Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.
NovelToon tiene autorización de Leo Rg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Donde te encuentras... o te pierdes
No hubo transición.
No hubo aviso.
Solo oscuridad.
Pero no era una oscuridad vacía… era pesada. Como si tuviera forma. Como si te empujara desde todos lados al mismo tiempo.
Elena sintió que no tenía cuerpo.
Ni manos.
Ni aire.
Nada.
Intentó respirar… pero no sabía si lo estaba logrando.
Intentó abrir los ojos… pero ya estaban abiertos.
—¿Adrián…?
Su voz no salió.
O al menos… no la escuchó.
Silencio.
Entonces…
el agua.
No la veía.
Pero la sentía.
Fría.
Alrededor.
Encima.
Dentro.
Elena empezó a moverse… o a intentar moverse.
Y de pronto…
tocó fondo.
Un golpe seco.
Rodillas contra algo duro.
Y el aire volvió.
De golpe.
Brusco.
Doloroso.
—¡Ah…!
Cayó hacia adelante, apoyando las manos.
Respirando como si llevara horas sin hacerlo.
El lugar…
no era el mismo.
Ya no estaba en el subterráneo.
Era un cuarto.
Blanco.
Demasiado blanco.
Las paredes lisas, sin marcas. El suelo limpio, brillante. El aire frío, artificial.
Y ese olor…
ese olor que no se olvida.
Hospital.
Pero peor.
Elena levantó la mirada lentamente.
—No…
Lo reconocía.
Aunque no quería.
—No… no…
Se puso de pie tambaleándose.
—Esto no es real…
Una puerta.
Al fondo.
Cerrada.
Un vidrio.
A un lado.
Y al otro lado del vidrio…
sombras.
Figuras.
Elena retrocedió un paso.
—No… no otra vez…
Un sonido.
Bip…
Bip…
Bip…
Su respiración se aceleró.
Miró sus manos.
Tenían marcas.
Pequeñas cicatrices.
Como si algo hubiera estado conectado ahí durante mucho tiempo.
—No… —susurró— yo no…
La puerta se abrió.
Un sonido limpio.
Preciso.
Y alguien entró.
No se veía el rostro.
Solo la silueta.
Una bata.
Guantes.
—Nivel estable —dijo una voz.
Fría.
Sin emoción.
Elena retrocedió.
—Aléjate…
No la escucharon.
—La conexión responde —dijo otra voz desde afuera.
Elena negó con la cabeza.
—No… no soy eso…
La figura se acercó.
Lento.
Seguro.
Como si ella no fuera una persona.
—Ajustando parámetros.
Elena sintió algo en la cabeza.
Una presión.
—¡Para!
Dolor.
Un recuerdo golpeó.
Agua.
Otra vez.
Su cuerpo cayendo dentro de ese tanque.
—¡NO!
Elena gritó.
Pero esta vez…
sí se escuchó.
El cuarto se distorsionó.
Las paredes vibraron.
El vidrio se agrietó.
Las figuras al otro lado retrocedieron.
—Inestabilidad —dijo una voz.
—Aumentando control.
El dolor creció.
Elena cayó al suelo.
Sujetándose la cabeza.
—¡No… no me toquen…!
Y entonces…
algo cambió.
Una voz.
No fría.
No ajena.
—Elena.
Silencio.
Ella levantó la mirada.
Adrián.
No estaba claro.
No del todo.
Como una imagen… que no terminaba de formarse.
Pero era él.
—No es real —le dijo.
Elena respiró agitada.
—Se siente real…
—Lo sé.
Se acercó un poco.
—Pero no estás ahí.
El cuarto volvió a temblar.
—Entonces… ¿dónde estoy?
Adrián la miró.
Y por primera vez…
parecía preocupado de verdad.
—Dentro.
Silencio.
—¿Dentro de qué?
Pausa.
—De lo que ellos hicieron contigo.
Eso la golpeó más que todo.
Elena bajó la mirada.
—Entonces nunca salí…
—Sí saliste.
—No del todo.
El vidrio terminó de romperse.
Las figuras empezaron a entrar.
Más.
Más de una.
—Reiniciando conexión —dijo una voz.
Elena empezó a retroceder.
—No… no quiero volver ahí…
Adrián dio un paso más cerca.
—Entonces no vuelvas.
—No sé cómo.
Silencio.
—Mírame.
Ella lo hizo.
—Esto no es tuyo.
—Te lo metieron.
Elena respiró.
Temblando.
—Entonces… ¿qué es mío?
Adrián no dudó.
—Lo que eliges ahora.
Las figuras se acercaban.
Más rápido.
—¡Sujétenla!
Elena cerró los ojos.
El ruido.
El dolor.
El pasado.
Todo mezclándose.
Y en medio de todo eso…
pensó en algo.
No en el laboratorio.
No en el agua.
En él.
En cómo la miraba.
En cómo no la soltaba.
En cómo, incluso ahora…
estaba ahí.
—No… —susurró— no voy a volver…
El suelo vibró.
—¡Control fallando! —gritó una voz.
Elena abrió los ojos.
Y gritó.
Pero no de miedo.
De decisión.
—¡NO SOY ESO!
Todo explotó.
Luz.
Agua.
Ruido.
Y de golpe…
silencio.
Elena abrió los ojos.
Otra vez en el subterráneo.
De rodillas.
Empapada.
Respirando fuerte.
Adrián frente a ella.
Sosteniéndola.
—Oye… oye… mírame…
Ella lo miró.
Y sin pensarlo…
se lanzó hacia él.
Lo abrazó fuerte.
Como si si lo soltaba… se iba a romper.
—Estoy aquí… —susurró.
Adrián la sostuvo igual.
Firme.
Real.
—Lo sé.
Mateo miraba alrededor.
Tenso.
—Odio decirlo ahora…
Pero ya se escuchaban.
Pasos.
Muy cerca.
Elena no soltó a Adrián.
—No voy a volver ahí…
Él apoyó la frente contra la de ella.
—No te voy a dejar.
Silencio.
Corto.
Pero necesario.
Y entonces…
Adrián se separó apenas.
—Pero ahora tenemos que salir de aquí.
Elena asintió.
Pero esta vez…
algo había cambiado.
Su mirada ya no era la misma.
Ahora había algo más.
Más control.
Más claridad.
Más… poder.
Y arriba…
lo que venía…
no era lo mismo que antes.
Porque ahora…
ellos no eran los mismos tampoco.
Y cuando dejas de ser la persona que querían controlar…
te conviertes en lo que más temen.