Ella renace en un nuevo mundo, y quiere ser la mejor hermana menor.. en esta nueva oportunidad para vivir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
*Todas las novelas son independientes**
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Invitación
La reunión con la Casa Stevens resultó ser mucho más importante de lo que Nelson había imaginado.
En las semanas siguientes, los acuerdos preliminares se transformaron en contratos reales.
Las caravanas de los Darcy comenzaron a transportar barriles de vino desde las viñas del oeste hacia los puertos del reino de Bernicia. Desde allí, barcos mercantes los llevaban hacia otros reinos.
El negocio creció rápidamente.
Más rápido de lo que cualquiera en la familia Darcy había visto antes.
Las rutas se optimizaron.
Se contrataron más cocheros.
Se compraron nuevos carruajes reforzados para transportar mercancía delicada.
Y lo más importante.. la reputación de la familia Darcy comenzó a crecer.
Los comerciantes comenzaron a mencionar su nombre con más respeto.
Las familias nobles empezaron a verlos no solo como transportistas… sino como socios comerciales confiables.
Durante esos meses, Naomi mantuvo contacto constante con Lady Abigail Stevens.
Pero no a través de visitas frecuentes.
Sino mediante cartas.
Cartas largas.
Detalladas.
A veces hablaban de negocios.. volúmenes de exportación, tiempos de viaje, mejoras en las rutas.
Otras veces hablaban de asuntos más curiosos.. nuevos mercados en otros reinos, las preferencias de los comerciantes extranjeros o incluso los cambios en la política comercial.
Abigail tenía una mente tan aguda como Naomi.
Y eso hacía que la correspondencia entre ambas fuera sorprendentemente estimulante.
Una tarde, mientras Naomi revisaba una carta recién llegada, Nelson entró en la oficina.
—¿Otra carta de Lady Stevens?
Naomi levantó la mirada.
—Sí.
—¿Buenas noticias?
Ella sonrió.
—Siempre hay buenas noticias cuando el negocio crece.
Nelson rió suavemente.
—Nunca pensé que mi hermana pequeña estaría intercambiando cartas comerciales con una de las mujeres más influyentes del reino.
Naomi dobló la carta con cuidado.
—Ella también disfruta las conversaciones.
Pero poco tiempo después ocurrió algo inesperado.
Un anuncio sacudió a toda la nobleza del reino de Bernicia.
El rey había anunciado su compromiso oficial.
Y su prometida sería…
Lady Abigail Stevens.
La noticia se extendió por todo el reino como un incendio.
Era una decisión sorprendente para muchos nobles tradicionales.
Abigail no pertenecía a una de las grandes casas aristocráticas.
Su poder venía del comercio, no de títulos antiguos.
Pero el rey había sido claro.
Su capacidad, inteligencia y éxito habían convertido a Abigail Stevens en una de las figuras más influyentes del reino.
Y ahora…
Se convertiría en reina.
Cuando Naomi leyó la noticia en un documento oficial, no pudo evitar quedarse en silencio un momento.
Nelson la observó desde el otro lado del escritorio.
—Supongo que eso significa que tus cartas ahora serán aún más interesantes.
Naomi rió suavemente.
—Probablemente también serán menos frecuentes.
Y en efecto, las cartas cambiaron.
No se detuvieron completamente, pero comenzaron a ser más breves.
Más formales.
La razón era obvia.
Abigail ya no tenía el mismo tiempo que antes.
Ahora estaba preparándose para convertirse en reina.
Por esa razón, el manejo directo del comercio de las viñas pasó a manos de Lord Stevens, su padre.
Así fue como las conversaciones comerciales comenzaron a realizarse entre Naomi y él.
Lord Stevens resultó ser un hombre práctico y directo.
Las negociaciones continuaron funcionando bien.
Y el comercio siguió creciendo.
Una tarde tranquila, Nelson entró en el salón sosteniendo un sobre con un sello dorado.
—Naomi.
Ella levantó la vista desde el escritorio.
—¿Sí?
—Llegó algo interesante.
Ella arqueó una ceja.
—¿Otro contrato?
—No.
Nelson levantó el sobre.
—Una invitación.
Naomi dejó la pluma.
—¿De quién?
Nelson rompió el sello con cuidado.
Mientras leía, su expresión cambió ligeramente.
Primero sorpresa.
Luego una sonrisa.
—Bueno… esto sí que es inesperado.
Naomi cruzó los brazos.
—Hermano, no me dejes en suspenso.
Nelson levantó la mirada.
—Es una invitación a la boda real.
Naomi parpadeó.
—¿La boda… del rey?
—Y de Lady Abigail Stevens.
Ella se levantó lentamente.
—¿Nos invitaron…?
Nelson asintió.
—A ambos.
Le entregó la carta.
Naomi la leyó con atención.
El documento era elegante, con el sello real y una caligrafía impecable.
La familia Darcy estaba invitada a asistir a la ceremonia de matrimonio entre el rey de Bernicia y Abigail Stevens.
Nelson se recostó en la silla con una pequeña risa.
—Nunca imaginé que mi hermana pequeña terminaría siendo cercana a la futura reina del reino.
Naomi también rió.
—Ni yo.
Pero mientras Nelson veía la invitación con orgullo y emoción, Naomi pensaba en otra cosa.
Algo más práctico.
Más estratégico.
Nelson la observó con curiosidad.
—¿En qué estás pensando?
Naomi dobló la invitación con cuidado.
—En que habrá muchas familias nobles allí.
Nelson levantó una ceja.
—Por supuesto. Es la boda del rey.
Naomi sonrió ligeramente.
Una sonrisa llena de ideas.
—Entonces será una oportunidad perfecta.
—¿Para qué?
Ella lo miró con entusiasmo.
—Para crear más redes. Más contactos. Y más negocios.
Nelson soltó una carcajada.
—Debería haberlo sabido.
Se levantó y le dio una palmada suave en el hombro.
—Mientras todos celebren el romance del rey…
—Mi hermana estará pensando en contratos comerciales.
Naomi sonrió con inocencia.
Pero sus ojos brillaban con ambición.
Porque para ella…
La boda real no solo sería un honor.
Sería una oportunidad.