Para sellar un acuerdo diplomático, un imponente emperador galáctico acepta comprometerse con un omega del salvaje planeta de las bestias. Sin embargo, un inesperado error en los registros altera los planes: en su lugar, recibe a un dulce e inocente gamma. A pesar de la confusión y el choque cultural, este tierno e inesperado compañero empezará a derretir el frío corazón del soberano.
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Cap 6
La mansión del líder del clan era un auténtico hervidero de actividad. El error horaria de Rul había provocado que todos corrieran de un lado a otro, subiendo y bajando las escaleras de madera con vestidos ceremoniales, capas de piel y joyas tradicionales para preparar a Kala. Las sirvientas pulían los baúles y los hermanos mayores discutían los protocolos de despedida en voz alta. En medio de semejante caos y preparativos frenéticos, la atención sobre el miembro más pequeño de la casa se dispersó por completo. Nadie, ni siquiera su sobreprotector padre, se dio cuenta de que Nesta se sentía un poco abrumado por tanto ruido y decidió salir silenciosamente por la puerta trasera.
Nesta llevaba en sus brazos a su pequeña mascota, una criatura del bosque esponjosa y de ojos enormes que se acurrucaba contra su pecho. En el pueblo, el pequeño gamma tenía permitido salir a caminar porque todos lo conocían, lo adoraban y lo cuidaban como a un tesoro comunitario; sin embargo, debido a su extrema inocencia, la regla de oro de la familia era que jamás debía salir sin custodia de sus hermanos o de la guardia del clan. Pero esa mañana, la seguridad falló por primera vez. Absortos en la partida de Kala, nadie notó su huida.
Mientras caminaba por el sendero rodeado de flores silvestres, Nesta dejaba a la vista lo que realmente lo hacía único en su especie. Aunque los gammas ya eran una casta sumamente rara y escasa en el universo, lo que hacía verdaderamente especial a Nesta eran sus marcadas características del planeta de las bestias. A diferencia de las facciones humanas comunes de la realeza de Astris, Nesta poseía los rasgos de un felino adorable. Sobre su cabeza se alzaban dos orejas pomposas y suaves que se movían al compás de los sonidos del bosque, y por debajo de su suéter holgado sobresalía una hermosa cola larga y sumamente afelpada que se agitaba con ligereza cada vez que se sentía curioso. Era la estampa viva de la ternura salvaje.
El pequeño gamma se encontraba acariciando a su mascota en brazos, completamente distraído, cuando de pronto un rugido ensordecedor rompió la paz del paisaje. Al levantar la mirada, sus grandes ojos felinos se abrieron con asombro al ver una imponente nave imperial con el escudo de Astris descendiendo majestuosamente desde el cielo, levantando una suave cortina de polvo al posarse sobre el terreno.
Eran exactamente las nueve de la mañana. La nave había llegado al puerto periférico a la hora estipulada por el imperio, pero al no encontrar a nadie esperando debido a la confusión de los horarios, la tripulación simplemente asumió que debían buscar a la candidata en los alrededores más cercanos.
De la rampa hidráulica que se desplegó hacia el suelo, comenzó a descender una gran cantidad de guardias imperiales armados con armaduras relucientes, flanqueando a un alto funcionario. Este hombre era un canciller del ala secundaria del senado. Alistair, el canciller principal y amigo de Zarek, se había visto obligado a cancelar su asistencia al viaje a último momento debido a una crisis política de última hora en el senado central, por lo que este funcionario un tanto despistado había sido asignado de urgencia para suplantarlo en la misión de recogida. Curiosamente, este hombre compartía la misma personalidad distraída e imprecisa de Rul; venía revisando los datos de la tableta digital de forma caótica, murmurando entre dientes sobre las coordenadas y los códigos familiares.
Cuando el canciller despistado levantó la vista del dispositivo, lo primero que captaron sus ojos fue a Nesta. El pequeño gamma se había quedado estático en medio del camino, con sus orejas pomposas erguidas por la sorpresa y su colita felina enroscada tímidamente alrededor de su pierna, sosteniendo a su mascota contra el pecho con una expresión de total inocencia.
El funcionario de Astris parpadeó un par de veces. En los confusos registros de embarque que le habían entregado a toda prisa, figuraba que debían recoger al "hijo/a del líder del clan". Al ver las suntuosas ropas de Nesta, sus joyas familiares de plata y su innegable e impactante belleza exótica, el canciller no dudó ni por un segundo. Su mente distraída asumió de inmediato que este tierno y hermoso ser con rasgos de felino era la famosa omega que el consejo de Astris había seleccionado para domar el frío corazón del emperador.
Dibujando una sonrisa sumamente amable y aliviada por haber encontrado tan rápido su objetivo, el canciller avanzó unos pasos hacia él y realizó una reverencia perfecta y elegante ante el desconcertado muchacho.
—Es un absoluto honor conocerle en persona —declaró el canciller con voz pomposa pero cordial—. El Imperio de Astris saluda su belleza. Hemos llegado exactamente a la hora pactada para escoltarla a su nuevo hogar. Sea muy bienvenido a bordo, futura emperatriz.
Nesta parpadeó, ladeando la cabeza con confusión mientras una de sus orejas pomposas se inclinaba hacia un lado. No entendía nada de lo que ese extraño hombre de uniforme elegante estaba diciendo, pero al escuchar la palabra "emperatriz" y ver a tantos guardias amables rodeándolo, su pequeña e infantil cabecita solo pudo procesar que aquellos señores parecían muy educados. Lo que Nesta no sabía era que, a partir de ese equívoco saludo, las compuertas del destino galáctico se cerraban detrás de él.