Gabriel es el ceo multimillonario de una empresa a la que le va demasiado bien y Levi está obligado a casarse con él para salvar la empresa de su padre.
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Capítulo 07.
Sentí como los labios de mi esposo exploraban mi cuello con la intención de dejar marcas al mismo tiempo en que siento sus manos en mi trasero y mi espalda pegada a una de las paredes de su habitación.
Volvimos a casa en cuanto antes y directamente nos dirigimos hasta aquí. Primera vez que estoy en este lugar y es sorprendente la razón del porqué.
Lleve mis manos a su pecho terminando por quitarle su camisa y aventándola a cualquier parte de la habitación. Me agarró de la cintura y en un rápido movimiento me giró haciendo que le diera la espalda. Pude sentir sus manos desabrochando mi vestido y despojarlo lentamente de mi cuerpo. Me sentí orgulloso de la ropa interior que decidí ponerme.
Volvió a girarme y sin previo aviso dirigió sus manos a mi trasero y me alzó haciendo que enrollara mis piernas en su cadera. Nos llevo a ambos a la cama dejándome caer sobre ella y frente a mi se terminó de desvestir.
Su cuerpo totalmente desnudo me fascinó y supe que había una gran posibilidad de pasar una buena noche el día de hoy. Gabriel es físicamente atractivo y completamente mi tipo, así que sin duda estoy un poco emocionado.
—¿Qué? ¿Te impresiona lo que ves que te quedaste sin palabras?— Se burló.
—Deja de hablar y apresúrate antes de que me dé por dejarte con las ganas.
Abrí mis piernas recibiéndolo cuando su cuerpo se coloco encima del mío. Lleve mis manos detrás de su cabeza enterrando mis dedos en su cabello cuando sus labios chocaron con los míos.
Sus manos se movieron hacia mi cadera y en un rápido movimiento quito mi ropa interior dejándome completamente desnudo y antes de apartarse sentí como tiro de mi labio inferior con sus dientes. Lleve mi cabeza hacia atrás cuando volvió a dejar marcas en mi cuello.
—He de confesar que te veías jodidamente caliente con ese vestido.— Susurro en mi oreja.
—Estoy orgulloso de no inclinarme a tus gustos horrendos.— Me burle.
Solté un pequeño grito acompañado de una risa cuando mordió una pequeña parte de la piel de mi cuello. Lleve mis manos a su pecho deleitándome al tocar sus pectorales. Sin duda agradezco las horas que pasa en el gimnasio.
Seguimos besándonos y tocándonos el uno al otro, hasta que llego el momento de prepararme. Se puso de pie y lo mire sacar una pequeña botella de lubricante junto a un preservativo. No me sorprendió que tuviera esos objetos en la pequeña mesa a lado de su cama.
—¿Seguro que aquello entrará dentro de mi?— Pregunte preocupado y un poco nervioso.
—Te prometo que seré cuidadoso y te preparare bien.— Afirmó.
Asentí confiando en sus palabras. Se unto un poco de lubricante en los dedos antes de volver hacia mi. Me aseguré de separar lo suficiente mis piernas dándole el permiso de tocarme en mi entrada.
—Solo relájate.— Susurro mirándome a los ojos.
Solté un suspiro haciendo lo que me pidió. Cerré mis ojos cuando uno de sus dedos entró en mi y no paso mucho tiempo cuando un segundo dedo lo acompaño.
—Si no te sientes seguro de hacer esto podemos parar.— Con su otra mano dejo caricias en mi cintura.
—No, si quiero.— Me apresure a decir mirándolo a los ojos.— Solo que es mi primera vez haciendo esto.— Confesé.
—Solo confía en mi, te prometo que te cuidare.
Dejo un pequeño beso en mis labios. Lleve mis manos a sus hombros y asentí en indicaciones de que podía mover sus dedos dentro de mi. Ninguno aparto la vista del otro en ningún momento. Ni cuando solté un pequeño gemido. Se sentía tan bien aunque lo que seguía me tenía preocupado.
Gabriel me beso, fue largo y por primera vez nuestras lenguas chocaron. Sus dedos se movieron cada vez más rápido y cuando creí que me correría los saco.
Deje un pequeño beso en sus labios antes de separarnos. Mire atentamente cada uno de sus movimientos, desde que abría y se ponía el preservativo para después colocarse un poco de lubricante. Una de sus manos me sostuvo de la cintura mientras sentía como su miembro se alineada con mi entrada, para después introducirlo poco a poco.
Su mirada estuvo atenta a cualquiera de mis reacciones, desde que cerré mis ojos fuertemente y solté un suspiro, hasta que termino de entrar y fue cuando volví a abrirlos.
—Solo avísame cuando deba moverme.
—Solo un minuto más.— Susurre.
Y eso fue lo que hizo, espero alrededor de un minuto antes de empezar a hacer suaves movimientos con su cadera. Esta vez fui yo el que se acercó a besarlo de manera intensa metiendo mi lengua en su boca. Sonreí cuando sentí sus manos en mi entrepierna.
Solté pequeños gemidos cuando lo sentí tocar mi punto. Sin duda sabe lo que hace.
Es curioso como hasta casi dos semanas después de casarnos y de que ya haya pasado la luna de miel fue que tuvimos nuestra primera vez como esposos. No se si es apresurado o atrasado, pero para mi es el momento justo.
El sonido de mis gemidos acompañados del ruido que producen nuestras pieles al chocarse pueden escucharse por toda la habitación. El movimiento de caderas de mi esposo junto a su mano en mi miembro se intensificó.
Un último beso fue dejado en mis labios antes de corrernos. Lleve mi cabeza hacia atrás tratando de recuperarme por lo sucedido. Mi esposo salió de dentro de mi y se dejo caer a mi lado.
Sin duda no me arrepiento de haber tenido mi primera vez con él.
Antes de ponerse de pie para desechar el preservativo se encargo de limpiarme y una vez que regreso me jalo hasta él y me dio un último beso.
Ninguno volvió a mencionar nada antes de dormirnos, pero no fue necesario. La noche de hoy estoy seguro de que fue completamente maravillosa para ambos y todo lo que sucedió los días anteriores quedaron en el olvido para mi.