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La Contadora Del Mafioso

La Contadora Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Mafia / Amor-odio
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Mi vida nunca fue mía. Primero fueron los golpes de mi padre y sus gritos recordándome que no valía nada, hasta que finalmente decidió ponerme un precio. Me vendió como si fuera un objeto para pagar su maldita deuda.
Ahora mi dueño es Dante.
Él es frío, letal y no tiene piedad con nadie, pero me necesita para llevar las cuentas de su imperio. Pensé que pasaría de un infierno a otro, pero en sus ojos oscuros encuentro algo que nunca conocí. Ahora estoy atrapada entre los números de la mafia y el deseo por el hombre que me compró.
¿Se puede amar a quien te posee?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 2 : La piel del pecado

POV: Alessia

El interior del jet privado es un insulto a la miseria que dejé atrás hace apenas una hora. El cuero de los asientos huele a dinero nuevo y a poder antiguo. Me siento pequeña, casi invisible, hundida en el asiento frente a Dante. Él no ha dicho una palabra desde que despegamos. Está concentrado en una tableta electrónica, pero su presencia llena cada centímetro de la cabina.

Trato de mantenerme erguida, pero el dolor en mi costado es un recordatorio punzante de la última bota de mi padre. Cada respiración profunda es un castigo. Intento concentrarme en las luces de la ciudad que se desvanecen bajo nosotros, pero el reflejo en la ventanilla me devuelve una imagen que odio: mi labio partido y la suciedad de esa cocina impregnada en mi ropa barata.

De repente, siento su mirada. No es una mirada fugaz; es pesada, evaluadora.

—Hueles a miedo y a tabaco barato, Alessia —dice Dante, dejando la tableta a un lado. Su voz compite con el zumbido suave de los motores—. Y en mi mundo, la imagen es una declaración de guerra o de propiedad. Ahora mismo, pareces una víctima, y no permito que nadie que trabaje para mí luzca así.

—Es la única ropa que tengo —respondo, tratando de que mi voz no tiemble. El orgullo es lo único que no me pudieron quitar a golpes—. No todos tenemos sastres italianos a nuestra disposición.

Dante se levanta. Es una pantera en un espacio reducido. Se acerca a un compartimento del avión y saca una bolsa de seda negra y varias toallas blancas que parecen nubes.

—Al fondo hay una ducha. Es pequeña, pero funcional —dice, dejando las cosas sobre el asiento de al lado—. Hay ropa limpia ahí dentro. No es de tu talla, probablemente, pero servirá hasta que lleguemos a Palermo. Lávate. Quítate el rastro de ese hombre de encima. Es una orden, no una sugerencia.

Me quedo mirando la bolsa. Mis dedos rozan la seda y el contraste con mi piel áspera me hace querer llorar, pero me trago el nudo en la garganta. Me levanto con cuidado, apretando los dientes para no gemir cuando mis costillas protestan.

POV: Dante

La veo caminar hacia el baño del jet. Sus pasos son cortos, rígidos. Camina como alguien que espera que el suelo se abra bajo sus pies en cualquier momento. Esa rigidez no es solo timidez; es dolor físico. Lo sé porque he causado ese tipo de dolor a mis enemigos, pero ver esa fragilidad contenida en una mujer que se supone que debe salvar mis finanzas me produce una irritación que no sé clasificar.

Me sirvo un cristal de whisky. El líquido ámbar quema, pero no tanto como la curiosidad que siento por ella. Ricardo es un animal, un despojo que no merece el aire que respira por haber tocado lo que era suyo de esa manera. Pero Alessia... ella tiene un fuego interno que intenta apagar con números.

Pasan quince minutos. El sonido del agua cesa.

Me levanto para buscar unos documentos en la parte trasera, cerca del área de vestidor, pensando que ya habría terminado. Al girar el pasillo estrecho, la puerta corredera del baño está entreabierta. El seguro no encajó bien con la vibración del despegue.

Me detengo en seco.

Alessia está de espaldas a la puerta, tratando de ponerse una camisa de seda blanca que le envié. La tela es translúcida bajo las luces LED del baño. Ella lucha por subir el brazo derecho, y la camisa se desliza, dejando al descubierto su espalda y su costado.

Me quedo sin aliento, pero no por deseo.

Su piel blanca está decorada con un mapa de horror. Hay hematomas amarillentos que están sanando, superpuestos por otros de un color púrpura oscuro, casi negro, en la zona de los riñones. Pero lo peor es la marca lívida en su costado, una huella clara de un calzado pesado que le ha hundido la carne. Es una contabilidad de la crueldad que ningún libro financiero podría registrar.

Ella suelta un quejido ahogado y deja caer el brazo, vencida por el dolor. Se apoya en el lavabo, con la cabeza baja, y un mechón de cabello húmedo le cae por la cara.

—Maldita sea... —susurro, sin poder evitarlo.

Ella se tensa. Se gira con una rapidez que le arranca un grito de dolor y se pega a la pared, tratando de cubrirse con la camisa de seda que ahora parece un velo insuficiente. Sus ojos están muy abiertos, llenos de una humillación que me golpea más fuerte que cualquier disparo.

—¡Fuera! —exclama, con la voz quebrada—. ¡Dije que se fuera!

POV: Alessia

El pánico me nubla la vista. Dante está ahí, de pie en el pasillo, con esa expresión indescifrable que ahora parece haberse transformado en algo parecido a la furia contenida. Me ha visto. Ha visto las marcas que he pasado años ocultando bajo suéteres holgados y mentiras de "me caí por las escaleras".

Me siento desnuda, no porque no lleve ropa, sino porque ha visto mi debilidad. Ha visto el rastro de las botas de mi padre en mi piel.

Dante no se mueve. No aparta la mirada, pero tampoco se acerca de forma amenazante. Sus ojos recorren las marcas de mi costado y luego suben a mis ojos. Hay una oscuridad en ellos que me da más miedo que los golpes de mi padre. Es la oscuridad de alguien que sabe exactamente cómo destruir a un hombre.

—Él no solo te pedía dinero, ¿verdad? —su voz es un susurro peligroso, más grave de lo habitual.

—No es asunto suyo —logro decir, abrochando los botones de la camisa con manos temblorosas. La seda se siente fría contra mis heridas—. Usted me compró para auditar sus cuentas, no para ser mi médico ni mi confesor.

—Alessia —da un paso hacia adelante, entrando en el pequeño espacio del vestidor. El olor a su perfume costoso me envuelve, borrando el olor a jabón—. En el momento en que aceptaste ese contrato, cada centímetro de ti pasó a ser mi responsabilidad. Y yo cuido lo que es mío.

Se acerca tanto que puedo sentir el calor que emana de su cuerpo. Extiende una mano, muy despacio, dándome tiempo a retroceder, pero no lo hago. Estoy paralizada. Sus dedos largos y calientes rozan apenas la piel de mi mandíbula, justo donde el labio aún está hinchado.

—Nadie volverá a ponerte una mano encima Alessia —dice, y no suena como una promesa romántica; suena como una sentencia de muerte para cualquiera que se atreva—. Mañana, un médico te verá en la villa. Y ahora, termina de vestirte. Tenemos mucho de qué hablar antes de aterrizar.

Sale del vestidor y cierra la puerta con un golpe seco.

Me quedo sola, temblando. Me miro en el espejo. La camisa de Dante me queda enorme, las mangas me cubren las manos y el bajo me llega a los muslos. Huele a él. Por primera vez en mi vida, alguien ha visto mis heridas y no ha mirado hacia otro lado con vergüenza. Ha mirado con hambre de venganza.

Termino de vestirme y salgo a la cabina principal. Dante está sentado de nuevo, pero esta vez tiene una carpeta abierta frente a él. Me hace una señal para que me siente a su lado.

—Si vas a encontrar al traidor en mi familia, necesitas saber quiénes son —dice, pasándome una fotografía de un hombre mayor, con rasgos similares a los suyos—. Mi tío, Marcello. Él maneja el puerto de Catania. Es el primer nombre que quiero que investigues.

Tomo la carpeta, pero mis dedos rozan los suyos al recibirla. Un chispazo eléctrico recorre mi brazo, haciéndome saltar internamente. Abro el documento para ocultar mi nerviosismo.

Sin embargo, a medida que leo las primeras líneas de los estados financieros de la empresa del puerto, mi cerebro de contadora se activa. Olvido el dolor, olvido la seda y olvido el miedo por un segundo. Algo no cuadra. Hay una entrada de capital desde una cuenta en las Islas Caimán que tiene un código de referencia que reconozco.

—Señor Vitale... —susurro, frunciendo el ceño.

—Dime Dante.

—Dante —el nombre suena extraño en mis labios—. Este código de transferencia... no es de una empresa externa. Es una cuenta espejo. Alguien está usando su propia estructura para lavarle dinero a alguien más. Y no es solo su tío.

Dante se inclina sobre la mesa, su rostro a centímetros del mío.

—¿Qué quieres decir?

—Quiere decir que el traidor no está robando dinero —le miro a los ojos, sintiendo que he entrado en un juego mucho más grande que yo—. Está comprando armas. Y las está pagando con sus propios fondos de la exportación de vino.

Dante se queda rígido. La atmósfera en el avión cambia. Ya no somos un mafioso y su protegida; somos dos socios en medio de una conspiración que podría hacer estallar a toda Italia.

1
Haydee Neyra
excelente me gustó 🆗
👑🖤📚
llevas diciendo lo mismo desde el inicio, en serio eres mafioso? como llegaste hacer capo ? 🤨🙄😒
Andrea Nardelli
en la mejor parte nunca terminan
👑🖤📚
eso es lo que me estresa de ti Dante, puro Hablar pero nada de actuar desde que descubriste lo del ataque debiste asesinarlo o mandado lejos de la familia
Milagros Lopez
muy buena excelente hasta el momento. gracias escritora por compartir
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