Y observó la llave que aún sostenía.
Una lágrima silenciosa descendió por su mejilla.
No porque se arrepintiera.
Sino porque había elegido.
Había elegido a su familia.
Había elegido proteger aquello que amaba.
Incluso si le dolía.
Grace secó sus lágrimas con suavidad.
Luego miró la luz del atardecer entrando por la ventana.
Y sonrió débilmente.
Mañana comenzaría oficialmente su vida en el templo.
Mañana sería evaluada.
Mañana se convertiría, al fin, en una verdadera aprendiz de la luz.
Sin embargo, en algún lugar de su corazón, una pequeña parte seguía preguntándose si un heredero demasiado insistente aceptaría tan fácilmente aquella despedida.
Esa tarde, cuando el sol comenzó a ocultarse detrás de las altas torres del templo, Grace descubrió que no tenía hambre.
Una joven maga había pasado por las habitaciones para avisar que la cena estaba lista en el comedor principal.
Ella agradeció con educación.
—No tengo mucho apetito.
—¿Está segura? —preguntó la muchacha con amabilidad—. Mañana será un día largo.
Grace sonrió suavemente.
—Lo sé. Comeré algo más tarde si lo necesito.
La maga asintió antes de retirarse.
Y la habitación volvió a quedar en silencio.
Grace se dejó caer sobre la cama.
El colchón era más firme que el de la mansión Gartner.
Las mantas eran sencillas.
No había lujos.
No había chimenea.
No había ruido.
Solo el murmullo lejano del templo y el sonido ocasional de pasos en los pasillos.
Se cubrió los ojos con un brazo.
Intentando descansar.
Intentando dormir.
Intentando no pensar.
Pero era imposible.
Porque apenas cerraba los ojos, él aparecía.
Aaron riéndose en la terraza nevada.
Aaron fingiendo ofenderse cuando ella lo llamaba mujeriego.
Aaron diciendo que la convencería de abandonar el templo.
Aaron esperando en mitad del camino.
Aaron sonriendo mientras afirmaba que valía la pena perseguirla por todo el reino.
Y finalmente...
Aaron dormido en aquella pequeña cabaña.
Ajeno a la despedida.
Grace sintió un nudo en la garganta.
Giró sobre la cama para mirar hacia la ventana.
[Deja de pensar en él.]
Se reprendió.
[Tomaste una decisión.]
Había elegido.
Lo había hecho conscientemente.
Y aún creía que era la decisión correcta.
Si algo hubiera sucedido a Grant o a Grayson porque ella decidió marcharse, jamás habría podido vivir en paz.
Lo sabía.
Lo aceptaba.
Entonces, ¿por qué dolía tanto?
Se incorporó lentamente.
Miró la pequeña habitación que ahora le pertenecía.
El escritorio vacío.
El armario.
La llave que descansaba sobre la mesa.
Todo aquello representaba el futuro que había aceptado.
Y aun así...
Se llevó una mano a los labios.
Recordando.
La manera en que Aaron siempre conseguía hacerla reír.
La facilidad con la que transformaba momentos tensos en algo ligero.
La sinceridad inesperada detrás de sus bromas.
Y cómo, poco a poco, había dejado de ser simplemente un joven atractivo y encantador.
Se había convertido en alguien cuya ausencia podía sentir físicamente.
Grace abrazó sus rodillas.
Y una pequeña sonrisa triste apareció en sus labios.
—Realmente eres un problema.
Murmuró al vacío.
Había intentado convencerse de que solo había sido una aventura fugaz.
Una despedida antes del templo.
Un recuerdo bonito.
Pero cuanto más intentaba olvidarlo, más comprendía que no era tan sencillo.
Porque Aaron no le había regalado únicamente besos o días felices.
Le había regalado algo mucho más peligroso.
La posibilidad de imaginar otro futuro.
Uno donde pudiera elegirse a sí misma.
Uno donde no fuera únicamente la hija obediente.
La hermana sacrificada.
La futura maga del templo.
Sino simplemente Grace.
Una joven que reía demasiado con las tonterías de un heredero insoportable.
Una joven que quería amar y ser amada.
Grace apoyó la frente contra sus rodillas.
Y finalmente dejó que unas lágrimas silenciosas escaparan.
No eran lágrimas de arrepentimiento.
Ni de desesperación.
Eran lágrimas de duelo.
Por la vida que había dejado atrás.
Por la vida que había imaginado durante unos pocos días.
Y por el hombre que seguía ocupando sus pensamientos incluso cuando intentaba concentrarse en otra cosa.
Después de un largo rato, se secó los ojos.
Respiró profundamente.
Y se levantó.
Mañana tendría que presentarse ante los magos del templo.
Tendría que demostrar su capacidad.
Comenzar oficialmente aquella nueva etapa.
Así que apagó la lámpara.
Se acomodó bajo las mantas.
Y mientras la oscuridad llenaba la pequeña habitación, una última idea cruzó por su mente.
[Aaron...]
Su sonrisa apareció una vez más.
Pequeña.
Melancólica.
Llena de cariño.
[Ojalá estés bien.]
Y con ese pensamiento abrazado contra el corazón, Grace cerró lentamente los ojos, intentando descansar aunque supiera que, incluso en sueños, probablemente volvería a encontrar aquellos ojos oscuros y esa sonrisa imposible de olvidar.
Mala actitud la de los padres