🚫⚠️Esta historia, termina en POLIAMOR. Sigan de largo si no les gusta y, no denuncien por fa...⚠️🚫
Seleriun, una deidad que intenta esconderse y encajar en un mundo mortal, a aceptar su inmenso poder.
Lucha contra su propia naturaleza, mientras el destino y sus enemigos lo obligan a revelarse.
(Es la continuación de "Luna de Plata")
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Todos están desesperados por atraparte
El aire en el dormitorio 321 se volvió tan espeso que Galen y Alec tuvieron problemas para respirar. No era solo la humedad del Reino del Sur, era la presión del maná hostil que se cerraba sobre el edificio como una red invisible. Seleriun estaba de pie en el centro de la habitación, con las manos temblando. Sus ojos de galaxia, ocultos tras el hechizo de Sil, ardían con una intensidad blanca que amenazaba con romper el camuflaje.
-Seleriun, ¿qué pasa?- Susurró Alec, invocando una pequeña esfera de agua en su mano, sintiendo cómo el líquido vibraba por la agitación de su dueño.
-Están en los pasillos...- Respondió Seleriun con una voz que no era la suya, sino la de una deidad acorralada -Son muchos. Si uso mi poder ahora para barrerlos, la frecuencia despertará al Monstruo del Vacío. Está acechando en la falla del tejido, esperando que yo cometa un error. Si libero mi luz, el Vacío vendrá y la Academia entera, con todos los estudiantes y profesores inocentes, será devorada en un segundo. No puedo defenderme. No esta vez.-
Galen se colocó frente a él, sus alas azules asomando levemente a través de su túnica, sus ojos convertidos en rendijas de reptil.
-Entonces nosotros seremos tu escudo, Gris. Nadie te va a tocar.-
De repente, la puerta se abrió de golpe. No eran los espías, era Eliot. El hijo del Archiduque entró con el rostro pálido y el cabello negro revuelto, sosteniendo con fuerza un bolso de cuero viejo que parecía pesar una tonelada.
-¡Muévanse, ahora!- Siseó Eliot, cerrando la puerta con tres cerrojos mágicos de un solo golpe -Los espías de Arev ya están neutralizando a los guardias de la entrada oeste y las Islas Azules han bloqueado las salidas principales con escudos de vapor. Estamos atrapados si no salimos por las tuberías de servicio.-
-¿Por qué nos ayudas, Eliot?- Preguntó Alec, desconfiado, mientras guardaba lo esencial en una mochila mágica.-
Eliot se ajustó la correa de su bolso de cuero. Dentro, se escuchaba un leve tintineo metálico.
-No es momento para preguntas, "Príncipe de las Mareas". Mi padre me envió una orden directa. Digamos que los Von Zale no queremos ver este mundo convertido en cenizas porque dos reyes codiciosos quieran jugar a los soldaditos con una deidad. ¡Andando!-
El grupo salió al pasillo, moviéndose como sombras. Seleriun sentía una angustia que le apretaba el pecho. Podía sentir la presencia de los asesinos a solo unos metros, escondidos detrás las estatuas. Su instinto le gritaba que lanzara una onda de choque, que borrara la amenaza de una vez, pero la imagen de sus compañeros de clase durmiendo plácidamente en las habitaciones contiguas lo frenaba. Era una tortura: tener el poder de un dios y verse obligado a huir como un ratón.
-Es desesperante...- Susurró Seleriun mientras bajaban por una escalera de caracol oculta tras un tapiz -Siento sus intenciones asesinas. Siento cómo desenvainan sus dagas. Y no puedo hacer nada.-
-Haz lo que dijo Nick, Sele.- Le susurró Galen, tomándole la mano con fuerza. Su piel estaba caliente, ardiendo de adrenalina -Confía en nosotros. No necesitas ser una deidad hoy, solo necesitas ser nuestro Sil. Nosotros nos encargamos del resto.-
Eliot los guió hacia los sótanos, un laberinto de piedra y humedad que olía a moho y a magia antigua. El bolso de cuero de Eliot emitía un brillo tenue, casi imperceptible.-
-Aquí —dijo Eliot, señalando una rejilla de hierro -Lleva directamente a los bosques que rodean la Academia. Muelén nos está esperando allí.-
De repente, un sonido metálico resonó detrás de ellos. Cinco figuras vestidas con las armaduras ligeras de las Islas Azules aparecieron en la oscuridad. Sus ojos brillaban con un azul eléctrico, señal de que estaban usando pociones de visión nocturna.
-Entreguen al chico.- Dijo el líder, desenvainando una espada corta -Las Islas necesitan su luz. No obliguen a que derramemos sangre real en este sótano.-
Galen soltó un rugido bajo y sus puños se encendieron en un fuego azul intenso. Alec levantó los brazos, haciendo que la humedad de las paredes se condensara en lanzas de hielo afiladas.
-Tendrán que pasar por encima de mi cadáver.- Rugió Galen.
-¡No peleen a muerte!- Rogó Seleriun, sintiendo cómo el espacio empezaba a vibrar -¡Si la energía escala, el portal del Vacío se abrirá!-
Eliot, en un movimiento rápido, metió la mano en su bolso y sacó una pequeña caja de madera oscura, pero no la abrió. Solo la sostuvo con fuerza.
-¡Corran hacia la rejilla! ¡Yo los distraeré!- Gritó Eliot.
-¡Ni hablar!- Respondió Alec, lanzando sus lanzas de hielo para crear una barrera entre ellos y los perseguidores -¡Nadie se queda atrás!-
La adrenalina corría por sus venas como fuego líquido. Seleriun se sentía impotente, viendo cómo Alec y Galen se esforzaban al máximo para contener a los espías usando solo magia de bajo nivel para no llamar la atención del Vacío. El sudor corría por la frente de Alec, y Galen jadeaba mientras bloqueaba ataques con sus brazos reforzados por escamas.
-¡Por aquí!- Eliot empujó una palanca oculta y una parte del muro se deslizó, revelando un túnel natural -¡Rápido!-
Los cuatro se lanzaron al túnel justo cuando una explosión de energía azul golpeaba el lugar donde habían estado. Corrieron por la oscuridad, con el corazón latiendo a mil. Seleriun sentía que cada paso era una victoria contra su propio deseo de estallar en luz.
Después de lo que parecieron horas de correr por la tierra y las raíces, la luz de las estrellas apareció al final del túnel. Salieron jadeando al aire libre, en medio de la espesura del bosque oscuro. Muelén estaba allí, con su arco de madera de plata listo, junto a un carruaje invisible envuelto en hechizos de camuflaje de Susy.
-¡Suban!- Ordenó Muelén con urgencia -Las naves de Arev ya están sobrevolando el perímetro. Tenemos diez minutos antes de que sus radares nos localicen.-
Una vez dentro del carruaje, el silencio cayó sobre ellos, roto solo por el sonido de sus respiraciones agitadas. Seleriun se dejó caer en el asiento, ocultando el rostro entre sus manos.
-Casi pierdo el control...- Susurró -Estaba a punto de liberar el juicio de plata. Gracias por detenerme.-
Eliot, sentado frente a ellos, soltó un suspiro de alivio y colocó la caja de madera sobre sus rodillas. Sus manos aún temblaban.
-Estamos a salvo por ahora. El carruaje está blindado contra rastreo.-
Galen miró la caja con curiosidad y desconfianza.
-¿Qué es eso que tanto cuidas, Eliot? Casi nos matan y no soltaste ese bolso de cuero.-
Eliot miró a Seleriun y luego a los príncipes. Con un movimiento lento, abrió la caja. Dentro, reposaban dos prismas de cristal que emitían una luz suave, rítmica, como un latido de corazón.
-Son Prismas de Memoria- Explicó Eliot con voz solemne -Contienen dos secretos de la luna que mi familia, los Von Zale, ha custodiado por generaciones. Mi padre me dijo que solo debía mostrárselos a Seleriun cuando estuviéramos fuera del alcance de los espías.-
Seleriun se acercó, atraído por la energía familiar de los prismas. Podía sentir la esencia de su abuelo Nick y algo mucho más antiguo fluyendo desde el cristal.
-¿Qué secretos?- Preguntó Seleriun.
Eliot cerró la caja rápidamente.
-No aquí. Todavía estamos demasiado cerca. Cuando lleguemos al refugio de Picos de Obsidiana, entenderás por qué todos están tan desesperados por atraparte. No es solo por tu poder, Seleriun... es por lo que fuiste antes de ser un niño.-
El carruaje se elevó silenciosamente hacia las nubes, dejando atrás la Academia y un mundo que acababa de declarar la guerra por el corazón de una deidad. Seleriun miró a Galen y Alec, quienes se sentaron a sus flancos, protegiéndolo incluso en el cansancio. El secreto de la luna estaba a punto de ser revelado, y Seleriun sabía que, después de esa noche, Sil desaparecería para siempre.