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El Rumbo De Las Estrellas

El Rumbo De Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / Amor eterno
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Renovales

de una casualidad paso a una historia completa

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Renovales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 7

Cinco años después, Camila y Martín tenían una vida llena de bendiciones. La oficina de Camila había crecido mucho —tenía varios empleados y clientes en todo el país. Martín había fundado su propia empresa de arquitectura, y estaba trabajando en proyectos importantes en la capital y en otras ciudades del pais .

Habían tenido una hija, a la que habían llamado Luna —por las estrellas que los habían unido. Luna era una niña inteligente y juguetona, con los ojos color avellana de su padre y el pelo castaño claro de su madre. Les encantaba pasar tiempo con ella —iban al parque, al museo, a la playa, y le contaban historias sobre la selva y sobre su amor.

Una tarde, mientras caminaban por el parque , donde se habían casado, Martín le dijo a Camila:

—Recuerdas el día que te encontré en la lluvia?

—Claro que recuerdo —respondió ella, sonriendo. —Fue el día que cambió mi vida.

—También fue el día que cambió la mía —dijo él. —Nunca había sentido algo así por nadie. Sabía en ese momento que eras la persona que había estado buscando toda mi vida.

—Yo también lo sabía —respondió ella. —Aunque no me atrevía a admitirlo.

Se abrazaron, y Luna corrió hacia ellos, con una flor en la mano.

—Mamá, papá! Mira lo que encontré! —dijo ella, mostrándoles la flor.

—Es preciosa, mi amor —dijo Camila, besándola en la mejilla.

—Vamos a ponerla en un jarrón en casa —dijo Martín, cogiendo a Luna en sus brazos.

Juntos caminaron hacia su apartamento, con la tarde soleada y el cielo azul. Camila miró a Martín y a Luna, y se sintió más feliz que nunca. Sabía que había tenido una vida llena de amor y bendiciones, y que el futuro le reservaba muchas más cosas bonitas.

Mientras caminaban, vio una estrella brillando en el cielo —aunque era de día, se veía clara y brillante. Sabía que era la estrella que los unía, que los guía en su camino. Y sonrió, pensando en todo lo que habían vivido juntos, en todo lo que habían logrado, y en todo lo que aún les quedaba por vivir.

El amor es un regalo maravilloso —un regalo que hay que cuidar, que hay que nutrir, que hay que valorar cada día. Y Camila y Martín lo sabían. Porque su amor había sido probado por el tiempo, por los retos, por el pasado. Pero había sobrevivido a todo, y se había hecho más fuerte con cada día que pasaba.

Y así, caminando juntos por el parque, con su hija en los brazos y la estrella que los unía brillando en el cielo, comenzaron otro día en su vida —una vida llena de amor, alegría, sueños y esperanzas. Un vida que iban a compartir juntos, por siempre y para siempre.

Diez años habían pasado desde la boda de Camila y Martín. Luna tenía once años, era una niña curiosa y apasionada por la naturaleza —tal como su padre cuando era niño. La oficina de Camila era una de las más reconocidas del país en diseño gráfico, y la empresa de arquitectura de Martín había expandido sus proyectos a países vecinos como Argentina y Brasil.

Una mañana de julio, mientras desayunaban, Martín recibió una llamada de Juan, su amigo de la selva. La voz de Juan estaba tensa, y Martín se puso serio al escucharlo.

—Martín, necesito tu ayuda —dijo Juan. —Hay un problema aquí en el poblado. La empresa minera que viene a explorar la zona quiere tomar tierras que pertenecen a nuestras familias desde hace generaciones. Nos están presionando para vender, pero no lo vamos a hacer. Necesitamos a alguien que nos ayude con los documentos, con el abogado... alguien que nos defienda.

Martín miró a Camila, que había escuchado la conversación. Sabía que Juan necesitaba él, y que no podía negarse.

—Claro, Juan —dijo Martín. —Voy para allá lo antes posible. Te ayudo en lo que pueda.

Después de colgar, se volvió hacia Camila.

—Lo sé, es un viaje largo, y tengo muchos proyectos aquí —dijo él, con preocupación. —Pero no puedo dejar a Juan solo. La selva es parte de mí, y esas tierras son importantes para su gente.

—Yo lo sé, amor —respondió Camila, tocando su mano. —Vete. Nosotras lo acompañamos. Luna está en vacaciones escolares, y puedo organizar el trabajo para irme un tiempo. Juntos seremos más fuertes.

Martín sonrió, lleno de gratitud. Ese era el amor que había elegido —una mujer que le apoyaba en todo, que nunca le ponía trabas a sus sueños o a sus deberes.

—¿De verdad? —preguntó él.

—Claro que sí —dijo ella. —Luna ha estado preguntando por la selva desde que le contamos la historia de cómo te casasteis. Será un experiencia maravillosa para ella.

Al día siguiente, empaquetaron sus cosas y se dirigieron hacia Alto Paraná. Luna estaba emocionada —había visto fotos de la selva, pero nunca había estado ahí. Durante el viaje, Martín le contó historias sobre Juan, sobre la cascada donde le había pedido matrimonio a Camila, sobre los animales y las plantas que vivirían allí.

Cuando llegaron al poblado, Juan les dio la bienvenida con los brazos abiertos. Luna corrió hacia él, con una sonrisa amplia, y Juan la cogió en sus brazos.

—Hola, pequeña Luna —dijo él. —Me alegro mucho de conocerte. Tu padre me ha hablado mucho de ti.

—Hola, tío Juan —respondió ella. —Estoy muy emocionada de estar aquí. Quiero ver los monos y las cascadas.

Juan rió. —Claro que sí, mi amor. Mañana te llevaré a conocer todo.

Mientras tanto, Martín y Juan se sentaron para hablar de la situación con la empresa minera. Camila escuchó con atención, y se dio cuenta de que el problema era más grave de lo que habían pensado. La empresa tenía abogados potentes, y estaban usando todo tipo de trucos para presionar a la gente del poblado.

—Vamos a hacer lo siguiente —dijo Camila, después de escuchar a Juan. —Yo voy a diseñar materiales informativos para explicar nuestra causa a la gente, para pedir apoyo. Martín va a ayudar con los documentos legales y con el diseño de un plan para proteger las tierras. Y tú, Juan, te encargas de organizar a la gente del poblado. Juntos, podemos ganar.

Martín y Juan miraron a Camila con admiración. Siempre encontraba la forma de solucionar los problemas, de unir a la gente.

—Esa es la mujer que yo quise casarme —dijo Martín, besándola en la frente.

—Y estas casado con ellas—le respondió con un tono sarcastico y mostrandole el anillo de compromiso

 

 

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