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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 12: EL VUELO DEL ESCARABAJO DE CRISTAL

​La noche en el muelle de San Lorenzo de los Vientos no era negra, sino de un azul metálico y profundo que parecía tragarse cualquier destello de esperanza. El viento soplaba con una fuerza renovada, trayendo consigo el eco de las olas rompiendo contra los pilares de hormigón. Elena sentía el frío calándole los huesos, pero sus manos, envueltas en guantes de seda sin dedos para no perder sensibilidad, estaban extrañamente calientes. La adrenalina era un combustible mucho más eficiente que el café de Marta.

​A su lado, Julián sostenía una linterna apagada y un monitor portátil. Su rostro, iluminado por el resplandor azul de la pantalla, parecía esculpido en piedra. Detrás de ellos, en la penumbra del almacén de redes contiguo a la oficina de los Varela, Tato ajustaba las hélices del dron con la parsimonia de un cirujano de naves espaciales. Doña Rosario, por su parte, vigilaba la esquina del muelle con un par de binoculares de teatro que probablemente pertenecieron a su abuela.

​—El viento está a quince nudos, tía —susurró Tato, rompiendo el silencio—. El bicho es estable, pero si una ráfaga lo pilla de lado contra la chapa de la oficina, adiós al juguete y hola a que nos pille el de seguridad.

​—Tato, si ese aparato se cae, te compro uno nuevo con las joyas que tengo escondidas bajo el colchón —sentenció Rosario sin dejar de mirar por los prismáticos—. Ahora cállate, que he visto una luz moverse cerca del faro. Es el sedán de Garrido. Está patrullando.

​Julián puso una mano sobre el hombro de Elena. Sintió cómo ella se tensaba, no de miedo, sino de concentración.

—Elena, no tienes que hacer esto. Podemos esperar a que amanezca y entrar con la policía.

​—La policía no entrará sin una orden, Julián. Y para cuando consigas la orden, Garrido habrá convertido esos papeles en confeti —respondió ella, mirando fijamente la pantalla—. Confía en mí. Mis manos ya no sirven para restaurar un óleo de Rubens, pero este mando... este mando entiende el lenguaje de mis nervios.

​Tato dio la señal. El dron, un escarabajo de fibra de carbono con cuatro ojos de LED rojo, se elevó con un zumbido eléctrico que, en el silencio del puerto, sonaba como un enjambre de avispas furiosas. Elena movió los joysticks con una delicadeza asombrosa. En la pantalla, el suelo del muelle se alejó rápidamente, sustituido por una vista aérea del laberinto de redes, barcos en dique seco y charcos de gasóleo que brillaban como aceite de arcoíris.

​—Acércate por el lado del silo de grano —instruyó Julián en un susurro—. Hay un ángulo muerto en la cámara de seguridad de la entrada. Si subes por encima del alero, entrarás directamente al tragaluz del techo.

​Elena asintió. Sus dedos se movían con una precisión milimétrica. El dron se deslizó por el aire, luchando contra una ráfaga traicionera que lo hizo tambalear. Por un segundo, la imagen en el monitor vibró violentamente, mostrando un plano borroso del mar embravecido.

​—¡Cuidado! —exclamó Julián, agarrando instintivamente el brazo de Elena.

—Suéltame, Julián. Lo tengo —dijo ella con una calma que le sorprendió hasta a ella misma.

​Recuperó la estabilidad del aparato y lo posicionó sobre la ventana superior de la oficina de los Varela. El tragaluz estaba entreabierto, tal como Rosario había predicho. Con un movimiento suave, el dron se coló en el interior del edificio.

​La imagen cambió drásticamente. Ahora veían el caos desde el techo: archivadores abiertos, carpetas desparramadas por el suelo y una silla volcada. Alguien había estado allí buscando algo con mucha prisa.

​—Ahí —señaló Julián, apuntando a la esquina de la pantalla—. Esa caja metálica verde bajo el escritorio principal. Es donde los Varela guardan los duplicados de las facturas de proveedores externos. El logo de Garrido Construcciones debería estar en la carpeta azul.

​Elena hizo descender el dron hasta que quedó a un metro del suelo. La cámara de alta resolución enfocó los papeles. Pasaron minutos de tensión pura mientras ella usaba el aire expulsado por las hélices para mover ligeramente las hojas que sobresalían de la carpeta. Era una técnica desesperada, pero efectiva.

​—¡Ahí está! —exclamó Julián, casi gritando—. Suministros de Hormigón H-250. Fecha: 14 de mayo de 2023. Mira el precio, Elena. Está facturado a precio de H-400, pero la descripción del lote coincide con la partida defectuosa que causó el colapso. Es la prueba de la estafa. Garrido compró arena de playa mezclada con cal para ahorrar costos y nos lo vendió como hormigón estructural.

​—Sácale una foto, Tato —ordenó Rosario, que se había acercado a mirar—. Hazle mil fotos a eso antes de que el fantasma de Garrido aparezca.

​Tato capturó las imágenes. Elena se preparaba para sacar el dron cuando, de repente, una luz potente iluminó el interior de la oficina desde la puerta principal. En el monitor vieron aparecer una sombra larga y amenazante.

​—¡Alguien ha entrado! —susurró Elena, con el corazón golpeándole el pecho como un tambor—. Es él. Garrido.

​En la pantalla vieron los zapatos italianos de Ernesto Garrido pisando los papeles. El hombre llevaba una linterna y caminaba con una calma aterradora. Se detuvo justo frente a la caja verde.

​—Saca el bicho de ahí, Elena. ¡Ahora! —urgió Julián.

—Si lo muevo, hará ruido y sabrá que estamos vigilando —respondió ella, con el sudor corriéndole por la sien—. Espera...

​Vieron cómo Garrido se agachaba. Tomó la carpeta azul, la miró por un segundo con un desprecio absoluto y luego sacó un encendedor de plata de su bolsillo. Las llamas empezaron a lamer el borde de la factura.

​—No... —susurró Julián, viendo cómo su libertad se convertía en ceniza en tiempo real—. Maldito sea.

​—Aún no —dijo Elena. Con un movimiento audaz, inclinó el dron y activó el modo sport. El aparato salió disparado hacia arriba, pasando a escasos centímetros de la cara de Garrido. El zumbido repentino y el viento de las hélices asustaron al hombre, que soltó la carpeta para cubrirse el rostro, pensando que era un pájaro o algo peor.

​La carpeta cayó sobre un charco de agua que se había filtrado por el techo, apagando la llama antes de que consumiera la información crucial.

​—¡Ahora, Elena! ¡Sácalo! —gritó Tato.

​Elena llevó el dron hacia el tragaluz a toda velocidad. Garrido, recuperado del susto, miró hacia arriba y vio el aparato escapando. Salió de la oficina gritando órdenes a sus guardaespaldas.

​—¡Corran al coche! —gritó Rosario, agarrando a Tato por el cuello de la sudadera—. ¡Pincel, muévete, que nos hacen filetes!

​El grupo salió corriendo del almacén justo cuando el sedán negro de Garrido derrapaba en la entrada del muelle. Saltaron al viejo jeep de los Varela. Julián arrancó el motor, que rugió como un animal herido, y salieron disparados por la carretera secundaria mientras las luces del coche de Garrido los perseguían de cerca.

​—¿Tienes las fotos, Tato? —preguntó Julián mientras tomaba una curva a una velocidad que hacía que el jeep se inclinara peligrosamente.

—¡Las tengo en la nube, tío! ¡Y en tres tarjetas SD diferentes! —gritó el adolescente, emocionado por la persecución—. ¡Esto va a tener más likes que un baile de Ibai!

​Elena miró hacia atrás. El coche de Garrido se acercaba. Julián conducía con una habilidad que solo alguien que ha vivido al límite puede poseer.

​—Elena, busca en la guantera —dijo Julián, con la mirada fija en el retrovisor—. Hay una bengala de emergencia. Si se acercan demasiado, lánzala.

​Elena abrió la guantera. Su mano derecha temblaba, pero esta vez era de una furia gélida. Encontró la bengala, pero también encontró algo más: un viejo amuleto de madera que Julián llevaba siempre consigo. Lo apretó con fuerza.

​—No hará falta la bengala —dijo ella, mirando por la ventana—. Mira allí.

​Al final de la recta, las luces azules y rojas de una patrulla de la Guardia Civil iluminaban la carretera. Rosario había hecho una llamada de cortesía antes de empezar la misión, denunciando un robo en las oficinas del puerto.

​Julián frenó en seco frente a la patrulla. El sedán negro intentó dar la vuelta, pero dos coches de policía le cerraron el paso. Garrido estaba atrapado.

​Diez minutos después, en la penumbra de la carretera, Julián y Elena bajaron del jeep. Estaban despeinados, sucios de grasa y barro, pero estaban de pie. El abogado Saúl llegó poco después, avisado por Julián.

​—Julián, esto es una locura legal —dijo Saúl, mirando las fotos en la tableta de Tato—. Pero es una locura que va a meter a Garrido en la cárcel por diez años. Esta factura es el arma del crimen.

​Julián no escuchaba. Se acercó a Elena, que estaba apoyada contra el capó del jeep, mirando cómo la policía esposaba a Garrido. Él la rodeó con sus brazos y ella escondió el rostro en su pecho, soltando finalmente toda la tensión acumulada en un sollozo silencioso de alivio.

​—Lo hicimos —susurró él, besándole el cabello—. Lo hiciste tú, Elena. Me has salvado.

​—Nos hemos salvado, Julián —respondió ella, levantando la vista—. Porque ahora ya no tenemos que huir.

​En mitad de la noche, bajo el escrutinio de las luces policiales, se besaron con una pasión que no entendía de juicios, de accidentes ni de pasados rotos. ese día había terminado, por primera vez el camino parecía estar libre de escombros.

​—¡Bueno, ya está bien de tanto restregarse! —gritó Rosario desde el jeep, mientras la cabra Pincel asomaba la cabeza por la ventanilla—. Que tengo hambre y este niño quiere subir el video a internet. ¡Vamos a casa de Marta a celebrar, que el champán no se bebe solo!

​Riendo entre lágrimas, Julián y Elena subieron al coche. Su vida acababa de empezar, y esta vez, ellos eran los arquitectos de su propio destino.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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