Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 3: El villano de la historia
Los siguientes días transcurrieron con una tranquilidad que sorprendió a todos en la mansión Valmont.
Los extensos jardines florecían bajo el cálido sol de primavera. Rosas blancas, camelias rosadas y lirios violetas decoraban los senderos de piedra que serpenteaban entre fuentes de mármol y elegantes pérgolas cubiertas de enredaderas.
La mansión ducal era una de las más impresionantes del Imperio de Astoria.
Grandes columnas blancas sostenían balcones adornados con esculturas antiguas. Los amplios ventanales permitían la entrada de abundante luz natural que iluminaba los pasillos cubiertos por alfombras color vino y candelabros de cristal.
Sin embargo, la mayor sorpresa para todos no era la belleza de la mansión.
Era el cambio de Evelina.
Los sirvientes estaban confundidos.
Su padre estaba confundido.
Incluso Nora parecía desconcertada.
La joven que anteriormente se enfadaba por cualquier cosa ahora sonreía con frecuencia.
La joven que ignoraba a los empleados ahora preguntaba por sus familias.
Y la muchacha orgullosa que despreciaba las clases de política llevaba tres días consecutivos estudiando en la biblioteca.
—Definitivamente algo ocurrió cuando despertó —susurró una criada.
—Parece otra persona —respondió otra.
Y en cierto modo tenían razón.
Porque efectivamente era otra persona.
Aquella mañana, Ela se encontraba revisando los recuerdos de la novela.
La enorme biblioteca de los Valmont estaba llena de estanterías de madera oscura que llegaban hasta el techo.
Miles de libros ocupaban los estantes.
Mapas antiguos decoraban las paredes.
El aroma del papel envejecido llenaba el ambiente.
Ela repasaba mentalmente los acontecimientos futuros.
Necesitaba adelantarse.
Necesitaba prepararse.
Y sobre todo necesitaba identificar a sus enemigos.
La principal amenaza era su hermanastra.
Lilian Hart.
La supuesta heroína de la novela.
La joven dulce, inocente y bondadosa que conquistaba el corazón de todos.
O al menos eso era lo que el mundo creía.
Ela conocía la verdad.
Lilian era una manipuladora experta.
Había destruido lentamente la reputación de Evelina utilizando mentiras cuidadosamente construidas.
Cada lágrima era una actuación.
Cada sonrisa era una herramienta.
Cada gesto amable ocultaba intereses personales.
—Esa pequeña serpiente será un problema —murmuró.
—¿Quién será un problema?
Ela casi saltó de la silla.
Giró rápidamente.
Su padre estaba detrás de ella.
—Padre.
Alexander levantó una ceja.
—Pareces sorprendida.
—No lo escuché entrar.
—Eso es evidente.
El duque observó los libros sobre la mesa.
Historia militar.
Economía.
Política internacional.
Estrategias de guerra.
Aquello era extremadamente extraño.
—¿Desde cuándo te interesan esos temas?
Ela sonrió.
—Desde hace unos días.
—Eso puedo verlo.
Alexander tomó uno de los libros.
—La mayoría de los nobles adultos encuentran este contenido aburrido.
—Entonces tienen un problema.
El duque soltó una breve carcajada.
Era la primera vez en años que mantenían una conversación tan agradable.
Después del almuerzo ocurrió algo que Ela había estado esperando.
Un carruaje llegó a la mansión.
Al verlo desde la ventana sintió que su corazón daba un pequeño salto.
Porque reconoció el escudo familiar.
La familia Hart.
Y eso solo podía significar una cosa.
Lilian había llegado.
—Más rápido de lo que esperaba —susurró.
En la historia original, Lilian se mudaba a la mansión poco después de que Evelina enfermara.
Exactamente igual que ahora.
Todo seguía avanzando según la novela.
Por el momento.
La puerta principal se abrió.
Una delicada joven descendió del carruaje.
Su cabello rubio brillaba bajo la luz del sol.
Sus ojos azules parecían llenos de inocencia.
Su vestido color lavanda resaltaba su apariencia delicada.
A simple vista parecía un ángel.
Ela sabía que era un demonio con excelente maquillaje.
Lilian era hija de una mujer que había sido protegida por el duque años atrás.
Tras la muerte de su madre, Alexander decidió cumplir una antigua promesa y recibirla en su hogar.
Aquella decisión destruiría el futuro de su familia.
Al menos en la historia original.
Cuando ambas se encontraron por primera vez, Lilian realizó una elegante reverencia.
—Es un honor conocerla, señorita Evelina.
Ela observó atentamente su sonrisa.
Perfecta.
Ensayada.
Falsa.
—Bienvenida.
Lilian pareció sorprendida.
En la novela, Evelina reaccionaba con hostilidad desde el primer momento.
Aquello facilitaba enormemente las manipulaciones posteriores.
Pero ahora la situación era diferente.
—Gracias por recibirme.
—Espero que podamos llevarnos bien.
Los ojos de Lilian parpadearon.
Aquello no estaba en sus planes.
Y Ela disfrutó enormemente esa pequeña victoria.
Esa misma noche, mientras cenaban, apareció un nombre que hizo que Ela prestara atención inmediatamente.
—He recibido noticias del norte —comentó Alexander.
—¿Ocurrió algo importante? —preguntó Ela.
—El joven duque Ravencrest regresó de la frontera.
Ela dejó de mover los cubiertos.
Lo recordaba perfectamente.
Cedric Ravencrest.
El villano de la novela.
El hombre frío.
El guerrero invencible.
El noble más temido del imperio.
Y también la persona más incomprendida de toda la historia.
En la versión original, Cedric se enamoraba de Lilian.
Ella lo utilizaba para alcanzar sus objetivos.
Después lo abandonaba.
Finalmente, él moría durante una guerra contra el reino vecino.
Solo.
Traicionado.
Y convencido de que jamás había sido amado.
Ela siempre había odiado aquel final.
Porque Cedric nunca fue realmente un villano.
Simplemente era un hombre que había amado a la persona equivocada.
—¿Qué clase de persona es? —preguntó Ela.
Alexander la observó sorprendido.
—¿Te interesa?
—Solo curiosidad.
—Es peligroso.
—¿Tan malo es?
—Dicen que derrotó a diez caballeros él solo cuando tenía diecisiete años.
Ela recordó aquella escena.
Era cierta.
—También dicen que es despiadado.
—Los rumores suelen exagerar.
Alexander sonrió ligeramente.
—Eso también es cierto.
Ela bajó la mirada hacia su plato.
Mientras una idea comenzaba a formarse lentamente en su mente.
Esta vez las cosas serían diferentes.
Lilian no arruinaría su vida.
Cedric no moriría.
Y si el destino quería repetir la historia original...
Tendría que enfrentarse a ella primero.
Continuará...