Una policía reencarna en un mundo mágico, supuestamente condenada a morir porque se convertirá en la tercera esposa del duque.. Pero, ella decide cambiar su destino..
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes*
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Regreso
Poco a poco el ritmo de todo comenzó a cambiar.
No porque el deseo hubiera desaparecido.
Seguía allí, palpable en el aire cálido del carruaje, en la forma en que los cuerpos de ambos seguían cerca, en las respiraciones todavía algo agitadas.
Pero el cansancio empezó a imponerse.
Sienna fue la primera en sentirlo.
Su cuerpo, que hacía unos minutos respondía a cada caricia, empezó a relajarse lentamente. Sus manos ya no se aferraban con tanta fuerza a la ropa de Julian, y su respiración se fue calmando poco a poco.
Julian lo notó.
Sus movimientos se volvieron más lentos.
Más suaves.
Las manos que antes exploraban con urgencia ahora apenas recorrían su espalda con caricias tranquilas.
Cuando ella dejó escapar un pequeño suspiro cansado, él entendió.
Así que dejó de buscar sus labios.
En lugar de eso, acomodó mejor su cuerpo contra el suyo.
Sienna se apoyó contra su pecho casi sin darse cuenta.
Su cabeza terminó descansando bajo su barbilla.
Julian levantó una mano y comenzó a acariciarle el cabello con movimientos lentos.
Como si ese gesto fuera completamente natural.
El carruaje seguía avanzando, balanceándose suavemente en el camino, y ese movimiento terminó de arrullar a Sienna.
Sus ojos se cerraron.
Intentó mantenerse despierta un momento más.
Pero el cansancio era más fuerte.
En cuestión de minutos, su respiración se volvió profunda y regular.
Se había quedado.. dormida en sus brazos..
Julian bajó la mirada hacia ella.
Durante un rato no hizo nada.
Solo observó su rostro tranquilo mientras dormía apoyada contra él.
Su mano siguió moviéndose lentamente entre su cabello.
Y algo dentro de él… se calmó.
Una sensación extraña.
Profunda.
Hace apenas unos días había estado en la boda de otro duque.
Recordaba perfectamente cómo se había sentido allí.
Todo le había resultado insoportable.
Las risas.
Las parejas.
Las miradas llenas de afecto.
Todos parecían felices.
Todos parecían tener algo que él nunca había tenido.
Porque él había perdido a la única mujer que su cuerpo no rechazaba.
Y en ese momento había pensado que tal vez… simplemente tendría que vivir así.
Pero ahora… bajó la mirada otra vez hacia Sienna dormida en sus brazos.
Y algo había cambiado. Sentir su peso contra su pecho.
Poder tocarla sin sentir repulsión.
Poder respirar cerca de ella.
Por primera vez en mucho tiempo, Julian sintió que su mente estaba en paz.
Incluso pensó algo que rara vez pensaba.
Que si moría en ese momento… probablemente podría hacerlo en paz..
Pero enseguida apartó esa idea.
No.
Él no era ese tipo de hombre.
Se obligó a pensar con frialdad.
No la amaba.
Se repitió esa idea con firmeza.
No era amor.
Solo era su cuerpo.
Solo eso.
Cuando finalmente pudiera tenerla por completo… todo estaría bien.
Entonces su mente volvería a la normalidad.
Podría seguir con su vida.
Porque él no se veía como un hombre casado.
Nunca lo había hecho.
Pero un año… Un año con ese cuerpo en sus brazos.
Un año disfrutando de la única mujer que su cuerpo aceptaba.
Julian dejó escapar un pequeño suspiro mientras seguía acariciándole el cabello.
Si para conseguir eso tenía que darle la mitad de sus bienes… que así fuera.
Si tenía que gastar una fortuna… no importaba.
Para él… sería la mejor inversión de su vida..
Cuando el carruaje finalmente se detuvo frente a la gran mansión del duque, la noche ya estaba bastante avanzada.
Las luces de la entrada iluminaban el camino de grava y varios sirvientes ya se habían acercado, alertados por la llegada del carruaje.
Pero dentro, Julian no se movió de inmediato.
Sienna seguía apoyada contra él, todavía medio dormida.
Su respiración era lenta, tranquila, y su cabello estaba un poco desordenado por las horas que había pasado en sus brazos.
Julian bajó la mirada hacia ella… y entonces recordó el estado de su vestido.
La tela estaba ligeramente rasgada en un costado por lo que había ocurrido en el carruaje.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
No permitiría que nadie la viera así.
Ni los sirvientes.
Ni los guardias.
Ni nadie.
Sin decir nada, se quitó su chaqueta.
Era grande y pesada.
La acomodó cuidadosamente sobre los hombros de Sienna, cubriéndola bien.
El gesto terminó de despertarla un poco.
Ella parpadeó lentamente, todavía adormilada.
—¿Llegamos…?
Su voz era suave, espesa por el sueño.
—Sí.
Julian habló en voz baja.
Sienna se frotó un poco los ojos, tratando de orientarse, mientras él abría la puerta del carruaje.
El aire fresco de la noche entró de inmediato.
Julian bajó primero y luego le ofreció la mano.
Ella la tomó sin discutir.
Estaba demasiado cansada para cuestionarlo todo como solía hacerlo.
Bajó con cuidado, envuelta en la chaqueta del duque, que prácticamente ocultaba el estado de su vestido.
Los sirvientes bajaron la mirada con respeto cuando el duque pasó junto a ellos.
Nadie hizo preguntas.
Julian caminó a su lado.
No la tocaba, pero tampoco se alejaba.
Como si estuviera asegurándose de que llegara bien.
Sienna caminaba despacio, todavía medio dormida por el cansancio del viaje y por las noches anteriores durmiendo mal.
Cuando entraron a la mansión, el silencio del interior era casi absoluto.
Las lámparas iluminaban los pasillos amplios mientras avanzaban.
Finalmente llegaron frente a una habitación.
Julian abrió la puerta.
—Esta será tu habitación.
Sienna asintió.
Entró despacio.
El cuarto era grande, elegante, pero en ese momento ella apenas lo miró.
Estaba demasiado cansada para apreciar nada.
Julian se quedó en la puerta.
—Prepararé los documentos con tus requisitos.
Su voz volvió a ser tranquila, casi formal.
—La mitad de mis bienes, tu libertad, respeto, confianza… y el documento de divorcio en un año.
Sienna lo miró un momento.
Todavía parecía algo incrédula de que él realmente fuera a hacerlo.
Pero asintió.
—Bien.
Dio un paso hacia la cama.
Luego se detuvo.
Se giró hacia él otra vez.
Y sin pensarlo demasiado.. quizás todavía medio adormilada.. se acercó.
Se inclinó ligeramente.
Y le dio un beso corto en los labios.
Un beso sencillo.
Casi distraído.
Como si fuera algo natural.
—Buenas noches.
Julian se quedó completamente inmóvil por un segundo.
No parecía haber esperado eso.
Pero reaccionó enseguida.
Su mano subió apenas a su mejilla mientras respondía el beso con suavidad.
Cuando se separaron, Sienna ya estaba retrocediendo hacia la cama.
Ella no parecía pensar demasiado en lo que había hecho.
Estaba agotada.
Se quitó la chaqueta de Julian y la dejó sobre una silla.
Luego se deshizo del vestido rasgado.
La tela cayó al suelo sin ceremonias.
Se quedó solamente con su camisón ligero.
Julian todavía estaba cerca de la puerta cuando ella se dejó caer sobre la cama.
Ni siquiera acomodó bien las mantas.
Solo se metió bajo ellas con un suspiro profundo.
En menos de un minuto… ya estaba dormida otra vez.