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Enamorada De Un Zorro

Enamorada De Un Zorro

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Demonios / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marceth S.S

Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.

Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.

Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.

NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8: Guardianes

Dormí durante todo el día, un sueño pesado y sin imágenes que me dejó el cuerpo molido. Al despertar, el templo estaba sumido en un silencio sepulcral. Encontré una nota del abuelo Juanjo sobre la nevera, había ido al mercado del pueblo y tardaría un par de horas.

La soledad, que antes me resultaba reconfortante, ahora me erizaba la piel. Desde que aquellas pesadillas empezaron a devorar mis noches, quedarme sola se sentía como una invitación al desastre. El silencio no era paz, era una espera tensa.

De pronto, el suelo bajo mis pies vibró. Unas pisadas pesadas, que hacían crujir la madera ancestral del templo, resonaron desde el pasillo principal seguidas de un gruñido gutural que me heló la sangre. Se me cortó la respiración cuando, recortado contra la luz de la entrada, apareció él. Mi mayor temor, el protagonista de mis noches de insomnio, el demonio de ojos rojos.

—¡Loraine Romo! —Su voz no era humana, era un estruendo de piedras chocando, una vibración demoníaca que hacía doler los oídos—. Por fin te encuentro.

—No puede ser... ¡tú no eres real! —grité, retrocediendo hasta chocar con la encimera. Mis manos temblaban tanto que apenas podía sostenerme.

—Claro que soy real, pequeña —dijo, mostrando unos dientes afilados como cuchillas—. Ahora ven aquí para que pueda despedazarte.

El pánico activó mis instintos. Salí corriendo hacia la parte trasera, pero él era sobrenaturalmente rápido. Su mano, una garra oscura del tamaño de mi torso, me atrapó por la cintura.

El aire abandonó mis pulmones mientras me apretaba con una fuerza bruta, aplastando mis costillas. Cerré los ojos, sintiendo cómo la oscuridad me reclamaba, resignada a que mi viaje terminara antes de empezar.

Pero entonces, la presión desapareció.

Un rugido salvaje hizo temblar las paredes. Caí de rodillas, jadeando por oxígeno, y alcé la cabeza para ver una escena imposible, un felino gigante, una bestia de pelaje naranja fuego y ojos brillantes, estaba encaramado sobre la espalda del demonio. Luchaban con una ferocidad ciega.

El demonio alzó al gato gigante y, con una fuerza descomunal, lo lanzó contra una de las vigas maestras del templo. El estrépito de la madera rompiéndose fue ensordecedor.

El demonio volvió su mirada roja hacia mí. Traté de gatear, de huir, pero una de sus garras me alcanzó la pierna. Sentí el desgarro ardiente y el calor de la sangre empapando mi pantalón. Antes de que pudiera rematarme, el gato gigante se lanzó de nuevo, hundiéndole los colmillos en la garganta y arrastrándolo hacia el interior del templo en una nube de escombros y polvo.

Aproveché ese segundo de vida. Salí corriendo hacia el bosque, ignorando el dolor punzante de mi pierna. Solo había un lugar donde sentía que podía estar a salvo, o al menos, donde alguien podría enfrentar a esa cosa.

Busqué a Evan.

Lo encontré en un claro, recostado sobre el pasto como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos.

¿Por qué no estaba en su cueva?

Al verme llegar, bañada en sudor y con la pierna ensangrentada, su indiferencia se evaporó.

—Joder, niña... ¿qué te ha pasado? —se puso en pie de un salto, con los ojos dorados brillando de alarma.

No pude responder. El demonio apareció entre los árboles, derribando troncos a su paso.

—¡Ahí estás! —rugió la bestia—. ¡ENTRÉGAME EL MEDALLÓN DE IZANAGI!

Se abalanzó sobre mí, pero el gato gigante —el Bakeneko— surgió de las sombras una vez más para interceptarlo. En ese instante, Jean apareció de la nada, tomándome del brazo y arrastrándome junto a Evan a una distancia segura.

—¿Qué carajos hiciste para enojar tanto a Jandikal? —preguntó Evan. Estaba apoyado contra un árbol, observando la carnicería con una calma que me resultó insultante.

—¡No sé quién mierda es ese tipo ni qué quiere de mí! —exclamé, tratando de presionar mi herida para detener el sangrado.

—Dijo algo sobre un medallón... —Jean me miró con una mezcla de sospecha y asombro, empezando a rebuscar entre mi ropa con manos frenéticas—. ¿Acaso tú eres la protectora del Medallón del Dios Izanagi?

—¡Que no lo sé! ¡No tengo ningún medallón! —le grité, apartándola de un empujón.

—Es cierto, no percibo el rastro del objeto con ella —confirmó Evan, entrecerrando los ojos. Su expresión cambió, volviéndose depredadora—. Yo ayudaré al Bakeneko. Jean, saca a la chica de aquí.

Evan se lanzó al combate con una velocidad que el ojo humano apenas podía seguir. Mientras corría, tres de sus colas plateadas se desplegaron tras él, vibrando con energía oscura. De cada una de ellas empezaron a brotar esferas de fuego negro que lanzó contra el demonio, iluminando el bosque con explosiones de poder espiritual.

El estruendo de la batalla era ensordecedor. Las esferas negras de Evan explotaban contra la piel correosa de Jandikal, mientras el Bakeneko rugía con una furia que hacía vibrar mis propios huesos.

Jean me tomó de los hombros, sacudiéndome con una fuerza que me obligó a enfocar la vista en sus ojos violetas, que ahora brillaban con una urgencia aterradora.

—¡Loraine, mírame! —gritó sobre el ruido de los árboles astillándose—. Tienes que hacer un trato con Evan. ¡Es la única forma de que salgas viva de esta situación!

—¡¿De qué demonios hablas?! —le devolví el grito, sintiendo cómo el calor de la sangre me empapaba la pierna—. ¡¿De qué me sirve un trato ahora?! ¡Esa cosa me quiere muerta!

—¡Jandikal es uno de los peores demonios que existen! —explicó Jean, mirando de reojo cómo la bestia de ojos rojos repelía uno de los ataques de Evan—. Cuando él marca a una presa, no se detiene hasta obtener lo que quiere. Si ellos no logran acabar con él ahora, te perseguirá hasta el fin del mundo. ¡Necesitas el vínculo con Evan!

—¿Por qué él? No entiendo nada, Jean... —susurré, sintiendo que el mundo me daba vueltas por la pérdida de sangre y el pánico.

—¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Ve por la esfera blanca que está dentro de la cueva! ¡Ahora!

Jean me dio un empujón tan fuerte que estuve a punto de caer de bruces sobre el pasto. Me quedé allí, paralizada, mirando el caos de garras y fuego plateado que se desarrollaba a pocos metros. El miedo era una cadena de hierro que me anclaba al suelo.

—¡Hazlo, Lolo! ¡Mueve el trasero si quieres vivir!

Me armé con cada gramo de valor que me quedaba y eché a correr hacia la cascada, cojeando y apretando los dientes por el dolor de la rajada en mi pierna. Entré en la gruta y, como si me estuviera esperando, la esfera blanca brillaba sobre el altar con una intensidad cegadora.

En cuanto mis dedos rodearon su superficie fría, un pulso de energía recorrió mis brazos, haciendo que la esfera emitiera un destello tan fuerte que iluminó cada rincón de la cueva.

Ignoré el hormigueo eléctrico y regresé al claro, jadeando, con la esfera apretada contra mi pecho.

—¡La tengo! ¡¿Y ahora qué hago?! —grité, llegando al lado de Jean.

Ella me miró con una seriedad que me heló el alma.

—Tienes que besar a Evan.

Me quedé de piedra. Por un segundo, el rugido de Jandikal pareció silenciarse en mi cabeza.

—¡¿Perdón?! ¡¿Y eso como para qué?! —pregunté, convencida de que Jean se había vuelto loca por el estrés de la batalla.

—¡Es la única forma de cerrar un trato de sangre con un Kyubi! —respondió ella, exasperada, señalando a Evan, quien comenzaba a retroceder ante un golpe masivo del demonio—. El beso transfiere tu esencia y sella el contrato. ¡Hazlo rápido, Loraine!

—¡Yo no puedo hacerlo! —Joder, si bien hace unas horas pensaba que sus labios eran lo más tentador del mundo, no me creía capaz de hacerlo así, rodeada de monstruos, sangre y árboles cayendo.

 ¡Mi primer beso no podía ser un contrato de supervivencia!

Jean me tomó de la barbilla, obligándome a ver cómo Jandikal alzaba su garra sobre un Evan que parecía agotado.

—¿Quieres morir aquí, Loraine? —me preguntó con una voz gélida que no admitía réplicas.

—¡No!

—¡Entonces corre y hazlo!

Apreté la esfera contra mi cuerpo, sentí el ardor de mi pierna y miré la figura plateada de Evan.

No había más opciones.

Era el beso o la tumba.

Sé que Evan me va a matar después de esto. Si sobrevivimos a Jandikal, él mismo se encargará de borrarme de la existencia por mi atrevimiento, pero no tengo opción. El aire huele a barro y a azufre, y cada segundo que pasa, la vida se me escapa por la herida de la pierna.

Corrí hacia el centro del caos, esquivando las ramas que restallaban como látigos. Evan estaba allí, envuelto en un aura de plata, lanzando esferas de energía negra que impactaban contra el pecho del demonio con el estruendo de un cañón. Me lancé hacia él y le tomé el brazo con desesperación, obligándolo a detener su ataque.

Él se giró hacia mí, con las pupilas doradas dilatadas por la sed de sangre y el esfuerzo.

—¡¿Qué mierda haces aquí?! —masculló, con una voz que era puro veneno—. ¡Deberías estar lejos, humana estúpida!

Lo ignoré.

El miedo había sido reemplazado por una adrenalina helada que me recorría las venas. Con un movimiento rápido, tomé su rostro entre mis manos, su piel se sentía como mármol frío bajo mis dedos.

Me puse de puntillas, invadiendo su espacio personal, y lo escuché jadear, sorprendido por la cercanía repentina. Sus manos subieron instintivamente para apartarme.

—¿Qué hac...?

—Evan… sé mi Dios protector —susurré contra sus labios, sintiendo su aliento gélido sobre mi piel.

Sin dejarle espacio para reaccionar, lo besé.

Evan abrió los ojos de par en par, congelado por el impacto. Sentí cómo su respiración se detenía, como si el tiempo mismo se hubiera detenido dentro de la cueva. Sus manos se cerraron sobre mis hombros, apretando con una fuerza que amenazaba con quebrarme, intentando empujarme hacia atrás para romper aquel contacto sacrílego.

Pero yo no cedí.

Envolví mis brazos alrededor de su cuello con una fuerza que no sabía que poseía, anclándome a él, negándole la retirada.

Sentí cómo todo su cuerpo se tensaba, vibrando como una cuerda de violín a punto de romperse. Él no respondió al principio, estaba quieto, rígido como una estatua de hielo bajo la presión de mis labios.

Pero yo no me detuve. Necesitaba que el contrato se sellara, necesitaba su poder y, quizás, una parte de mí necesitaba quemar esa arrogancia suya de una vez por todas.

Le mordí el labio inferior, suave pero con la firmeza suficiente para sacar un gemido ahogado de su garganta. Fue una provocación, una chispa que encendió algo oscuro dentro de él.

Sentí el sabor metálico y dulce de su sangre en mi lengua, y por un segundo, el mundo se quedó en silencio absoluto. Evan soltó un gruñido profundo, un sonido que nació desde lo más profundo de su pecho y que vibró contra mis labios. Sus manos, que antes intentaban apartarme, cambiaron de intención bruscamente, se hundieron en mi cabello y me sujetaron la nuca con una posesividad aterradora.

Si yo quería una guerra, él me la daría.

Me devolvió el beso con una ferocidad que me hizo tambalear. Ya no era una estatua de hielo, era un incendio forestal. Sus labios se movían contra los míos con una fuerza bruta, reclamando cada rincón de mi boca como si estuviera marcando un territorio que ahora le pertenecía.

Por contrato obvio…

El aire se volvió pesado, cargado con el aroma a sándalo y electricidad que emanaba de su piel.

Entonces, sentí el dolor.

Evan me devolvió el gesto, pero con la fuerza de un depredador.

Me mordió el labio inferior con una intensidad que me hizo soltar un gemido ahogado contra su boca.

Totalmente merecido. Me estaba dejando claro que, aunque yo hubiera iniciado el trato, él seguía siendo el dueño del juego.

El exhaló contra mi boca, un sonido ronco que pareció drenar todo su autocontrol de golpe.

Me besó como si no supiera cuándo iba a poder hacerlo otra vez, con una mezcla de hambre y desesperación, como si se odiara profundamente por disfrutarlo pero fuera incapaz de detenerse.

 En ese instante, la sangre de mi labio se mezcló con la suya, sellando el contrato con un calor que me quemó por dentro.

En ese momento, la esfera blanca que estaba presionada entre nuestros pechos estalló en una luz blanca que nos envolvió a ambos.

Sentí su poder inundarme, nueve mil años de soledad, de batallas y de una fuerza antigua que ahora estaba a mi disposición. Y él… él debió sentir algo en mí que no esperaba, porque se separó de golpe, jadeando, con los labios manchados de mi sangre y los ojos dorados brillando con una mezcla de furia y desconcierto.

Había sellado el trato. Y por la forma en que el poder empezó a emanar de Evan en ese segundo, supe que el demonio de ojos rojos iba a desear no haber nacido nunca.

Jandikal, harto de ser ignorado, aprovechó nuestra distracción para lanzar un ataque masivo. Una ráfaga de energía oscura surcó el aire hacia nosotros, y por un segundo, pensé que moriríamos allí mismo, entrelazados.

Sin embargo, al separarme de Evan con el corazón martilleando en mis oídos, vi lo que mi pulso había provocado, una barrera dorada, translúcida y vibrante, nos rodeaba como una cúpula impenetrable. El ataque del demonio rebotó contra ella, deshaciéndose en chispas inútiles.

Evan me tomó en brazos con una facilidad asombrosa. Su mirada dorada ya no era de desprecio, estaba encendida con un fuego nuevo. Me llevó rápidamente al lado de Jean y me depositó con cuidado, aunque sus manos aún temblaban ligeramente.

—Cuídala —le ordenó, con una seriedad que no admitía réplicas.

Sin perder un segundo, el cuerpo de Evan estalló en un resplandor plateado. Se transformó en el Kyubi, el majestuoso zorro de nueve colas, y se lanzó al combate con una ferocidad renovada. El bosque entero parecía gemir bajo el peso de su presencia.

—¡Kim Evan! ¡No protejas a la humana! —rugió Jandikal, tratando de defenderse de los zarpazos combinados del Kyubi y del Bakeneko naranja—. ¡Esto no es problema tuyo, no te metas en los asuntos de los dioses!

Evan ignoró sus palabras, y lo que vi a continuación se quedó grabado en mi retina para siempre. Se irguió sobre sus patas traseras y sus nueve colas se elevaron hacia el cielo oscuro, brillando como constelaciones.

De cada una de ellas brotó una esfera negra de energía pura, las nueve esferas comenzaron a girar a una velocidad vertiginosa, fusionándose en el aire hasta crear una luna gigante de obsidiana y luz azul.

Con un movimiento grácil, Evan lanzó aquel astro oscuro contra Jandikal. El impacto no produjo una explosión de fuego, sino un silencio absoluto que consumió la materia.

El demonio de ojos rojos ni siquiera tuvo tiempo de gritar, su cuerpo se desintegró, convirtiéndose en cenizas negras que el viento del bosque dispersó en cuestión de segundos.

Evan regresó a su forma humana poco a poco, caminando entre la bruma que quedaba de su enemigo. Se detuvo, dándonos la espalda, y su voz resonó con una autoridad que hizo que hasta las luciérnagas se detuvieran.

—En el momento en que hicimos ese trato —dijo, volviendo ligeramente la cabeza para que su perfil plateado brillara bajo la luna—   ella dejó de ser una extraña para convertirse en mi problema.

Se hizo el silencio. Jandikal se había ido, pero el vínculo que ahora me unía a Kim Evan acababa de empezar, y sentí que mi vida anterior se había convertido en cenizas junto con aquel demonio.

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EYAM
ya quiero más capítulos porfavor está súper buena la novela ☺️
Lisandra Alvarez
exelente,me gusta mucho esta novela
Yooung
que lindo 😩
~Mio^Mio~
Que maravilla de historia... Me encanta 🤗
~Mio^Mio~
🤣🤣 ¡Diablos senorita!
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
tamaky
Que montón de cosas están pasando 😩
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭
tamaky
Ay yo JAHSJAJAJA
Yooung
Que atrevido 🤭
~Mio^Mio~
Que emoción!
~Mio^Mio~
Me gusta 🤗. Esta interesante
~Mio^Mio~
🤣
MONICA GODOY RIOS
🤯🤯🤯🤯😱😱😱😤
MONICA GODOY RIOS
Ella no estudia, no trabaja ,🤔
MONICA GODOY RIOS
Interesante 🤔y original
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