un caos en tacones
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Cap 12
La Conciencia: ¡Señoras y señores, abran paso al debut artístico más esperado de la década! Olviden los tiroteos y las persecuciones; el evento del año es Alek Volkov, el "Oso de Siberia", enfundado en un traje de grillo verde brillante que, para ser honestos, resalta sus músculos de una forma que debería ser ilegal en un recinto escolar.
El auditorio estaba a reventar. En las primeras filas, los guardaespaldas de Alek intentaban pasar desapercibidos, pero era difícil ignorar a cinco hombres de traje oscuro llorando de la emoción mientras sostenían carteles que decían: "¡VAMOS JEFE!" e "¡ERES EL MEJOR GRILLO!".
Renata, desde las cortinas del escenario, daba las últimas instrucciones. Se veía espectacular con un vestido floral que acentuaba sus curvas y sus rizos perfectamente definidos.
—Bien, Grillo Mayor —susurró Renata, ajustándole la capa verde a Alek—. Tu momento de gloria. No olvides la vuelta y el salto al final. Si te caes, prometo no reírme... mucho.
Alek la miró con una mezcla de pánico y adoración.
—Si esto se filtra a Moscú, estoy muerto, Renata.
—Si lo haces bien, serás el héroe de Katia. Eso vale más que cualquier reputación —respondió ella, dándole un empujoncito hacia el escenario.
La Conciencia: ¡Y empezó la música! Miren eso... Alek salió con una dignidad que solo un mafioso puede tener mientras lleva antenas. Cuando Katia, vestida de margarita, corrió hacia él para el baile final, el auditorio soltó un "Awww" colectivo que casi derriba las paredes.
Alek no solo cumplió, sino que, contagiado por la sonrisa de su sobrina, terminó cargándola en hombros mientras daba la vuelta final con una agilidad sorprendente. Su mirada buscó a Renata entre bastidores; ella lo miraba con ojos brillantes, aplaudiendo con una dulzura que él nunca pensó recibir de nadie.
El festival fue un éxito total. No hubo errores, nadie se cayó, y por primera vez en años, Alek Volkov no se sintió como un criminal, sino como parte de algo real.
Al terminar, en el patio del colegio, los padres felicitaban al "tío de Katia". Alek, aún con las antenas puestas (porque Katia le prohibió quitárselas), se acercó a Renata, que estaba guardando unos materiales.
—Lo hiciste increíble, Grillo Rey —dijo ella, con un tono sarcástico pero suave—. Quién diría que el jefe de la logística internacional tenía tanto talento para el teatro infantil.
Alek se paró frente a ella, bloqueando el sol, y por primera vez, no usó su mirada de hielo.
—Fue por Katia —dijo él, bajando la voz—... y un poco por ver esa sonrisa tuya sin que fuera una burla.
Renata se quedó callada, sintiendo el calor en sus mejillas. El sarcasmo, su mejor defensa, parecía estar fallando ante el ruso de 1.90 que acababa de bailar para ella.
La Conciencia: ¡Cuidado! El muro de Renata tiene una grieta del tamaño de Rusia. Él es un mafioso, ella es una maestra que odia la prepotencia, pero ahí están, bajo el sol de la tarde, pareciendo la pareja más dispareja y perfecta del mundo.
—Bueno —dijo Renata recuperando el aliento—, como recompensa por no arruinar el festival, te ganaste una estrella dorada. Y tal vez... solo tal vez, te deje invitarme ese café que tanto presumes. Pero recuerda, Volkov: sigo siendo la que manda aquí.
Alek sonrió, una sonrisa sexy y triunfadora.
—Lo sé, Maestra. Lo sé perfectamente.
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