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UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

UN AMOR PROHIBIDO PARA MÍ..

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Amor prohibido / Diferencia de edad
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: M. Valen

A veces los sentimientos llegan cuando menos deberían.
Una noche cualquiera, una convivencia inesperada y una conexión que nunca estuvo en los planes.
Esta no es una historia perfecta, es real, intensa y llena de decisiones que marcan para siempre.
Porque hay amores que no se buscan… simplemente pasan.

NovelToon tiene autorización de M. Valen para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El regalo que no venía envuelto

Al llegar a la casa, una sensación extraña se me instaló en el pecho. No era miedo exactamente, pero tampoco tranquilidad. Era esa mezcla incómoda que aparece cuando el cuerpo presiente algo antes de que la mente pueda nombrarlo. Como si el aire estuviera más denso, como si cada paso que daba pesara un poco más que el anterior.

...****************...

Entramos al cuarto en silencio. Dejamos las bolsas, acomodamos algunas cosas sin decir mucho, y yo terminé sentándome en la cama, con las manos apoyadas a los lados, mirando un punto fijo sin darme cuenta. Había demasiados pensamientos pasando al mismo tiempo, demasiadas emociones que no lograba ordenar.

Alejandro entró y se detuvo apenas cruzó la puerta. Lo sentí, incluso antes de escucharlo.

Alejandro: ¿Qué tienes, mor? ¿Estás bien?

Preguntó, con ese tono suyo que siempre intentaba ser suave, aunque no siempre lograra tranquilizarme.

Quise decir que sí, quise fingir que todo estaba normal, pero la inquietud fue más fuerte que mi intento de aparentar calma. Sentí un nudo en la garganta.

Melani: Siento que lo van a saber, Ale…

Solté al fin, casi en un susurro, como si decirlo en voz alta pudiera hacerlo más real.

Él me miró con atención. No parecía molesto, ni nervioso. Más bien tenía esa calma que a veces me desesperaba, porque yo necesitaba certezas y él me ofrecía paciencia.

Alejandro: Solo deja que las cosas pasen. No te estreses tanto, ¿sí?

Asentí despacio. No porque sus palabras me convencieran, sino porque no tenía energía para discutir lo que sentía. Me levanté y fui directo al baño. Necesitaba el agua, el silencio, ese pequeño espacio donde podía respirar sin sentirme observada.

Mientras me bañaba, dejé que el agua corriera más tiempo del necesario. Cerré los ojos y traté de vaciar la cabeza, aunque era imposible no pensar en todo: en nosotros, en lo que escondíamos, en lo que sentía, en lo que podía salir mal.

Cuando al fin salí, me sequé con calma y me vestí. Casi sin pensarlo, tomé uno de los monos de peluche que me había regalado y me lo puse. Era suave, cómodo, y de alguna forma me hacía sentir protegida.

(algo así Pero sin nada arriba)

En ese momento, Alejandro entró al cuarto.

No sentí vergüenza. No era un territorio nuevo para ninguno de los dos. Su mirada se dirigió a mí de forma natural, sin disimulo, y yo sonreí apenas antes de girarme para terminar de vestirme. Había algo en esa escena que se sentía íntimo sin ser provocador, cotidiano pero cargado de significado.

Melani: ¿Me queda bien el mono? —le pregunté, buscando su reacción.

Se acercó sin decir nada. Me tomó de la cintura con firmeza, me atrajo hacia él y me dio un beso suave, de esos que no apuran, que se quedan un segundo más del necesario.

Alejandro: Te ves hermosa, mor — dijo, con voz baja.

Sonreí, agradecida, pero la realidad volvió rápido a mi cabeza. Le pedí que saliera del cuarto antes de que alguien notara algo raro. No quería miradas, no quería sospechas. Él obedeció sin quejarse, y poco después salí yo también.

La cena fue ligera. Salchipapas servidas en platos compartidos, risas sueltas, bromas malas que igual nos hacían reír. Por un rato, logré olvidarme de esa sensación que me apretaba el pecho. Me dejé llevar por el ambiente, por lo normal, por lo sencillo de estar todos juntos sin que nada pareciera fuera de lugar.

Cuando terminamos de comer, me levanté a fregar. Necesitaba moverme, ocupar las manos. Estaba sola en la cocina cuando sentí unos brazos rodeándome por detrás. No me sobresalté; supe de inmediato que era él.

Alejandro: Mor, deja eso ahí, yo friego —dijo, apoyando la barbilla cerca de mi hombro.

Melani: No, tranquilo, yo lo hago —respondí, sin girarme.

Me dejó seguir, pero antes de irse me dio un beso rápido, casi robado, como si necesitara ese pequeño contacto antes de volver a la distancia.

Cuando terminé, la sensación volvió. Esa incomodidad que no sabía explicar.

Salí al patio y me quedé ahí, mirando la nada, dejando que el aire frío me rozara la piel. Estaba tan metida en mis pensamientos que no noté cuando Alejandro se acercó.

Alejandro: Mor, ¿qué tienes? —preguntó.

Me sobresalté un poco, girándome hacia él.

Melani: Nada, amor, tranquilo —respondí rápido, quizá demasiado.

No pareció convencido, pero no insistió. Solo me miró un segundo más, como evaluando si creerme o no.

Alejandro: Espera aquí… tengo algo para ti —dijo al fin, antes de alejarse.

Me quedé quieta, con una mezcla de curiosidad y nervios. Cuando regresó, me pidió que me volteara. Reí bajito, más por los nervios que por otra cosa, y obedecí.

Sentí algo frío rodear mi cuello, el leve contacto de sus dedos acomodándolo con cuidado.

Un collar.

Hermoso, delicado, inesperado.

Las lágrimas se me acumularon en los ojos cuando me giré para mirarlo. No necesitaba decir nada; mi expresión lo decía todo.

Alejandro: Feliz cumpleaños, mi muñequita de porcelana —me dijo, mirándome como si ese momento fuera solo nuestro.

Algo se rompió y se acomodó dentro de mí al mismo tiempo. Me sentí cuidada, especial, vista. Como si estuviera viviendo una etapa que nunca había tenido, una versión de mí que no conocía pero que se sentía real.

Al rato le dije que quería comer yogurt afuera, y así lo hicimos, los dos solos. Hablamos de cualquier cosa: recuerdos, tonterías, planes que no sabíamos si cumpliríamos.

El frío empezó a calar y entramos. Yo me acosté primero. Él se quedó un rato más con mi tía y su mamá. No recuerdo en qué momento cerré los ojos, solo sé que el cansancio me ganó sin avisar.

Desperté cerca de las cuatro de la madrugada. Alejandro dormía a mi lado. Su mano descansaba sobre mi abdomen, como siempre, de forma inconsciente, casi automática. Me quedé quieta un segundo, observándolo, escuchando su respiración.

Tomé el celular para distraerme, pero no pasó mucho antes de que lo sintiera moverse.

Alejandro: Mor, el brillo… te va a arder la vista —murmuró, quitándome el celular con suavidad.

Melani: Perdón, ¿te desperté? —pregunté en voz baja.

Alejandro: No, tranquila —respondió.

Se acercó y me besó. No fue un beso apurado ni intenso al inicio; fue lento, tibio, cargado de reconocimiento. No me resistí. Sabía que ese beso traía consigo algo más, algo que ya conocíamos demasiado bien. El resto fue silencio, cercanía, respiraciones compartidas y ese lenguaje que solo nosotros entendíamos en la oscuridad, sin necesidad de palabras.

Cuando el reloj empezó a marcar la hora, la realidad volvió a imponerse. Nos levantamos despacio, todavía con el cuerpo pesado y el corazón lleno. Yo tenía que seguir con mis pasantías. Él, con su trabajo. Nos arreglamos en silencio, intercambiando miradas que decían más que cualquier despedida.

Y mientras me preparaba para salir, mientras ajustaba la ropa y tomaba mis cosas, lo supe con una claridad que me asustó un poco.

Ese cumpleaños no solo había sido especial.

Había sido un punto de quiebre.

Un antes y un después que, aunque todavía no entendía del todo, ya estaba marcando el rumbo de todo lo que vendría después.

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Beatriz Norma Gauna
Que paso esta historia quedó inconclusa o Terminó así sin final
Mel. Valentina: aún no termina jjjjj solo que tengo exámenes lo siento ya actualizo denme unos momentos... siento que enloquecere jjjj
total 1 replies
Beatriz Norma Gauna
Buenísimo hasta ahora me encantó
Beatriz Norma Gauna
Creo que tiene que decirle que está embarazada Ya es demasiado tiempo ocultando lo y haciendo se la cabeza.
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