Sinopsis:
Isabella, una joven y talentosa pianista, ve cómo su mundo se desmorona cuando su gran amor, Nicolás, sufre un trágico accidente de auto y es dado por muerto. Devastada y sola, descubre semanas después que está embarazada. Con el corazón roto pero decidida a salir adelante, se entrega a la música y comienza a trabajar como pianista en eventos y bodas, mientras cría a sus dos hijos gemelos.
Años después, recibe la oferta de tocar en una lujosa boda de alto perfil, con estrictas cláusulas de confidencialidad. Nada la prepara para lo que está a punto de vivir: el novio es Nicolás, vivo… pero sin el más mínimo recuerdo de ella.
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Capítulo 7 – La Decisión
La puerta se abrió con fuerza. Nicolás salió de la habitación con el rostro endurecido, la mirada fija en el salón donde todo había comenzado a desmoronarse. Isabella lo seguía en silencio, aún procesando lo que acababan de compartir. Al fondo, Sofía y Thiago corrieron hacia ella, abrazándola con fuerza. Nicolás los miró por un instante, con una mezcla de asombro y ternura, y luego volvió su atención a lo que debía hacer.
Sus padres lo esperaban cerca del altar, rodeados de murmullos y miradas inquisitivas. Camila seguía allí, de pie, con el ramo aún en las manos, como si el tiempo se hubiera detenido para ella.
—Necesito hablar con todos —dijo Nicolás, alzando la voz lo suficiente para que se hiciera el silencio.
El señor Herrera frunció el ceño.
—Hijo, no es momento para…
—¡Sí lo es! —interrumpió Nicolás, con una firmeza que no usaba desde antes del accidente—. Es el único momento que me han dejado tener.
Se volvió hacia Camila, su expresión más suave, pero no menos determinada.
—¿Tú sabías? —preguntó—. ¿Sabías de Isabella? ¿De los niños?
Camila bajó la mirada. No respondió de inmediato. Luego, con voz temblorosa, dijo:
—Tus padres me lo contaron. Me pidieron que no dijera nada. Que te ayudara a seguir adelante. Yo… pensé que era lo mejor para ti.
—¿Lo mejor para mí? —repitió Nicolás, incrédulo—. ¿Ocultarme que tenía una familia? ¿Que tenía hijos? ¿Eso te pareció lo mejor?
Camila no respondió. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, pero Nicolás ya no la miraba. Se volvió hacia sus padres.
—¿Y ustedes? ¿Qué clase de personas hacen algo así? ¿Cómo pudieron enterrarme en vida? ¿Cómo pudieron decidir por mí?
—Lo hicimos por tu bien —dijo su madre, con frialdad—. Esa mujer no era adecuada para ti. No lo es ahora. No puedes arruinar tu vida por un error del pasado.
—¡Ella no fue un error! —gritó Nicolás—. Fue lo único real que tuve. Y ustedes me lo arrebataron.
El silencio fue absoluto. Todos los invitados observaban, sin atreverse a intervenir.
Nicolás respiró hondo. Luego, con voz clara y firme, dijo:
—Esta boda se cancela.
Camila soltó el ramo. Cayó al suelo con un golpe seco.
—No puedo seguir con esto. No puedo casarme con una mentira. No cuando la verdad está frente a mí.
Se acercó a Isabella y se agachó frente a los niños. Los miró con ternura, con una emoción que apenas podía contener.
—Hola —dijo, con una sonrisa temblorosa—. Soy Nicolás. Y creo que… soy su papá.
Sofía lo miró con curiosidad. Thiago se escondió detrás de Isabella. Pero ninguno lloró. Solo lo observaron, como si algo en ellos también lo reconociera.
Nicolás se volvió hacia Isabella.
—Vámonos. No quiero pasar ni un minuto más lejos de ustedes.
Ella lo miró, sorprendida, pero asintió. Tomó a los niños de la mano, y juntos, los cuatro salieron del salón, dejando atrás los murmullos, las apariencias, y las mentiras.
Y por primera vez en cinco años, Nicolás sintió que caminaba hacia su vida.
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