Ella solo quería olvidar aquella noche.
Él jamás dejó de buscarla.
Dos gemelos, un secreto guardado durante cinco años y un reencuentro que no estaba en los planes de nadie.
El amor, el pasado y la verdad chocarán cuando el destino decida intervenir.
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୨୧una dulce mentira୨୧
Los niños saltaban sobre la cama, riendo sin parar. Habían escuchado lo suficiente para sacar sus propias conclusiones: su mamá había encontrado a su papá. Eso, para ellos, era motivo de celebración.
La puerta se abrió de golpe.
—¿Qué hacen, niños? —preguntó Adrián al entrar, sosteniendo un plato con galletas.
Los gemelos se quedaron quietos… solo un segundo.
—Tío —preguntó Theo con absoluta seriedad—, ¿dónde se casan las personas cuando se quieren mucho?
Adrián parpadeó.
—Eh… supongo que primero en un registro civil… y luego en una iglesia.
Noah se acercó y le tiró suavemente de la manga.
—¿Y cómo tienen los bebés?
Adrián se quedó en blanco.
¿Bodas? ¿Bebés? ¿Qué está pasando aquí…?
—Niños —dijo con cautela—, ¿por qué tantas preguntas?
Los gemelos se miraron entre ellos y rieron, cómplices.
Adrián los observó con atención y negó con la cabeza.
—Son rarísimos… —murmuró—. Seguro su padre también lo es. Tenían que ser gemelos.
Mientras tanto, Taehyun caminaba por los pasillos del hospital con el ceño fruncido. El ambiente le resultaba asfixiante.
—¡Taehyun! —lo llamó Nara, su hermana, levantándose de golpe—. ¿Por qué le hiciste eso a Bianca? Ella solo quería estar contigo.
Él soltó un suspiro cansado.
Antes de que pudiera responder, la señora Choi apareció corriendo.
—¡TÚ! —gritó, golpeándole el pecho—. ¿POR QUÉ TRATAS ASÍ A MI HIJA? ¡ELLA SOLO QUIERE TU AMOR!
Rompió en llanto y cayó sentada en el suelo. Poco después, el señor Lee se unió a la escena.
—Jamás pensé que un Kang fuera tan cruel —reclamó—. Por tu culpa, mi hija intentó hacerse daño. Se conocen hace cinco años. Ella te amaba.
Taehyun apretó los puños.
Sin decir una palabra más, entró a la habitación. Bianca estaba allí, recostada en la cama. Él se sentó frente a ella, con la mirada fría.
—¿Otra vez este teatro barato? —dijo sin rodeos.
—¿Por qué no me amas? —sollozó Bianca, fingiendo abrir los ojos.
—¿Por qué será? —replicó él, levantándose—. Estás loca. Tú y tu madre creen que esto funciona conmigo. ¿De verdad piensas que te creo?
Se inclinó hacia ella, serio.
—Que sea la última vez que haces algo así. Una más… y no la cuentas. ¿Entendido?
Se fue sin mirar atrás.
Bianca golpeó la cama, haciendo un berrinche.
—¡Mamá! Dijiste que funcionaría…
—Tranquila —respondió su madre, acariciándole el cabello—. Así funcionó con tu padre. Ya encontraremos la manera.
Horas después, Taehyun llegó a su casa. Entró a su estudio, el único lugar donde creía poder respirar.
—Ah… —se dejó caer sobre la mesa, agotado.
—¿Qué le pasa a mi hermano mayor? —preguntó una voz.
Taehyun se sobresaltó. Era Doyoung.
—¿Ni aquí puedo tener paz? —gruñó.
—A ver, ¿qué pasó?
—Encontré a… vampirita —murmuró, suspirando.
Doyoung sonrió.
—¿Y eso no es bueno?
Taehyun miró el techo.
—Soy un monstruo. La lastimé… física y mentalmente.
—No tienes toda la culpa —lo consoló su hermano.
El miércoles llegó demasiado rápido.
—Ariana —dijo Nara con voz firme—, necesito once diseños para el lunes.
—¿Once? —Ariana se incorporó de golpe.
—Elegiré uno y se lo enviaré al jefe.
—Entendido…
Se puso a trabajar sin descanso.
Un rato después, Bianca apareció con una bandeja de café. Al pasar junto al escritorio de Ariana, tropezó “accidentalmente”.
El café cayó sobre los diseños.
—¡Bianca! —exclamó Ariana, poniéndose de pie.
—¿Qué pasa? —preguntó Nara, seria.
—Cuñada… perdón —dijo Bianca haciendo un puchero—. Fue sin querer.
—Ariana, ve al baño y sécate —ordenó Nara—. Fue un accidente.
Ariana salió con los labios apretados. No le bastó arruinarme la vida aquella noche…
Mientras limpiaba, una sombra se detuvo frente a ella.
—Perdón —murmuró—…
—No pasa nada —respondió un chico con cubrebocas—. ¿Estás bien?
—Una compañera arruinó mi trabajo… y tengo once diseños que terminar —suspiró.
Él la observó en silencio.
—Creo que no saldré temprano hoy…
Ariana se despidió y se fue.
El chico se quitó el cubrebocas. Era Taehyun.
—¿Once diseños? —preguntó molesto—. ¿Cómo es eso, Yonghoon?
—Es para la exposición. La contratamos por su talento —explicó el secretario.
—Pero así no tendré tiempo de verla…
—Señor —lo cortó—, deje de actuar raro.
Taehyun rió.
—No sabe quién soy. Mantendré el secreto.
Horas después, Ariana seguía trabajando. De pronto…
—¿Alguien pidió una pizza doble?
Levantó la vista.
—¿Usted…? —se sorprendió—.
—Soy el repartidor —mintió Taehyun.
—Qué raro… pensé que mi jefe sería horrible.
—¿En serio crees eso? —se ofendió.
—No lo conozco… —rió—. Perdón, señor Jake, no podremos tener una cita.
—No pasa nada —sonrió—. Estás bonita hoy.
Ella se sonrojó. Al levantarse, tropezó. La pizza cayó… y Ariana terminó entre sus brazos.
Se miraron fijamente.
—¿Y si tenemos la cita aquí? —bromeó él.
Ariana sintió un nudo en el pecho. Era igual a sus hijos… la sonrisa, el cabello…
—No podemos… apenas nos conocemos.
—Bueno —dijo en voz alta—, espero que tu jefe haya dejado un recado.
Yonghoon apareció.
—Señorita Ariana, su jefe dijo que no se preocupe. Él se encargará de los diseños.
Ariana sonrió, aliviada.
—¿Ves? —dijo Taehyun—. Tu jefe no es tan malo.