"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Niña traviesa
-Okay, necesitamos relajarnos antes que nada, esto no es como si estuviera por presentar mi tesis, esto es mil veces más importante. No olvidemos que ahora también soy padre. Espero haber tomado la decisión correcta.- Nick cerraba sus ojos. Apenas llevaba unas horas en ese mundo y se sentía agotado.
-Ya sé, vayamos a la costa sur. Ahí se encuentra una playa preciosa, me gustaría que mi hija conozca...- Parece caer en cuenta que no sabe cómo se llama la chica. -¡Rayos! ¿Cómo aun no sé su nombre?-
El dragón llega más rápido de lo esperado al lugar indicado. Aterriza suavemente sobre el pasto verde muy cerca del mar.
-Oye despierta, llegamos.- Habla de una manera suave para que la chica no se asuste.
Cuando abre los ojos ve la inmensidad del agua y sonríe. Es la primera vez que ve algo tan hermoso, nunca imaginó que podría salir de ese frío castillo, se sintió libre.
-¿Qué es este lugar?- Miraba todo a su alrededor.
-Aquí estaremos de vacaciones un tiempo.- Nick ayuda a que se baje del dragón con mucho cuidado, esas escamas eran un poco afiliadas.
La chica con su vestido hecho casi pedazos camina a la playa, sonríe aun más al sentir la arena en sus pies. Nick la sigue de cerca.
Detrás de ellos el dragón crea un pequeño estanque y calienta el agua con su aliento para depositar con mucho cuidado el huevo. Luego toma una forma casi humana, aun no se encuentra en plena confianza para mostrarse completamente en su forma más vulnerable.
-Si eres hombre.- Susurra el brujo.
El dragón lo mira sorprendido por el comentario.
-Perdí a mi compañera hace tiempo y lo único que nos une es nuestro hijo.- Lo dice una manera melancólica, ya casi amanecía nuevamente. -Ese maldito rey me lo robó y yo como tonto caí en su trampa.-
-Esta historia no es como la contaron.- Murmuró el joven. -Sabes que dejé mi mundo atrás para escribir algo mucho mejor. Estoy dispuesto a hacerlo por ellos.- Mira a la que ahora es su hija y al huevo en el agua caliente. -No quiero que ellos vuelvan a sentir el frío del encierro bajo las manos de nadie, nunca más.- El dragón asiente.
Él y su nueva hija jugaron en el agua, corrían y creaban pequeños castillos en la arena mientras eran observados por el dragón y el Espíritu de la Luna. Así nuevamente llegó la noche.
En todo momento Nick se la pasó pensando en como diseñar la nueva ciudad. Imaginó puentes, edificios, caminos, también pensó que podía pedir ayuda al dragón para algunas cosas. Esto era diferente, no era simplemente diseñar una maqueta para aprobar en la universidad, esto era grande en verdad.
-Ni comencé y ya no sé qué hacer.- Se decía a sí mismo. -Ya pasó mi tiempo de estudiante universitario, ahora soy un arquitecto que debe diseñar desde cero una ciudad. Ahora más que nunca necesito un café cargado y a Susy para desahogarme.- Sonríe y el dragón lo observa.
-Solana, ¿te gustaría dormir dormir en una hamaca de hilos de plata?.- Pregunta Nick a su hija y ella asiente entusiasmada.
Con la precisión justa, teje lentamente con su poder de plata una preciosa hamaca qué brillaba bajo la luz de la luna. La chica era toda risueña.
-Aún no sé tu nombre, solo te conozco como Emperador Dragón.- Nick voltea para ver al dragón acomodarse en el césped.
-Mi nombre es Brante, y creo que ya no soy un emperador.- La voz del hombre era profunda.
-Aunque es tarde, me llamo Nicholas White, un mortal que por casualidades del destino vino a parar en este magnífico cuerpo de plata y mercurio, pero puedes llamarme Nick. Es un placer conocerte Brante.- Extiende su mano para estrecharla con la del dragón.
Con el pasar de los días en la costa sur Nick y Brante se hacen más cercanos.
Se entendían perfectamente en el silencio compartido mientras ambos cuidan de la joven y el huevo.
El aura de plata y mercurio eléctrico de Nick y el de oro y fuego del dragón se entrelazan cada vez mejor de manera armoniosa.
El Brujo de Plata está cada vez más consciente que dentro de él está naciendo un sentimiento romántico hacia el dragón. Sabe que el hombre puede ser seco o brusco, pero solo es por su naturaleza diseñada para ser siempre el más fuerte en fuerza bruta. Con él la palabra "tierno" no era compatible.
El dragón en su forma más humana era apuesto, tenía una altura imponente, ojos de fuego, una voz grave que hacía vibrar a cualquiera y la piel tenía un bronceado perfecto, su cabello color carbón, aunque conservaba algunas escamas y sus garras.
-Siento como si se volviera mi centro de gravedad...- Lo dice en un suspiro.
De manera inconsciente el poder lunar del joven de cabellos de plata actúa como analgésico para las heridas internas del dragón, dándole un alivio gélido.
Brante nota, que Nick no lo ve como una calamidad qué solo destruye todo a su paso. Algunas veces lo espiaba mientras lo dibujaba en la arena y suspiraba.
El joven de plata y mercurio admiraba todo sobre él. Le gustaba escuchar mientras relataba alguna historia de batallas, lo que veía cada vez que se elevaba a lo más alto entre las nubes y lo que quería para él futuro de su hijo.
Y el dragón admiraba la valentía de Nick al salir de su zona de confort para crear una nueva historia.
El Brujo de Plata no tiene miedo del dragón y su fuego. Cada noche junto a su hija se apoyan en él para dormir bajo las estrellas, sintiendo el calor.
Se siente como si estuvieran formando una familia y él le encanta.
Los días pasaban y su conexión se hacía más fuerte. Aunque no se decían nada, sus miradas los delataban y eso no pasó desapercibido por los astutos ojos de Solana.
-A ver papá, llevamos mucho tiempo aquí y no es que sea una experta en estos temas, pero dime la verdad.- Toma una bocanada de aire y sostiene la mano de Nick. -¿Es posible que te guste el señor Brante?.- Nick se sorprendió con la pregunta.
Titubea al contestar. -Puede que sí~ no estoy seguro.- La chica sonríe y abraza a su padre. -¿Y tú cómo sabes de esto?.-
-Tengo ojos, puedo notar la tensión cuando se ven o rozan sus manos. Además, en el castillo muchas veces oí hablar a los sirvientes y guardias, describían esto o algo similar.-
-Cielos, estoy sorprendido. Espero que esto no te moleste.-
-Para nada, estoy realmente feliz, ya somos una familia un poco rara.- Sonríe hermosamente. -Creo que deberían confesarse antes de que mi hermano nazca.- Sostiene las mejillas de Nick entre sus manos. -¿No te parece?.- Y sus ojos de plata, idénticos a los de su padre brillan con intensidad por el entusiasmo.
-Solana, eres una niña traviesa.- Abraza más fuerte a su retoño.
que le isieron ?