novela juvenil de romance que demuestra que tanto se puede esperar a una persona por amor , también lo que es capaz de hacer una persona por proteger a ser que ama desde la niñez en sus vidas habrá mucho tropiezos y tendrá que salir de ese mundo oscuro para llegar a la persona que siempre la espero
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firma
Diego fue claro desde el principio.
—No habrá iglesia.
Franco intentó disimular la molestia.
—Pero creo que lo correcto sería—
—Lo correcto —lo interrumpió Diego con firmeza— habría sido no embarazar a mi hija antes del matrimonio.
El mensaje fue directo.
La boda sería civil.
Sin prensa.
Sin invitados innecesarios.
Sin espectáculo.
Solo familia inmediata.
Nada más.
Amber no opinó.
No tenía energía para hacerlo.
El día llegó sin música ni flores blancas. Solo una sala sobria en el registro civil. Paredes beige. Una mesa. Dos sillas. Un funcionario leyendo artículos legales con voz monótona.
Eros no estaba allí.
Pero su ausencia pesaba.
Amber firmó con la mano ligeramente temblorosa.
Franco firmó con seguridad exagerada.
Cuando el juez anunció que quedaban legalmente casados, Diego no aplaudió.
Solo asintió.
Y entonces sacó una carpeta.
—Antes de que esto avance —dijo—, hay algo que debe quedar claro.
Franco lo miró, incómodo.
Diego deslizó un documento sobre la mesa.
—Cláusula prenupcial.
Franco frunció el ceño.
—No sabía que—
—No necesitas saberlo todo —respondió Diego con frialdad.
El abogado familiar explicó brevemente:
Franco no tendría acceso a las cuentas personales de Amber.
No podría disponer de propiedades a su nombre.
No tendría control sobre herencias ni inversiones actuales o futuras.
En caso de divorcio, no habría compensación económica más allá de lo legalmente básico.
Franco intentó sonreír.
—No me interesa su dinero.
Diego sostuvo su mirada.
—Perfecto. Entonces no habrá problema en firmar.
Hubo un segundo de tensión.
Pero Franco firmó.
Porque necesitaba algo más que el dinero.
Necesitaba control.
Y eso no estaba en el papel.
Cuando salieron del edificio, Diego se acercó a Amber.
—Si en algún momento no estás bien… vuelves a casa.
Fue lo único que dijo.
Ella asintió.
Y bajó la mirada.
Esa noche, el “viaje de boda” fue en realidad una suite reservada en un hotel discreto.
Nada ostentoso.
Nada romántico.
Franco cerró la puerta con seguro.
El sonido fue más fuerte de lo que debía.
Amber sintió el cambio en el aire.
No habló durante el trayecto.
No habló al entrar.
Franco dejó el saco sobre la silla.
Y entonces sonrió.
Pero no era la sonrisa social.
Era otra.
—Tu padre cree que puede humillarme.
Amber no respondió.
—¿Sabes cómo me miraba? Como si yo fuera basura.
No fue eso—
El golpe contra la pared, al lado de su cabeza, la hizo callar.
No la tocó.
Todavía no.
Pero la advertencia quedó clara.
—Yo soy tu esposo ahora.
Su voz era baja.
Peligrosamente baja.
—Y nadie vuelve a tratarme así.
Amber retrocedió un paso.
—Franco, por favor—
El se acercó demasiado
¿Crees que no sé que sigues pensando en él?
El silencio la traicionó.
Eso fue suficiente.
La tomó del brazo con fuerza.
No gritó.
No perdió el control de forma escandalosa.
Fue peor.
Fue frío.
—A partir de hoy vas a aprender a respetarme
La tomo por el cabello , y la tiró a la cama rasgando la fina tela del vestido Amber solo podía llorar y sentir todo el asco quería que terminara ya .
después de unas horas ella se levantó como pudo y se ducho llorando en silencio y pensando que podía hacer pasa salir del infierno en el que entro .
La noche de boda no tuvo flores.
Tuvo miedo.
Y cuando terminó, Amber entendió algo terrible:
El matrimonio no era una jaula simbólica.
Era real.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Eros estaba sentado en el suelo de su apartamento, con la espalda contra el sofá.
Melody estaba frente a él.
Ella siempre lo a querido y sabe que el era el mejor hombre para su hermana pero muy aparte de eso ella quería a Eris como un hermano más el siempre las protejia y a sus hermanita que Eros es mayor por dos años el siempre aunque casi no delialogaba el siempre estaba hay y le partía el corazón verlo en esa situación
—Tienes que ir a casa.
—No.
—Eros.
—Se casó.
Su voz estaba vacía.
Melody se acercó un poco más.
—No puedes dejar que esto te arrastre.
—Me engañó.
Melody dudó apenas un segundo.
—Las cosas no siempre son lo que parecen.
Eros levantó la mirada.
¿Qué significa eso?
—Significa que estás asumiendo demasiado.
Él negó con la cabeza.
—La vi. La escuché. Está embarazada.
Silencio.
Melody tragó saliva.
Tú tampoco eres perfecto.
La frase quedó flotando.
Eros la miró.
—¿Vas a empezar con eso?
—No. Solo digo… que el pasado no desaparece.
La referencia fue clara.
Pero no explícita.
Eros se tensó.
—Fue un accidente.
—No fue solo eso.
Él la miró con advertencia.
—No hables de eso.
Melody suspiró.
—Entonces deja de actuar como si todo fuera blanco o negro.
Hubo un silencio largo.
Pesado.
—¿Qué ha pasado contigo? —preguntó ella finalmente—. Desde ese día con ese muchacho… no eres el mismo.
Eros bajó la mirada hacia sus manos.
Las flexionó lentamente.
—Me provocó.
—Eso no justifica perder el control así.
Silencio.
El tema murió ahí.
Porque aún no era momento de revelar.
Pero la sombra estaba presente.
Melody se levantó.
Con lágrimas en los ojos de no poder hacer nada por el quisiera hacer más por el pero como ella sacaría algo que es difícil de recuperar la confianza
—Ve a casa. Descansa. No hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
Eros se quedó solo.
Pensando.
Mientras tanto, en la suite del hotel, Amber estaba sentada en el borde de la cama, abrazándose a sí misma.
Franco dormía.
Tranquilo.
Como si nada hubiera pasado.
Ella miró su reflejo en el espejo.
Lloro en silencio a ver si cuerpo le dolió nunca en su vida había pasado por algo así Diego la cuido hasta donde pudo y como pudo nunca permitió que le pasara algo que la marcara y hasta hoy ella empezaba a conocer la verdadera maldad que hay en el mundo
Y entendió que esa era solo la primera noche.
Y que lo peor…
Sería en silencio
Porque ahora no solo estaba atrapada por una mentira.
Estaba atrapada por miedo.
Y el matrimonio que todos creían precipitado por un error…
Era en realidad una sentencia silenciosa