Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 4: El Negocio Empieza a Crecer
La primera regla de los negocios es simple.
Si algo se vende bien…
Haz que se venda aún más.
Tres días después del primer acuerdo comercial, el Reino Demoníaco estaba más ocupado que nunca.
Carretas llenas de cristales demoníacos salían del castillo hacia el reino humano.
Demonios que antes eran soldados ahora cargaban cajas.
Otros escribían contratos.
Y algunos… discutían sobre precios.
—¡PRINCESA! —gritó uno de los administradores mientras corría por el pasillo—. ¡Los humanos quieren más!
—Eso es bueno —respondí sin levantar la vista del pergamino que estaba revisando.
—¡Pero quieren descuentos!
Suspiré.
—Eso es normal.
El demonio me miró confundido.
—¿Normal?
—Sí. Siempre piden descuento primero.
—¿Y qué hacemos?
Sonreí.
—Subir el precio.
El demonio parpadeó.
—¿Subirlo?
—Luego fingimos que aceptamos negociar.
—…
—Y finalmente damos un pequeño descuento.
El demonio me miró como si acabara de descubrir una nueva forma de magia.
—Princesa… eso es brillante.
—Eso es comercio.
En ese momento la puerta de mi oficina se abrió sin avisar.
Mi padre entró.
—Hija.
—¿Sí?
—Los humanos están invadiendo.
Levanté la mirada inmediatamente.
—¿Qué?
—Están entrando al castillo otra vez.
Suspiré.
—Papá… son comerciantes.
—Siguen siendo humanos.
Antes de que pudiera responder, un guardia anunció desde la puerta:
—El príncipe humano solicita audiencia.
Mi padre gruñó.
—Otra vez.
Minutos después estábamos en la sala de reuniones.
El príncipe entró con su habitual calma elegante.
Pero esta vez no estaba solo.
Detrás de él venía el duque Valen.
Ah.
El problema regresó.
El príncipe inclinó ligeramente la cabeza.
—Princesa.
—Príncipe.
El duque me observó con la misma mirada analítica de antes.
—Veo que el comercio está prosperando.
—Mucho.
—Demasiado rápido.
—Eso es eficiencia.
El duque caminó lentamente por la sala observando los mapas y contratos.
—El reino humano está empezando a depender de estos cristales.
—Eso suele pasar con los buenos productos.
El príncipe dejó un nuevo pergamino sobre la mesa.
—Vinimos por otro acuerdo.
Mi padre cruzó los brazos.
—¿Otro?
—La demanda aumentó.
Tomé el pergamino.
Era una lista enorme de pedidos.
Sonreí.
Perfecto.
—Podemos producir esa cantidad.
El duque levantó una ceja.
—¿Tan fácil?
—Sí.
—Eso me preocupa.
—¿Por qué?
—Porque los demonios no hacen nada tan generoso sin esperar algo.
Me incliné hacia atrás en la silla.
—Tiene razón.
Silencio.
El príncipe me miró con interés.
—¿Entonces qué quiere?
Sonreí.
—Exclusividad.
—¿Otra vez? —dijo el duque.
—Esta vez es diferente.
Deslicé el pergamino hacia ellos.
—Solo el reino humano podrá comprar cristales demoníacos.
El príncipe parpadeó.
—Eso nos beneficia.
—Mucho.
El duque entrecerró los ojos.
—¿Y qué gana el Reino Demoníaco?
Lo miré directamente.
—Clientes leales.
Mi padre asintió con orgullo.
—Mi hija es brillante.
—Papá…
El duque suspiró.
—Princesa… cada vez estoy más seguro de algo.
—¿De qué?
—Usted no quiere una guerra.
—Correcto.
—Pero tampoco quiere paz.
Sonreí.
—Quiero negocios.
El príncipe soltó una pequeña risa.
Mi padre golpeó la mesa.
—¡NO ME GUSTA CUANDO RÍE!
El príncipe ignoró completamente eso.
—Aceptaremos el acuerdo.
El duque lo miró sorprendido.
—¿Está seguro?
—Sí.
Luego sus ojos se volvieron hacia mí.
—Después de todo…
Se inclinó ligeramente.
—Quiero ver hasta dónde llega el plan de la princesa demonio.
Mi padre gruñó.
Yo simplemente sonreí.
Porque mientras todos discutían sobre política…
El verdadero plan ya estaba en marcha.
El Reino Demoníaco estaba ganando algo mucho más poderoso que una guerra.
Influencia.
Y muy pronto…
El mundo entero empezaría a depender de nosotros.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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