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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:567
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Demasiado Alcohol, mala suerte

El bullicio despertó a Black.

Risas. Voces de niños corriendo sin cuidado. Adultos hablando a la vez, pasos que iban y venían. El sonido distante de bocinas, el timbre de una bicicleta pasando demasiado cerca.

Un dolor punzante le atravesó la cabeza.

—¿Qué…? —murmuró, llevándose una mano a la sien—. ¿Por qué hay tanto ruido?

Abrió los ojos apenas una rendija. El sol le golpeó de lleno, obligándolo a cerrarlos de inmediato con un siseo molesto. Todo le daba vueltas. Intentó incorporarse y un tirón seco en la espalda lo hizo gemir, perdiendo el equilibrio por un segundo.

—Genial… —gruñó entre dientes—. Me duele como si me hubieran arrastrado por media ciudad.

Respiró hondo, esperando que el mareo cediera. Cuando por fin logró enfocar la vista, se dio cuenta de dónde estaba.

Un parque.

Bancos de madera gastada. Árboles frondosos. Personas paseando como si nada. Como si el mundo no se hubiera detenido la noche anterior.

—Esto no es mi casa… —murmuró, frunciendo el ceño.

Se incorporó con esfuerzo, sacudiéndose la tierra de la ropa. No recordaba cómo había llegado allí, ni quién lo había dejado. Solo tenía la vaga sensación de haber sido… cargado. O arrastrado.

Y eso no le gustó nada.

De mal humor y con la cabeza aún palpitando, se dio la vuelta y se marchó sin mirar atrás, ignorando las miradas curiosas de algunos transeúntes.

Muy lejos de allí, en la gran mansión Yshir, el ambiente era completamente distinto.

—¡Busquen en cada rincón! —ordenó una voz femenina, cortante, autoritaria—. No importa dónde. Deben encontrarlo como sea.

Los sirvientes intercambiaron miradas nerviosas.

—Eviten levantar sospechas —continuó—. Nadie debe saberlo. Ahora vayan.

Salieron apresurados por los pasillos… y casi chocaron con un hombre recostado en el marco de la puerta, de brazos cruzados.

—Vaya —comentó con una sonrisa ladeada—. ¿Qué hiciste para provocar semejante alboroto?

Era alto, de porte elegante. Vestía un traje blanco y negro con detalles dorados que contrastaban con su cabello azul oscuro. Sus ojos grises brillaban con diversión genuina.

—¿Qué fue esta vez? —añadió—. ¿Incendiaste algo? ¿O solo hiciste enojar a padre?

Desde la ventana, una joven respondió sin girarse.

—No es nada grave —dijo con frialdad—. No te preocupes.

Llevaba un vestido blanco con adornos grises. Su figura era recta, firme. Su postura, inquebrantable.

—¿Ya estás lista? —preguntó él—. Padre nos espera.

—Dile que iré más tarde. Adelántense.

Él frunció el ceño, acercándose un poco más.

—¿Estás segura?

La joven se volvió lentamente.

—Perdí el collar… y el anillo.

El silencio cayó como una losa.

—¿Q… qué? —balbuceó él, incrédulo.

—Por favor —pidió ella, con voz firme—. Distráelos. Prometo recuperarlo antes de que alguien lo note.

El hombre bajó la mirada, claramente decepcionado… pero segundos después dejó escapar una risa baja.

—Si hubiera sabido que perderías tus joyas sagradas —dijo—, te habría ofrecido las mías.

—No te burles —respondió ella, el ceño apenas fruncido—. Sabes perfectamente el peligro que representa si cae en manos equivocadas.

—Lo sé —admitió él, encogiéndose de hombros—. Y sé que lo encontrarás. Ya sabes para quién es valioso.

Ella apretó los labios.

—Lo sé —susurró—. También lo es para mí.

Black llegó a su pequeño departamento en un barrio bajo. Tiró las llaves sobre el sillón sin cuidado y se desabrochó la camisa.

—Necesito una ducha… o tres.

Algo cayó al suelo con un sonido suave.

Miró alrededor… pero no vio nada.

—Genial —murmuró—. Ahora escucho cosas.

Se encogió de hombros y entró al baño.

Minutos después salió con una toalla rodeándole la cintura. Mientras se secaba el cabello, se inclinó para recoger su ropa y entonces lo vio.

Un brillo extraño.

Un collar.

Su diseño parecía hecho de raíces entrelazadas, retorcidas de forma casi orgánica. Del centro colgaba un anillo con forma de hojas delicadas.

—¿Y esto…? —susurró.

Al tocarlo, una energía recorrió su brazo, intensa, eléctrica.

Las imágenes regresaron de golpe.

El bar.

Un hombre misterioso ofreciéndole dinero.

Una mujer poderosa.

Un objeto valioso.

La niebla.

El bosque.

Un golpe seco en el rostro.

—Así que esto fue lo que me dio en la cara…

Lo observó con atención, el pulso acelerado.

—Definitivamente es mágico —murmuró—. Mejor devuelvo esto… y agradezco al tipo que me salvó.

Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

—Aunque, si no lo encuentro… unas cervezas no vendrían mal.

Un recuerdo más se coló en su mente.

—Uniforme carmesí… cazadores de monstruos y demonios.

Se vistió con ropa cómoda de entrenamiento y salió, el collar en una mano y la chaqueta negra en la otra.

—Tal vez hoy tenga suerte.

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