A los quince años, Ian, un omega con sueños de grandeza, descubrió que su destinado era Eliah, el imperturbable delta y mejor amigo de su hermano. Tras años de rechazo, Eliah finalmente cede al cumplir Ian la mayoría de edad, iniciando un romance entre la estrella en ascenso y el arquitecto.
Sin embargo, a los diecinueve, una traición desgarradora empuja a Ian a huir sin mirar atrás. Cuatro años después, convertido en un ídolo musical de fama mundial, Ian regresa a casa. Eliah, atrapado entre el remordimiento y una obsesión que llama "destino", intentará recuperar lo que el tiempo y el dolor rompieron.
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Capitulo 16 nada es tan sencillo
El beso en la oficina fue un incendio repentino, una colisión de deseo y posesividad que pareció detener el tiempo. Sin embargo, justo cuando el aire empezaba a faltar y la tensión alfa de Eliah envolvía por completo a Ian, este último apoyó las palmas de las manos contra el pecho del delta y, con un movimiento firme y decidido, lo apartó.
Eliah retrocedió un paso, sorprendido por la resistencia, con la respiración entrecortada y los ojos aún oscurecidos por el celo del momento.
—No, Eliah. Detente —dijo Ian, su voz temblorosa pero cargada de una seriedad que cortó el ambiente como un cuchillo—. Ya no estamos juntos. No puedes simplemente marcar territorio y actuar como si nada hubiera pasado entre nosotros.
Eliah intentó dar un paso hacia él, con las manos extendidas. —Ian, lo que pasó afuera, verlos a todos encima de ti... me volví loco.
—Ese es el problema —lo interrumpió Ian, alisándose la chaqueta con gestos nerviosos—. No puedes comportarte así en público.soy alguien que vive bajo el ojo publico Eliah. Mi imagen está bajo la lupa, especialmente ahora que estás tratando de recuperar tu destino. Si alguien nos hubiera grabado o si un periodista te ve actuando como un delta posesivo con alguien que no es nada mio, mi carrera se hundirá antes de que pueda salvarla. Tienes que mantener la distancia.
Esas palabras golpearon a Eliah más fuerte que cualquier golpe físico. El término "no somos nada" resonó en el pequeño espacio de la oficina. Eliah, el delta que siempre lo había tenido todo bajo control, sintió una punzada de dolor genuino en el pecho. Se sentía herido, no por el rechazo al beso, sino por la frialdad con la que Ian trazaba una línea divisoria entre sus mundos. Aun así, su determinación no flaqueó; sus ojos reflejaban que no pensaba rendirse hasta recuperar lo que habían perdido.
Las puertas de la oficina se abrieron y allí, de pie y con una carpeta bajo el brazo, estaba Marc. Su expresión, inicialmente de sorpresa por ver a Eliah allí, se transformó rápidamente en una máscara de pura hostilidad al notar la cercanía física entre ambos y el rostro visiblemente alterado de su hermano menor.
Marc caminó hacia ellos y, con un gesto protector, se interpuso físicamente entre Eliah e Ian, obligando al delta a retroceder aún más.
—Se acabó el tiempo, Eliah —dijo Marc, su voz era un témpano de hielo—. Te pedí que vinieras para hablar de negocios, no para que acosaras a mi hermano.
—Marc, solo estábamos hablando... —intentó intervenir Ian, pero su hermano no apartó la vista de Eliah.
—Sé perfectamente lo que estaba pasando —escupió Marc, fijando sus ojos en el delta—. Te lo advertí una vez y te lo diré de nuevo: mantente alejado de él. Ya lo lastimaste una vez, destruiste su confianza y lo dejaste roto cuando más te necesitaba. No voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo lo haces una segunda vez solo porque te sientes solo o celoso.
Eliah apretó la mandíbula, sosteniendo la mirada del hermano mayor. La tensión entre el delta y el alfa era casi palpable, una lucha de voluntades que amenazaba con estallar en medio de la oficina.
—Marc, mis intenciones han cambiado —respondió Eliah con voz ronca—. Estoy haciendo todo esto por él.
—Tus "intenciones" no curan las cicatrices que le dejaste —sentenció Marc, tomando a Ian del hombro para guiarlo lejos de allí—. Si de verdad te importa su bienestar, como dices, dejarás de confundirlo y te concentrarás en arreglar el desastre de tu vida profesional. Vámonos, Ian. Tienes cosas mejores que hacer.
Ian echó una última mirada hacia atrás antes de dejarse guiar por su hermano. Vio a Eliah allí parado, solo en el umbral de la oficina, viéndose por primera vez no como un hombre exitoso, sino como un hombre que acababa de darse cuenta de que el camino de vuelta al corazón de Ian sería mucho más difícil que cualquier ascenso a la fama.