Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
¡ACTUALIZACIONES DISPONIBLES TODOS LOS MARTES Y VIERNES!
NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
En busca de una oportunidad
Julie suspiró y sus ojos se quedaron puestos encima del castaño junto a ella. Este sujeto no hablaba; en su lugar, continuaba garabateando en el cuaderno que llevaba en las manos, dando apenas unas miradas de reojo que no hacían más que ponerla nerviosa.
Las palabras revoloteaban en su garganta, ansiosas de salir. Ni siquiera había leído su diario cuando escuchó de la visita sorpresa. Estaba temerosa de la creencia de que su cerebro podría reactivarse y con ello que el teatro de la amnesia se les cayera. Aunque lejos de esto, su interés se inclinó más en conocer la razón principal por la que su “mejor amigo” la trataba tan fríamente.
—En efecto —habló finalmente el chico—. Tienes amnesia.
—No comprendo por qué no les has creído a Ruby y a Lili cuando lo mencionaron —musitó casi ofendida.
Sky no le respondió. La miró con el entrecejo fruncido, y se giró sobre sus talones, acercándose a su bolso. Julie se mordió el labio con la frustración arrastrándose sobre ella. Respiró hondo y apretó la sábana sobre sus piernas, tomando un valor que para ella sabía como un sacrificio de honor.
—Uh, ¿Sky? —lo llamó con cuidado—. ¿Sabes? Desde el incidente con el veneno, me siento diferente, fuera de mi cabeza —murmuró con la cabeza gacha, chocando las puntas de sus índices—. Quizá no esté lista para casarme con Oriel.
La mano del castaño dejó de moverse. Las cosas en el interior del bolso dejaron de hacer ruido y un largo silencio ocupó la habitación, provocando que Julie mordiera la lengua con fuerza.
—¿Has perdido la cabeza?
Su voz fue tranquila, a pesar de la pregunta. Sky retomó su acción hasta que finalmente extrajo una jeringa. Solo entonces miró directamente a los ojos de la azabache en la cama.
—La cancelación de tu matrimonio con el príncipe Oriel no tiene entrada a una discusión —advirtió—. Además, ¿por qué de pronto querrías cancelarlo? ¿Te hizo algo?
—Has dicho que no hay discusión sobre el tema, ¿en qué cambiaría si él me ha hecho algo? —murmuró.
La ceja poblada del sujeto se alzó. La seriedad de su gesto se tambaleó ante la tonada de la chica; sin embargo, tomó aire y terminó acercándose al costado de la cama con un algodón y alcohol en la otra mano.
—Tú sabes bien la importancia de que tu matrimonio se concrete —comenzó, tomándole el brazo para limpiar la zona trasera del codo—. El disgusto se arregla con una charla, pero las pérdidas humanas, ni con la brujería más oscura.
Julie abrió la boca con intención de responder; no obstante, las palabras se quedaron en su garganta porque Sky insertó la jeringa sin previo aviso, extrayendo una muestra de su sangre que la paralizó por un momento.
—S-Sky —susurró.
—Conoces a tu padre —retiró la jeringa—. Si lo que deseas es cancelar la unión, entonces busca una buena opción para que él tome cartas en el asunto —aconsejó.
Los ojos de Odette parpadearon. Se quedó con los labios sellados, siguiendo los movimientos de su supuesto mejor amigo que llevaba la muestra en sus manos.
Los pensamientos y posibilidades dieron rienda suelta al segundo siguiente. Julie comenzó a hacer memoria de los estudios para los que se requería un poco de su sangre; sin embargo, sus instintos se apaciguaron pronto, y se permitió divertirse en secreto cuando recordó que en ese universo anticuado no existían las tecnologías modernas de su vida pasada.
—Tengo que irme —avisó el castaño, con la maleta en mano—. Dejaré instrucciones a tus damiselas para tratar tu amnesia… Oh, y si decides hablar con tu padre sobre esa nueva idea tuya, te agradecería que me lo hagas saber primero. Ya sabes —torció el labio con una sonrisa extraña—, su corazón es un poco débil.
El ceño de Odette se arrugó. Julie intentó cuestionarle, pero Sky no se lo permitió porque salió casi al instante. Un suspiro largo se expulsó de sus labios y su mirada se mantuvo en la puerta, esperando secretamente que esta se abriera por alguien en específico, mas no lo hizo.
Se reacomodó en su sitio con las manos en el abdomen, su mirada vagó por la habitación y su atención se clavó en la mesita donde yacía escondido el diario de Odette.
Miró hacia ahí con duda. Se mordió los labios como método de calma y, finalmente, bajó de la cama con un objetivo en la mente. Decían que la boda era necesaria, pero ella sabía que al final Odette y Oriel terminaban separados, así que estaba dispuesta a saltarse todo ese drama a pesar de su oposición. Y qué mejor que guiarse de los recuerdos claros de Odette.
—Tú estabas enamorada, yo usaré mi buen juicio por ti —susurró con el cuaderno en manos.
Se sentó en el sofá de la pequeña salita en la habitación y se acomodó en la esquina con las piernas pegadas a su pecho, olvidándose por completo de la etiqueta de su personaje. Necesitaba concentrarse y comenzar a armar el mejor lío para que su padre le permitiera cancelar su matrimonio.
Pero el destino tampoco estaba a favor de sus planes.
La puerta se abrió sin previo aviso, haciéndola saltar y caer de su asiento al suelo. Su frente impactó de lleno y se tragó el dolor para esconder el cuaderno debajo del mueble. Luego escuchó la carcajada que puso sus nervios de punta, como si no hubiera tenido suficiente.
—¿Qué haces? —le preguntó Elis, colocándose frente a ella, sin ayudarla a levantarse.
—Nada que te importe —masculló.
Elis se burló con más fuerza. Empujó el cuerpo de Odette a un lado y se sentó en el sitio disponible, mirándola con desprecio.
—Maldigo al ser que te hizo reencarnar en Odette y no en Margaret —gruñó.
—¿Quién es Margaret?
Elis ni le respondió. Respiró hondo y se acomodó como el rey del mundo en su trono. Los puños de Odette se cerraron, olvidándose de las ganas de darle un puñetazo porque no quería meter en problemas a su padre por culpa de Oriel.
—Pues mejor si te vas buscando a otra mujer; si al final Odette y Oriel se divorcian, lo mejor es que nos separemos, ya te lo he dicho —sugirió firmemente, tomando asiento frente al arrogante.
Los dedos de Oriel se apretaron contra el reposabrazos del sofá. Jadeó una burla y le miró con mayor desprecio, casi furioso, borrando por completo la diversión de hace unos segundos.
—Entiende que eso no está en discusión, maldita sea.
—¡Este es un mundo misógino y yo me niego a ello!
Elis se levantó y con dos zancadas llegó hasta ella para tomarla de la mandíbula. Sus yemas se apretaron en la piel de porcelana, volviéndose doloroso; sin embargo, a él no pareció importarle en lo absoluto.
—Vas a casarte conmigo y vas a hacer lo que te diga —ordenó, soltándola—. Te guste o no, tu personaje es importante para la trama. Y más te vale que Sky no sospeche de ti.
Elis se separó apenas logrando evadir el puño de la azabache. No le dirigió una palabra más y se fue tan pronto como llegó, dejándole un dolor intenso en el pecho que Julie no tardó en asociar como la memoria corporal de Odette.
Aun así, ese escenario fue solo un incentivo más para que sus objetivos no perdieran fuerza.