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Acordes Prohibidos

Acordes Prohibidos

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Mi nombre es Katherine, soy maestra sustituta en la universidad de Ozark las cosas se me complican cuando mi vida se topa con un Estudiante de nombre Teo, ese chico es la rebeldía en persona y el Diablo salido del Infierno.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 23

El auditorio de la universidad era un templo de acústica perfecta, un espacio donde el silencio tenía un peso físico y las notas más sutiles del violín podían alcanzar la última fila con la claridad de un susurro al oído. Esa mañana, el recinto estaba sumido en una penumbra artificial, iluminado únicamente por los focos que bañaban el centro del escenario. Katherine estaba allí, sola, con su figura recortada contra el terciopelo carmesí de las cortinas. Vestía un traje sastre de color marfil, impecable y profesional, pero su espíritu estaba lejos de la pulcritud de su ropa.

Había pasado la mañana practicando una pieza de Niccolò Paganini, una composición técnica y endemoniadamente rápida que exigía una precisión matemática. Sin embargo, mientras sus dedos volaban sobre las cuerdas, Katherine no sentía la frialdad de la técnica. Sentía el eco de su propia estrategia del día anterior. Recordaba la expresión de impotencia en el rostro de Teo cuando ella lo provocaba frente a Kay, y esa pequeña victoria le otorgaba una confianza peligrosa, una embriaguez de poder que se filtraba en su música, volviéndola más agresiva, más vibrante.

Desde la oscuridad del anfiteatro, una sombra se materializó. No necesitaba verlo para saber que estaba allí. El aire mismo parecía cambiar de densidad cuando Teo entraba en una habitación. Él no aplaudía, no interrumpía; simplemente se quedaba al acecho, apoyado contra una de las columnas laterales, con los ojos morados fijos en la mujer que, sobre el escenario, parecía una diosa inalcanzable.

Katherine terminó la última nota con un movimiento seco de su arco, dejando que el vibrato final se extinguiera lentamente en la inmensidad del auditorio. El silencio que siguió fue denso, cargado de una tensión que hacía que el vello de sus brazos se erizara.

—Una ejecución perfecta, maestra —la voz de Teo resonó desde las sombras, arrastrando las palabras con una mezcla de admiración y amenaza—. Pero me pregunto si tanta técnica no es más que una forma de ocultar que se está muriendo de ganas de perder el control.

Katherine bajó el violín, sosteniéndolo con una mano mientras con la otra se limpiaba una gota de sudor de la frente. Mantuvo la barbilla en alto, desafiante.

—El control es lo que me diferencia de ti, Teo. La música requiere disciplina, algo que tú claramente desconoces.

Teo comenzó a caminar hacia el escenario. Sus pasos, lentos y rítmicos sobre la madera, sonaban como tambores de guerra. Subió los escalones laterales sin apartar la mirada de ella. Katherine no retrocedió. Se quedó inmóvil, dejando que él invadiera su espacio personal hasta que pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

—Ayer jugó muy bien, Katherine —susurró él, deteniéndose a escasos centímetros de su rostro—. Me tuvo toda la noche pensando en cómo iba a cobrarme cada uno de esos roces frente a su hermano. Me hizo arder de una manera que ni mil duchas frías pudieron apagar.

—Ese era el plan —respondió ella con una sonrisa gélida—. Quería que supieras lo que se siente querer algo y no poder tocarlo.

Teo soltó una carcajada baja, un sonido que vibró en el estómago de Katherine.

—El problema de su plan, maestra, es que aquí no hay público. No está Kay para protegerme de mis impulsos, ni Sergio para actuar como su escudo de decencia. Aquí solo estamos nosotros dos... y este auditorio vacío que no va a contarle sus secretos a nadie.

Antes de que Katherine pudiera reaccionar, Teo dejó caer su mochila al suelo y, con un movimiento fluido y potente, la tomó por la cintura. La levantó en vilo, cargándola contra su torso con una fuerza que le recordó a Katherine que, por mucho que ella jugara a ser la cazadora, él seguía siendo la fuerza dominante en esa ecuación.

—¡Teo! ¡Cuidado con el violín! —exclamó ella, tratando de proteger su instrumento mientras sus piernas se enredaban instintivamente alrededor de la cintura del muchacho.

Teo no se detuvo. Caminó con ella en brazos hacia la pared lateral del escenario, donde las sombras eran más densas. Con un empujón decidido, pegó la espalda de Katherine contra la superficie fría y sólida de la pared de concreto, manteniéndola elevada para que sus rostros quedaran al mismo nivel.

—Dígame de nuevo lo de la disciplina, Katherine —siseó él, su aliento mezclándose con el de ella—. Dígame que no quiere que la destroce aquí mismo por haberme provocado ayer.

—Te... te odio... —balbuceó ella, aunque sus manos, traicioneras como siempre, ya se habían soltado del violín (dejándolo caer sobre el estuche abierto que estaba cerca) para enredarse en el cuello de la camisa de Teo.

—Miénlteme otra vez —respondió él, antes de estrellar sus labios contra los de ella.

Fue un beso cargado de la frustración acumulada de las últimas veinticuatro horas. No hubo delicadeza, solo el choque de dientes y lenguas que buscaban dominar. Teo la sujetaba con una mano firme bajo sus glúteos, mientras la otra subía para desabrochar con urgencia los botones del traje sastre de Katherine. La tela blanca se abrió, revelando la piel pálida que ya empezaba a sonrojarse ante el contacto.

Teo comenzó a poseerla allí mismo, contra la pared del auditorio, con una urgencia que rayaba en lo desesperado. Los movimientos eran rítmicos y contundentes, haciendo que el cuerpo de Katherine se sacudiera contra el muro. Ella echó la cabeza hacia atrás, clavando las uñas en los hombros de Teo, mientras gemidos descontrolados escapaban de su garganta y subían hacia las vigas del techo, perdiéndose en la acústica que ella tanto había alabado.

—¿Sigue siendo... una estrategia? —gruñó Teo entre dientes, su rostro enterrado en el hueco del cuello de ella—. ¿Le gusta... este resultado?

Katherine no podía articular palabras. Su mente se había nublado por completo, reemplazando la lógica y la venganza por un placer punzante que la hacía vibrar desde la médula espinal. Se dio cuenta de que, aunque su juego de seducción había funcionado para herir el orgullo de Teo, también había servido para alimentar su propio hambre. Estaba pagando el precio de su provocación, y lo estaba haciendo con una entrega que la aterraba.

El eco de sus cuerpos chocando contra la pared era el único sonido en el recinto, un ritmo primitivo que desafiaba la sofisticación de las partituras que ella solía interpretar. Teo no tuvo piedad; la tomó una y otra vez, reclamando cada rincón de su ser, asegurándose de que el rastro de Sergio fuera borrado definitivamente por la intensidad de su fuego.

Cuando el clímax los alcanzó, Katherine se aferró a Teo como si fuera el único punto sólido en un mundo que se desmoronaba. Soltó un grito que resonó en todo el auditorio, una nota pura de rendición que Paganini nunca habría podido escribir. Teo la sostuvo contra la pared hasta que los espasmos cesaron, su propia respiración era un vendaval que quemaba la piel de la maestra.

Lentamente, Teo la bajó hasta que sus pies tocaron el suelo de madera. Katherine se tambaleó, sus piernas temblando tanto que tuvo que apoyarse en él para no caer. Teo le acomodó el cabello blanco, retirando los mechones que se habían pegado a su rostro sudoroso con un gesto que, por un segundo, pareció casi tierno.

—Mañana en el desayuno —susurró Teo, recuperando esa sonrisa descarada que ella tanto odiaba y amaba a la vez—, trate de no mirarme de esa manera frente a Kay. No querrá que repitamos esta lección en la cocina, ¿verdad?

Teo recogió su mochila y salió del auditorio con la misma parsimonia con la que había entrado, dejándola sola frente al escenario. Katherine se quedó apoyada contra la pared, tratando de estabilizar su respiración. Miró su violín, tirado en el estuche, y luego sus propias manos, que aún temblaban. Había intentado jugar con el fuego y, aunque había logrado quemar a Teo, se había dado cuenta de que ella misma ya estaba envuelta en llamas. El juego de poder continuaba, pero ahora Katherine sabía que no importaba quién ganara la batalla del día; en esa guerra de pasiones, ambos estaban destinados a consumirse por completo.

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§∆No$uK€ 🐾
mmhv 🐾 tanta ansiedad 🤣
§∆No$uK€ 🐾
🐾cm nos gusta y ns revienta Qando ns hacen caer 😒
§∆No$uK€ 🐾
si sería animal bestia 🐾 🤣
§∆No$uK€ 🐾
mmhv la volvió a secuestrar 🐾
§∆No$uK€ 🐾
🐾otra ronda cantinero /Doge/
§∆No$uK€ 🐾
/Hug/
§∆No$uK€ 🐾
/Hug/🐾
§∆No$uK€ 🐾
mmhv eso es tnr hambre 🐾 /Hug/
§∆No$uK€ 🐾
🐾 mmhv mnor mis respetos 🤣
§∆No$uK€ 🐾
🐾 q m enseñe
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
pequeña zorra 🙊🤣JAJAJJAJA
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
que sabia eres mi yo 😶 JAJAJJAJA ni yo me lo creo
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
este hijo!!! osh ahora entiendo tanto a Katherine!! /Right Bah!/
belleza
me encanta
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
ash es lo que me molesta!! el busco a otra y se queja!! pinche cabron cara dura !! sin vergüenza!!! bestia!!/Right Bah!/
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
jajajaj 🤣 amo!!! seria yo totalmente ✨️
꧁𝑨𝑹𝑬𝑺꧂
Esta novela Ta' como rara
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
Calla Ali calla /Curse//Curse/
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
calla!!! búscate otro 🤣
✮⃝🦋𝓬𝓐𝓵𝓲 𝒟𝒶𝓇𝓀 ℱ 𝒩𝓎𝓍
eh? como que suspiros mujer!!! nonte puede gustar!!!
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