Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Entrenamiento
El profesor y Constance se alejaron un poco del grupo..
—Profesor… tengo una petición.
Su tono fue firme, pero bajo.
El hombre de las cicatrices la observó con cejas tensas.
—Habla.
—Quiero que mi identidad permanezca en secreto.
Un silencio pesado cayó entre ellos.
El segundo profesor frunció el ceño.
—¿Secreto? Eso es absurdo. La academia..
El de cicatrices levantó una mano para callarlo.
—Explícate.
Constance eligió sus palabras con precisión.
—Mi familia no aprobaría mi participación en combate. Si se enteran, me retirarán de la academia. No por bajo rendimiento… sino por reputación.
El profesor la estudió largamente.
No había súplica en su mirada.
Solo determinación.
—¿Y pretendes entrenar ocultándote detrás de una máscara todo el año? —preguntó con tono crítico.
—Sí.
El viento agitó la tela negra que aún sostenía.
El profesor miró a los estudiantes derrotados, luego a su colega, que parecía entre indignado y curioso.
Finalmente soltó un suspiro áspero.
—Todos ustedes —dijo dirigiéndose al grupo— regresen mañana. La evaluación ha terminado.
Hubo protestas leves, pero nadie discutió.
Cuando el campo quedó casi vacío, el profesor volvió a mirarla.
—Desde hoy.. aquí no eres Valmont. Aquí eres solo otro estudiante.
El segundo profesor abrió la boca para objetar.
—Esto podría causar problemas si..
—Los problemas los manejaré yo —lo interrumpió el de cicatrices.
Luego se acercó más a Constance.
Ella esperaba burla.
Desprecio.
Pero lo que encontró fue algo distinto.
Ambición.
—No malinterpretes esto.. No es que me simpatices.
Constance no respondió.
—Pero si tú, una joven criada como noble, puedes aprender combate real bajo mi tutela… entonces podré demostrar que soy el mejor profesor de esta academia.
Ella parpadeó, sorprendida por la honestidad brutal.
—Si logro que una mujer pelee al nivel de los hombres.. podré enseñar a cualquiera. Y nadie podrá cuestionar mi método.
Ahí estaba la razón.
No compasión.
No justicia.
Orgullo profesional.
Constance lo entendió de inmediato.
En su vida anterior había conocido entrenadores así.
No te ayudan por bondad.
Te entrenan porque eres un desafío.
Y un desafío que superan se convierte en su victoria.
Ella inclinó levemente la cabeza.
—Entonces ambos tenemos algo que ganar.
El profesor soltó una risa seca.
—No te emociones. El campo de entrenamiento no es un salón de baile. Te lastimarás.
—Estoy preparada.
Él la miró fijamente.
—Eso lo veremos.
Luego añadió, con tono más serio..
—Nadie sabrá quién eres. Pero deberás ser más cuidadosa que los demás. Si alguien sospecha, no podré protegerte.
Constance asintió.
—Lo entiendo.
—Y si tu rendimiento baja, te sacaré yo mismo.
—No bajará.
El profesor sostuvo su mirada unos segundos más.
Después dio media vuelta.
—Mañana. Antes del amanecer. Trae esa misma determinación… porque voy a intentar romperla.
Y así comenzaron los verdaderos entrenamientos.
Desde el día siguiente, Constance dejó de ser una aspirante.
Se convirtió en un proyecto.
Las sesiones eran más duras que cualquier cosa que hubiera hecho desde su llegada a este mundo.
Carreras con peso adicional.
Ejercicios de resistencia hasta el fallo muscular.
Práctica constante de caídas, proyecciones y técnicas de control.
El profesor no la trataba con suavidad.
Al contrario.
Era más exigente con ella que con los demás.
—¡Centro de gravedad más bajo!
—¡Tu guardia es demasiado elegante, no estás en una fiesta!
—¡Otra vez!
Caía.
Se levantaba.
Caía otra vez.
Se levantaba otra vez.
Los demás estudiantes la conocían solo como el “enmascarado”.
Algunos la respetaban por su técnica.
Otros intentaban provocarla.
Ninguno sabía que bajo la máscara había una joven noble de cabello azul oscuro que por las tardes asistía a clases de comercio y equitación con postura impecable.
Su cuerpo comenzó a cambiar.
Los brazos se definieron.
Las piernas ganaron estabilidad.
Los movimientos se volvieron más rápidos.
Y el profesor lo notaba.
Una mañana, después de derribar a un estudiante más grande con una técnica limpia, él habló mientras caminaban hacia la banca.
—Aprendes rápido.
Constance respiraba con dificultad, pero no respondió de inmediato.
—No porque seas talentosa.. Sino porque ya conoces el miedo… y no te paraliza.
Ella lo miró en silencio.
En otra vida, el miedo había sido su compañero constante.
Y había aprendido a moverse a pesar de él.
El profesor se detuvo.
—Recuerda algo, enmascarado.. El día que te quites esa máscara, no podrás volver atrás.
Constance sostuvo su mirada.
—Lo sé.
Y en su interior, la decisión ya estaba tomada.
Cuando llegara el final del año.
Cuando las pruebas oficiales expusieran habilidades frente a toda la academia.
No importaría el escándalo.
No importaría la reputación.
Ese día, el apellido Valmont dejaría de ser una jaula.
Y su nombre.. Constance.. sería imposible de ignorar.