Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 5
...⚔️...
Los reportes no dejaban de llegar. Pantallas encendidas, radios, celulares y computadores vibrando sin descanso, voces superpuestas en distintos idiomas… y en medio de todo, una cifra que crecía como una herida imposible de cerrar.
Treinta mil muertos y la cifra seguían subiendo. Los ataques coordinados en Alemania e Italia no solo habían marcado el inicio oficial del conflicto, sino que habían dejado claro algo mas inquietante: ninguna de las partes estaba dispuesta a retroceder.
Los Becker habían reforzado sus anillos de seguridad al triple. Lo mismo habían hecho los Vindicta.
La guerra ya no era una amenaza. Era una maquinaria en marcha y tanto Bruno como Chiara lo sabían.
En la organización vindicta, el caos era palpable. Pero en la oficina de chiara… el caos tenía un nombre propio.
Carpetas abiertas, informes a medio leer, mapas marcados con anotaciones rápidas y una pila interminable de portafolios digitales desfilando frente a sus ojos.
Chiara no se detenía.
No podía.
Atendía llamadas mientras revisaba perfiles, descartaba candidatos con un gesto seco y tomaba decisiones con una frialdad que asustaba incluso a los suyos.
Su objetivo era claro: encontrar aliados.
Pero no cualquiera.
Necesitaba poder real.
Por eso su búsqueda estaba centrada en un punto muy específico del mapa: Asia… y las redes rusas que lo atravesaban.
¿Por qué ellos?
Porque no eran simples organizaciones criminales.
Eran imperios paralelos.
Estructuras tan sólidas que podían rivalizar con gobiernos. Fortunas capaces de sostener guerras durante años. Acceso a armamento de última generación… incluso a tecnología que muchos países ni siquiera admitían poseer.
Si alguien podía inclinar la balanza… eran ellos.
—No… este no—murmuró chiara, deslizando otro archivo fuera de su vista—Esta demasiado viejo no sirve.
Otra carpeta.
Otro descarte.
—Este tampoco… le falta peso político.
La búsqueda para un aliado era muy difícil requería de mucha paciencia y tiempo, cosa que chiara no tenia en estos momentos.
De pronto la puerta se abrió sin previo aviso.
Monica entró con paso firme, sosteniendo un nuevo dossier entre las manos.
—Tengo uno más —dijo, dejándolo sobre el escritorio.
Chiara ni siquiera levantó la vista al principio.
—Espero que valga la pena.
—Ya verás que sí.
Ese tono bastó.
Chiara tomó el portafolio y comenzó a leer.
Sus ojos se detuvieron.
Por primera vez en horas… algo captó realmente su atención.
—¿Leonid Ivanov? —leyó en voz alta.
Monica asintió.
—Se rumorea que es medio hermano de un mafioso estadounidense, pero eso es lo de menos. Es uno de los Pakhan más influyentes de la mafia rusa.
Chiara siguió leyendo.
—Tráfico de armas… trata de personas… redes logísticas en Europa del Este… —enumeró.
—Y no solo eso —añadió Monica—. Maneja búnkeres militares, vehículos de guerra… incluso hay informes de que el propio presidente le ha cedido equipamiento como forma de asegurar su lealtad.
Chiara alzó una ceja.
Interesante.
Muy interesante.
—Bene… —murmuró, cerrando el dossier con decisión—Me gusta.
Mónica cruzó los brazos.
—Sabía que dirías eso.
—Con hombres así no se negocia desde la debilidad —continuó Chiara—Pero si conseguimos un acuerdo…
—No solo ganamos un aliado—interrumpió Mónica —Ganamos acceso a otros.
Chiara la miró.
—Explícate.
—Ivanov tiene vínculos con la mafia yakuza… y con la francesa. Si entra en nuestro juego, no vendrá solo.
Eso cambió todo.
Chiara se reclinó ligeramente en su silla, evaluando.
—Entonces es una pieza mas importante de la que pensaba.
—Exacto.
Un leve silencio se instaló.
Luego, Chiara sonrió.
—Necesito una reunión con él. Cuanto antes.
—Está en una cumbre en Siena —respondió Monica—Pero podríamos hacer que venga a Lombardía… si lo contactamos primero.
Chiara no dudó.
—Lo llamaremos ahora.
Monica le tendió el móvil sin decir nada más.
El tono de llamada apenas sonó dos veces antes de que contestaran.
Chiara cambió de inmediato. Su voz se volvió precisa, elegante… peligrosa.
—Signore Ivanov —dijo—Mi nombre es Chiara Vindicta… y creo que tenemos intereses en común.
La conversación fue breve.
Directa.
Sin rodeos.
No más de tres minutos.
Pero suficiente.
Chiara colgó y dejó el teléfono sobre la mesa.
—Vendrá —dijo.
Monica no parecía tranquila.
—¿Aquí?
—Aquí.
—Es arriesgado, prima.
—Aquí todo el tiempo se está corriendo peligro.
Monica dio un paso más cerca.
—Tienes que dejarle claro que viene solo… y desarmado.
Chiara soltó una leve risa.
—Ese hombre no es un novato, Monica. Lleva años sobreviviendo en un mundo donde la desconfianza es ley.
La miró fijamente.
—Y seamos honestas… yo tampoco confiaría en una desconocida que aparece de la nada pidiendo una alianza.
Monica suspiró.
—Aun así…
—Sé que quieres decir algo más —la interrumpió Chiara.
Monica dudó un segundo.
Luego metió la mano en su saco y sacó varias fotografías.
Las dejó sobre el escritorio.
Chiara las miró.
Y el mundo pareció detenerse por un instante.
—Markus… —murmuró.
En las imágenes, él aparecía sonriente. Relajado. Feliz.
A su lado, Adelaide.
París.
—La llevó a París —comentó Monica—. Qué cliché… todo el mundo va allí
Chiara no respondió de inmediato.
Sus ojos recorrían cada detalle de las fotos.
Cada gesto.
Cada sonrisa.
—Me informaron que es por seguridad —añadió Monica—. Pero míralos… disfrutando.
Silencio.
Pesado.
Incómodo.
—Y tú aquí —continuó—. Sosteniendo todo esto sola porque asesino a tu padre sin piedad.
Chiara tomó las fotografías.
Por un momento, su expresión fue indescifrable.
Luego, con absoluta calma, sacó un encendedor.
La llama apareció.
Y sin titubear… acercó el fuego al papel.
Las imágenes comenzaron a arder.
Primero lentamente.
Luego con voracidad.
Hasta convertirse en cenizas negras que cayeron sobre el escritorio.
Chiara observó el proceso sin parpadear.
Sin emoción aparente.
Cuando todo terminó… levantó la mirada.
Y sonrió.
—Te lo regalo —dijo.
Monica frunció el ceño.
—¿De verdad no te afecta?
Chiara apoyó los codos sobre la mesa.
Su voz fue baja.
Firme.
Peligrosa.
—Les llegará la hora.
Sus ojos brillaron con algo oscuro.
—No voy a permitir que el asesino de mi padre siga viviendo como si nada… mientras yo cargo con un imperio más grande que el suyo.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Pero esta vez… no era incertidumbre.
Era promesa.
Afuera, la guerra seguía creciendo.
Y dentro…
Chiara acababa de dejar claro algo fundamental.
Esto ya no era solo estrategia.
Era venganza.
Y cuando ambas cosas se mezclan…
El mundo arde de temblor.
...CONTINUARÁ...