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Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Reencarné Como Omega… Y El Enigma Escuchó Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Morí sin haber amado…
y desperté en un mundo donde el destino se divide en Alfas, Deltas, Omegas y Enigmas.
Reencarnado como un omega en una era antigua llena de magia y alquimia, Arion finge amnesia para sobrevivir.
Todo cambia cuando conoce a Eryndor, un poderoso Enigma capaz de escuchar los pensamientos más profundos del omega… incluso los recuerdos de una vida pasada.
Un amor prohibido.
Un destino que desafía las leyes.
Una familia nacida contra todo pronóstico

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: Pensamientos que no puedo ocultar

Esa noche, Arion no logró dormir.

El techo de su habitación le resultaba extraño, demasiado alto, adornado con símbolos que aún no comprendía. Las sombras de la luz de la luna se deslizaban sobre las paredes, creando figuras que parecían moverse. Aun así, no era eso lo que lo mantenía despierto, sino la constante sensación de estar… acompañado.

¿Y si puede oírme incluso ahora?

El pensamiento lo hizo girarse en la cama con inquietud, abrazando la almohada como si pudiera protegerse de algo invisible. Cada respiración se le hacía pesada, cada latido del corazón un tambor que parecía resonar en la habitación silenciosa.

—No puedo —dijo una voz grave desde la puerta.

Arion se incorporó de golpe, el corazón desbocado.

—¡Eryndor!

El Enigma estaba allí, apoyado contra el marco, con los brazos cruzados y una expresión tranquila, como si aquella visita nocturna fuera lo más natural del mundo. Su presencia llenaba la habitación sin esfuerzo, y el aire parecía vibrar con un calor sutil que Arion apenas podía describir.

—No puedo oírte cuando duermes —explicó Eryndor, con la calma característica que lo hacía aún más intimidante—. Pero tus emociones estaban demasiado agitadas. Se filtraban.

Arion se llevó una mano al pecho, avergonzado.

—Lo siento… no quería molestar.

Eryndor negó lentamente, dando un paso hacia el interior de la habitación, deteniéndose a una distancia prudente. Aun así, Arion sintió el calor de su presencia, una presión suave que lo envolvía como un abrigo invisible.

—No es una molestia. —Su voz era grave, profunda—. Es parte de la tutela.

El Enigma se movió con una elegancia que parecía desafiar la gravedad, acercándose apenas unos pasos más. Arion podía percibir su aroma: limpio, profundo, con un toque amaderado y reconfortante que lo hacía sentir extrañamente protegido y, al mismo tiempo, vulnerable.

—Este mundo te resulta hostil —continuó—. Tus pensamientos lo dicen incluso cuando guardas silencio.

Arion bajó la mirada, sus dedos jugando con las sábanas como si fueran un refugio.

—En mi vida pasada… nadie podía oírme así. Todo se quedaba dentro.

Hubo un breve silencio. El aire parecía haberse espesado, cargado de una intimidad que ambos compartían sin palabras.

—¿Vida pasada? —preguntó Eryndor, con un matiz distinto en la voz, mezcla de sorpresa y curiosidad.

Arion se tensó, arrepintiéndose de haber hablado sin pensar.

—Yo… no debería haber dicho eso.

Los ojos dorados lo observaron con atención, no con sospecha, sino con una curiosidad profunda que hacía que cada fibra de su cuerpo se pusiera alerta.

—No te presionaré —dijo Eryndor finalmente—. Pero cuando estés listo… quiero escucharte.

Esa frase, dicha con calma y certeza, provocó un estremecimiento inesperado en Arion. El corazón le latía con fuerza y un calor desconocido subió por su cuello.

—Eso es lo que me asusta —admitió en voz baja—. Que puedas escuchar incluso lo que yo no entiendo de mí.

Eryndor se inclinó un poco más, lo justo para que Arion percibiera su proximidad, su aroma y la fuerza silenciosa que emanaba. La presión de su presencia no era opresiva, sino abrumadora, como si cada pensamiento de Arion fuera parte de un mapa que Eryndor podía leer.

—Entonces no estarás solo para entenderlo —dijo—. Yo estaré aquí.

Arion alzó la vista, y sus ojos se encontraron con los de Eryndor. Por un instante, el mundo pareció reducirse a ese pequeño espacio compartido, a esa cercanía cargada de emoción y tensión.

No quiero que se vaya, pensó Arion sin darse cuenta.

Eryndor permaneció quieto, con una expresión casi imperturbable, pero sus ojos dorados parecían sonreír ante el pensamiento de Arion.

—Eso… también lo oí —murmuró, suavemente.

El rostro de Arion ardió de inmediato.

—¡Yo no…! —se interrumpió, sin saber cómo terminar la frase.

Para su sorpresa, Eryndor sonrió apenas, una curva casi imperceptible de sus labios, suficiente para que un calor desconocido se instalara en el pecho del omega.

—Descansa —dijo con suavidad, dando un paso hacia la puerta—. Mañana será un día largo.

Antes de marcharse, se detuvo, apoyando la mano en el marco de la puerta.

—Y Arion… gracias por no cerrarte.

Cuando la puerta se cerró, Arion se recostó lentamente, el corazón aún latiendo con fuerza. Por primera vez, sus pensamientos no le parecieron tan aterradores. Tal vez… porque alguien estaba dispuesto a escucharlos. Tal vez… porque alguien estaba allí para sostenerlo incluso cuando él no podía hacerlo consigo mismo.

Y en ese silencio que siguió a la partida de Eryndor, Arion comprendió algo importante: no todos los secretos estaban destinados a ser una carga. Algunos, cuando se comparten con cuidado… podían convertirse en un puente.

Un puente hacia alguien que no solo escuchaba, sino que también entendía.

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karina ochoa
Así es! 👏👏
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