Nació gemelo, pero jamás fue tratado como tal. Marcado en el rostro, fue despojado de nombre, amor y humanidad. Mientras su hermano era criado como el elegido, él fue guardado como reemplazo, como ofrenda silenciosa. Cuando el prometido huye la noche del sacrificio, la familia no duda: no lo buscan… lo borran.
Y entonces lo entregan a él.
Traicionado por su propia sangre, ofrecido a un demonio que nunca aceptó el trato original, descubre que el pacto no exigía un hijo perfecto, sino uno roto. En un mundo donde el amor es una mentira y la familia es el primer verdugo, aprenderá que la verdadera monstruosidad no viene del infierno, sino de quienes sonríen mientras te sacrifican.
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Una nueva aliada.
La hora de la cena llegó y Daniel estaba nervioso.
—Joven, la señora lo está esperando.
Daniel caminó hasta el patio de Lilian. Todo estaba perfectamente organizado: elegante, impecable. El aroma era embriagador, hipnótico, casi irreal.
Los empleados vestían como la nobleza.
Había hecho todo lo que Heather le pidió, pero se equivocó de abrigo y se lo puso a Eva.
Daniel avanzó unos pasos.
Había seis sillas alrededor de una mesa de vidrio, hermosamente decorada. Se quedó de pie, nervioso, frente a ellas.
Las mujeres eran elegantes, hermosas…
y sobre todo, malvadas.
Miró a Heather e intentó sonreírle, pero ella le apartó la vista con desprecio.
Eso lo incomodó aún más.
—¿Dónde me siento? —preguntó, asustado.
Lilian sonrió apenas.
—¿Sentarte? Tú nos servirás.
Daniel se quedó confundido, pero pensó que solo sería esta vez.
Comenzó a atenderlas mientras ellas hablaban de los regalos que Azrael les había traído.
Entonces María lo miró fijamente.
—Humano… ¿qué te trajo a ti?
—No, señora… el señor no me ha dado nada.
Todas sonrieron.
No era una risa ruidosa ni escandalosa, sino sutil, medida, de esas que te hacen sentir pequeño… insignificante.
Entonces, Daniel se desvaneció.
Sin dolor.
Sin aviso.
Lilian se puso de pie de golpe, haciendo caer lo que había sobre la mesa.
—¿Qué pasó? ¡Llamen al médico!
Rápidamente fue tomado y llevado a una habitación.
—Mi señora… el chico fue envenenado.
Lilian lo supo de inmediato.
Era una trampa.
Alguien quería incriminarla.
Mientras pensaba en qué hacer, Azrael llegó. Ya había sido notificado. Eso solo confirmaba sus sospechas.
—¿Qué pasó?
No estaba preocupado.
Estaba furioso.
Alguien había tocado a su nuevo juguete, y eso era una falta grave.
Lilian intentó explicarse, pero Azrael la golpeó.
Ella cayó al suelo.
Las demás observaban como si no fuera asunto suyo.
—Mi señor… usted me conoce. Ha visto mi proceder en más de una ocasión.
¿De verdad me cree tan estúpida como para hacer algo así?
Heather dio un paso al frente.
—Precisamente… Podría hacerlo de esta manera para que nadie dudara de usted.
María y yo somos testigos de cómo lo gritó en el comedor. Juró matarlo.
Incluso ahora lo humilló y le pidió que nos sirviera.
Ninguna de ellas se pondría de su parte.
La meta de todas era la misma:
ser la única mujer de Azrael. Eso bastaba para unirlas…
y para volverlas enemigas en cualquier momento.
Ellas no conocían la lealtad.
Azrael: —Incluso si fue una trampa, es aún peor. ¿Cómo pudiste permitirlo siendo mi esposa principal? —dijo, indignado—. Esto ocurrió en tu patio, bajo tus narices. Entonces dime… ¿a quién debo culpar?
Lilian no respondió.
Eva, todavía mareada, tomó su abrigo con la intención de retirarse del lugar. Dio apenas unos pasos cuando la voz de Lilian la detuvo.
Lilian: —¿A dónde vas con tanta prisa?
Eva: —No tengo prisa, solo estoy cansada. Además… ¿esto qué tiene que ver conmigo? —respondió, retomando el paso.
Lilian: —Antes de irte, te vamos a revisar.
Eva se detuvo en seco. Aquello le pareció una humillación.
Eva: —De ninguna manera. ¿Por qué intentas embarrarme en tus problemas?
Eso hizo que Lilian la observara con mayor atención, como si hasta ese momento realmente la viera.
Lilian: —¡Sirvientes! —gritó—. Revísenlas a todas. Nadie sale de aquí hasta que sean debidamente evaluadas.
Eva estaba indignada, pero Azrael seguía allí. Y estaba furioso. Sabía que podía desquitarse con cualquiera.
Todas las mujeres formaron una fila, entregando sus pertenencias mientras los empleados revisaban una por una.
Fue entonces cuando, en el abrigo de eva, apareció el frasco que contenía el veneno.
Eva palideció. Abrió la boca para hablar, pero no tuvo oportunidad.
Azrael la tomó del cuello con brutalidad y, sin vacilar, le destrozó las cuerdas vocales.
La arrastró fuera del lugar mientras ella se ahogaba en su propia sangre.
Nadie gritó. Nadie se movió. Nadie se horrorizó.
Por el contrario, parecía que disfrutaban del espectáculo.
Lilian: —Doctor… ¿él se puede salvar?
El doctor entendió el mensaje al instante.
Ella quería que Daniel muriera.
Doctor: —Mi señora, le soy leal, pero hay cosas que no se pueden forzar… y este no es el mejor momento. Usted entiende, ¿verdad?
Lilian: —Es una lástima. (suspiro)
Ocho días después.
Daniel abrió los ojos.
Su cuerpo se sentía pesado; un hormigueo constante le recorría las piernas y su garganta estaba reseca, ardiente.
Con voz afónica llamó a una empleada que permanecía cerca de la cama. Era nueva. No la había visto antes.
—¿Podrías darme agua?
—No puedo, joven amo.
Esas palabras eran nuevas para él.
—¿Joven amo? —repitió, como si hubiera oído mal.
—Así es.
La mujer era extraña. Tenía marcas profundas en el rostro, le faltaba un ojo y sus manos estaban llenas de cicatrices. Aun así, conservaba la elegancia característica de los demonios. Eran heridas que debieron haber sido mortales.
—¿Por qué me llamas así?
—A partir de ahora soy su sirvienta personal.
Daniel la observó fijamente.
Su mirada, que alguna vez fue imponente, decayó. Era como si la escena se repitiera una y otra vez en su vida.
—Entiendo, joven amo. Le diré a la señora Lilian que le envié a alguien.
—No he dicho que no te quiera a mi lado… es solo que—
—No la sirvo a ella —lo interrumpió—. Estoy aquí porque es la única forma de estar cerca de mi hijo. Pero hasta ahora ninguna señora me ha querido como dama. Esta es mi última oportunidad. El señor Azrael le ha dado el control de toda la mansión, así que si no me acepta, ella me echará. No hay más puestos.
Daniel lo entendió.
No era un favor. Era otra humillación.
—¿Eres un demonio?
—Sí.
—¿Qué sabes hacer?
—Asesinar —respondió sin dudar.
Daniel no entendía por qué, pero algo en esa mujer llamaba su atención.
—La odias —dijo, refiriéndose claramente a Lilian.
—Con todas mis fuerzas, joven señor. Incluso si viviera ochocientos años más, no la perdonaría. Por eso se lo digo: si quiere acabar con ella, yo lo ayudaré.
—¿Por qué debería confiar en ti? La última vez que confié… me dejó en esta cama.
—Hagamos un pacto de sangre.
—¿Qué es eso?
—Ya se lo mostraré.
La mujer tomó un recipiente. Sujetó la mano de Daniel; él no tenía fuerzas para resistirse. Le cortó el dedo, luego se dibujó un pentagrama en el pecho y dejó caer la sangre de él dentro del recipiente.
Había algo dentro. Daniel no sabía qué era.
Cuando ella lo tomó, los pensamientos de la mujer invadieron su mente. Los escuchaba con claridad, como si hablara dentro de su cabeza.
—Este es un sello de esclavitud. Cada vez que le mienta o intente hacerle daño, el dibujo crecerá y cambiará de color lentamente. Cuando deje de ser rojo y se vuelva negro… mi vida terminará.
—¿Por qué haces esto?
—Porque sola no puedo. Por muy fuerte que sea.
—Soy el más débil. No tengo ningún poder. ¿Por qué yo?
Ella lo miró fijamente.
—Porque yo jamás confiaría en un demonio.
sería genial qué pasará eso, queda como que el plan que tenía se dio vuelta y no salió como esperaba
ahhh más más capítulos