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AMAR LO PROHIBIDO

AMAR LO PROHIBIDO

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

🔥🔞 Eduardo Álvarez de Toledo creció entendiendo que en su familia el amor tenía jerarquías y que él nunca ocupó el primer lugar. Se marchó para dejar de vivir bajo la sombra de Fabián y, en Barcelona, construyó un imperio propio, elegante y silencioso, que no dependía de su apellido.

No esperaba enamorarse. La conoció cuando ella huía de algo que no quiso explicar. A su lado, Eduardo no era el hermano menor ni el olvidado, sino un hombre libre de su historia. Se enamoró sin saber quién era realmente. Y cuando descubrió la verdad, ya era demasiado tarde.

Kassandra era la esposa de Fabián. Obligada a regresar a un matrimonio que la asfixia, se convierte en el centro de una batalla que Eduardo no eligió, pero tampoco piensa evitar.

Si su hermano pretende retenerla por obligación, Eduardo está dispuesto a enfrentarlo.
Algunos amores llegan fuera de tiempo y algunos hombres no vuelven a perder lo que aman.

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CAPÍTULO 7

La noche se había cerrado sobre la mansión como un velo espeso, ahogando los sonidos del exterior bajo un silencio que solo interrumpía el leve crujir de las vigas antiguas. 

Kassandra permaneció inmóvil frente al espejo de cuerpo entero, los dedos apretados alrededor del borde de mármol frío, como si ese contacto pudiera anclarla a algo real. La luz tenue de la lámpara de noche se deslizaba sobre su rostro, acentuando las ojeras que ni el corrector más caro lograba disimular del todo. Seis años de noches como esta, de mirarse y no reconocerse, de sentir que el reflejo le pertenecía a otra mujer, una que había aceptado callar, agachar la cabeza, sonreír cuando le ordenaban sonreír.

Pero esta noche era diferente. Sus ojos, dorados como miel oscura, se clavaron en los suyos con una intensidad que la sobresaltó. No había lágrimas, ni ese brillo quebradizo de otras veces. Solo una quietud helada, como el filo de un cuchillo antes de cortar. Se llevó los dedos a los labios, aún pintados de ese rojo oscuro que Fabián había elegido para ella—el tono de una puta que sabe su lugar—, y los presionó hasta sentir el esmalte ceder bajo la presión. El sabor metálico del pintalabios se mezcló con el amargo de su propia saliva. Seis años de sabores impuestos. Seis años de palabras que no eran suyas.

Un recuerdo la golpeó con la fuerza de un puño en el estómago.

—Nunca fui el primero, y por eso siempre te miraré con desconfianza—

La voz de Fabián resonó en su cabeza, fría, precisa, como si la hubiera dicho hace cinco minutos y no hace casi seis años, en esa noche en la que ella aún creía, ingenua, que el tiempo podría suavizar las aristas de su matrimonio. 

Ella, nerviosa, había intentado besarlo con algo que no fuera obligación, buscar en ese cuerpo musculoso y perfectamente vestido un atisbo de lo que otros llamaban deseo. Pero él la había detenido, sujetándola por la muñeca con una fuerza que no dolía, pero que advertía. Sus ojos cafés, siempre calculadores, se habían clavado en los suyos mientras la empujaba contra el colchón de seda.

—No finjas que esto es algo que no es, Kassandra. Sé que no soy el primero en tocarte. Sé que otros hombres han estado donde yo estoy ahora. Y eso…— había hecho una pausa, como si saboreara las palabras antes de escupirlas —eso me quita el sueño.—

El recuerdo la quemó. No era el sexo lo que le molestaba a Fabián—nunca le había importado eso, de hecho, la había tomado de muchas formas—. Era la idea. La idea de que ella hubiera elegido a otro antes que a él. Como si su cuerpo fuera un territorio que alguien más había conquistado primero, y él, el gran Fabián Álvarez, hubiera tenido que conformarse con las sobras.

Kassandra soltó el espejo y retrocedió un paso, los talones descalzos hundiéndose en la alfombra. El vestido esmeralda, ceñido a su cintura, le recordó la cena de esa misma tarde, cuando Fabián le había ordenado ponérselo —porque a los invitados les gusta ver a mi esposa como lo que es: un adorno caro. 

Se lo arrancó con un movimiento brusco, sintiendo cómo los botones pequeños cedían bajo sus dedos temblorosos. El sonido de la tela rasgándose fue casi liberador. Quedó en ropa interior de encaje negro, regalo de Fabián—para que no olvides quién te viste—, pero ni siquiera eso le pertenecía. Nada en esta habitación era suyo. Ni el perfume francés en el tocador, ni las joyas en la caja fuerte, ni siquiera el aire que respiraba, viciado por el peso de sus silencios.

Se dejó caer al borde de la cama, las piernas temblorosas, y apoyó las manos sobre el colchón. El tacto de las sábanas de algodón, suaves como la piel de un amante que nunca tuvo, le provocó un escalofrío. Cerró los ojos y vio, como en un destello, aquella tarde en la que había intentado hablar. Había sido un error. Un error estúpido, nacido de la desesperación.

—Fabián, yo solo quería decirte que… que antes no fue como tú crees. Que no fue una elección consciente — había empezado, las palabras saliendo torpes, como si su lengua estuviera entumecida.

Él había levantado la vista del periódico, los ojos entrecerrados, la sonrisa amarga.

—Ah, ¿ahora quieres hablar del pasado? ¿Del tuyo, concretamente?— había dejado el periódico sobre la mesa con un gesto lento, deliberado, como si estuviera colocando un cuchillo sobre un plato. —¿O es que crees que me importa, Kassandra? No me importa quién fue. Me importa que fue. Que te tocaron. Que te llenaron. Que te hicieron gemir antes que yo.—

El recuerdo de su risa seca, casi un gruñido, la hizo estremecer. Había intentado, como una idiota, tocar su mano.

—No fue así, te lo juro. Yo no…—

—Basta.— Su voz había cortado el aire como una cuchilla. —No me interesa tu versión. Las putas siempre tienen una versión bonita para lo que son.—

Ahora, en la oscuridad de la habitación, Kassandra apretó los puños hasta que las uñas le marcaron las palmas. El dolor físico era mejor. Más honesto. Se llevó una mano al pecho, donde el corazón latía desbocado, como si intentara salir de su jaula de costillas. Seis años de intentarlo. Seis años de sonrisas forzadas, de cenas silenciosas, de noches en las que se quedaba quieta, esperando a que él terminara, para luego lavarse hasta sangrar, como si pudiera arrasar con el tacto de sus manos, con el peso de su cuerpo, con el olor a colonia cara y sudor que siempre quedaba en las sábanas.

Pero esta noche, entre el cansancio y el asco, algo más crecía dentro de ella. Algo que no era miedo.

Se levantó de golpe, el cuerpo tenso, y caminó hacia el tocador. Entre los frascos de cremas y los pinceles de maquillaje, había una foto enmarcada en plata: su abuela, sonriendo bajo el sol, los ojos arrugados por la risa, las manos manchadas de tierra de las rosas que tanto amaba. Kassandra la tomó, acariciando el vidrio con el pulgar. Era lo único real en esta habitación. Lo único que no olía a mentira.

—Mañana— susurró, como si la abuela pudiera oírla—. Mañana iré a verte.—*

La idea la llenó de un calor extraño, casi prohibido. La abuela nunca le había preguntado por Fabián, nunca le había reprochado nada. Solo la abrazaba, le servía té con limón y le hablaba de las flores como si el mundo no fuera un lugar podrido. Como si Kassandra aún mereciera cosas buenas.

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Ana Cilia De La Cruz
por favor la continuación no me dejen en suspenso
RENE: Hola, gracias.
Hay nuevos capitulos.
total 1 replies
Amelia Mirta Fernández
Creo que es más que interesante, que algo tan efímero como la ilusión, la paz interior y el ser útil, para uno misma, se está reflejando lentamente, pero con una fuerza, que comienza a crecer y le da confianza, calor humano, sensibilidad y el hecho de que si, puede. .Me encanta, y espero el resto de la historia. Dos seres perseguidos y martirizados por un energúmeno, soberbio y déspota, pueden unir fuerzas y encontrar amor, comprensión y dulzura, felicidad. Autora no me dejes con las ansias de ver a Kas y Edu, unir fuerzas y brillar con nuevas luces de esperanza . TE ESPERO. GRACIAS❤️❤️❤️❤️
RENE: Muchas gracia ☺️
Hay nuevos capítulos
total 1 replies
Amelia Mirta Fernández
vamos que tu puedes Kassandra. vas a ser libre del tormento de ese gusano abusador y promiscuo. 😢👏👏👏👏
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