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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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—Come, que se enfría —ordenó Roberta con suavidad, extendiendo el plato humeante hacia él con una enorme sonrisa.

Taras tomó el plato de cerámica con cuidado, bajando la mirada hacia la mezcla de colores intensos y texturas que tenía frente a sus ojos. El aroma era penetrante, especiado y completamente ajeno a lo que él consideraba comida.

—Gracias... Pero, ¿qué es esto exactamente? —preguntó Taras, arrugando un poco la nariz mientras examinaba el platillo con cautela aristocrática.

—Veneno, jaja —bromeó ella, soltando una risita ligera que contagió el ambiente—. Calma, grandote, son huevos con chorizo. Mandé al gordito grandote que está parado allá afuera a la tienda por los ingredientes. En sí, es la tercera vez que cocino esta mañana.

Taras paraparadeó un par de veces, procesando la información. ¿Su jefe de seguridad, el imponente guardaespaldas ruso entrenado en fuerzas especiales, yendo a la tienda a comprar mandado por órdenes de una chica de un metro sesenta? La idea era completamente absurda.

—¿Cómo? ¿Por qué tres veces? —inquirió, desconcertado.

—Ah, porque le dije a tu gordito grandote exactamente lo que necesitaba para revivirte —explicó Roberta, apoyando las manos en la barra con total soltura—. Porque, guapo, déjame decirte que lo que hay en tu alacena yo no lo entiendo para nada. Puros frascos con letras raras. Pero te puedo asegurar con total seguridad que nada de eso es un desayuno decente, y menos con la tremenda peda que te pusiste anoche. Necesitas picante, grasa, algo verdaderamente sustancioso para recuperar las fuerzas perdidas.

—¿Y qué contiene todo esto? —quiso saber él, intrigado por el festín.

—Huevos con chorizo y salsa brava con tortilla frita, frijoles refritos, jugo de naranja recién exprimido, fruta picada y yogurt —enumeró Roberta, contando los elementos con los dedos de la mano—. Tus muchachos de seguridad se comieron unos chilaquiles verdes bien picosos que les preparé primero. ¡Y les encantó! Todos repitieron el plato, por eso tuve que hacer esto para ti de lo último que quedó. Así que provecho, guapo, anda, come de una vez.

Taras observó el plato con una clara desconfianza. El olor que desprendía era simplemente surrealista; una mezcla de notas ahumadas, ácidas y picantes que jamás en su vida en Moscú había experimentado. La boca se le hacía agua del puro instinto, pero los ojos ya le picaban sutilmente por el puro vapor de la salsa brava. Tenía la sospecha de que su estómago no resistiría semejante bomba gastronómica, pero el hambre y el aroma lo dominaron.

Tomó el tenedor, dio un bocado generoso y experimentó una auténtica explosión de sabores en el paladar. El picante lo hizo reaccionar de inmediato, despertando cada una de sus células adormecidas por el alcohol.

—Mmmm... Delicioso... Está riquísimo, de verdad —pronunció Taras con la boca llena, perdiendo por completo la compostura elegante que siempre intentaba mantener frente a los demás. El calor del platillo empezó a sudarle ligeramente la frente, pero no podía dejar de comer.

Roberta lo miraba con una expresión de profunda satisfacción, cruzándose de brazos mientras disfrutaba del éxito de su cocina mexicana.

—¿Quieres café? —ofreció, caminando hacia la cafetera que ya goteaba un líquido oscuro y aromático.

—Sí, por favor —asintió Taras, pasándose una servilleta por los labios, sintiendo cómo la energía regresaba a su cuerpo con cada bocado.

—Ok —dijo ella, sirviendo el líquido negro en una taza de porcelana y dejándola a su lado—. Oye... ¿Puedo preguntar algo?

—Sí, dime —respondió él, dándole un trago al jugo de naranja para mitigar el picante de la salsa.

Roberta se inclinó sutilmente sobre la barra, acortando la distancia física entre los dos. Fijó sus hermosos ojos cafés directamente en las pupilas claras de Taras, adoptando un tono de voz mucho más bajo y seductor que cortó el aire matutino.

—¿Cómo es que eres el paquete completo, mi amor? Eres guapo, sexy, hablas un español perfecto y, para colmo, cuando te pones nervioso murmuras cosas en ruso que, por cierto, hacen que las piernas me tiemblen por completo. ¿De dónde saliste?

Taras se detuvo con el tenedor a mitad del aire. Sintiéndose completamente expuesto bajo la mirada directa de Roberta, las mejillas se le tiñeron de un sutil color rojizo. Soltó una pequeña risa nerviosa y, sin poder evitarlo, murmuró un par de palabras en su idioma natal antes de buscar una respuesta que estuviera a la altura de la audacia de la chica.

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