Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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capitulo 7 María Celeste
Shelsy alimentaba a su hija. La escena conmovió mucho a Wailer, hasta las lágrimas.
Con disimulo, se sentó en un mueble, un sillón reclinable muy cómodo para las maternas. Tomó su teléfono y envió un mensaje a su hermana.
—Marta, ¿cómo estás?
—Bien, mi hermanito. ¿Y tú?
—Bien, en el trabajo, ya sabes.
—¿Vendrás hoy a cenar?
—No, creo que no. Estoy algo ocupado. Marta, quiero pedirte un favor. ¿Tienes efectivo?
—Sí, dime qué ocurre. ¿Me preocupas?
—No te angusties. Es que necesito un obsequio para alguien, pero yo no puedo salir ahora. ¡Es una urgencia!
—Sí, claro, mi hermano. Dime de qué se trata, lo haré.
—No quiero que me hagas preguntas. Yo después, cuando vaya a casa, te lo explico. Necesito que compres algo de ropa para un bebé de cuatro meses, un kit de aseo para bebé, un kit de aseo para adulto y un conjunto de ropa multiuso como los que usas tú para estar en casa, pero talla “S”. Ah, casi lo olvido: algo de ropa íntima de maternidad de la misma talla, y unas pantuflas o calzado cómodo, creo que número 36.
—¿Todo eso? Bueno… no haré preguntas, pero me dejarás con la curiosidad hasta que vengas a casa. Dime a dónde envío eso, ¿a la estación?
—No, a la estación no. Envíalo al hospital de alta complejidad, piso dos, maternidad. Envíalo a mi nombre.
—¿Acaso estás ayudando a esa golfa?
—¿A quién?
—¡A esa que tanto daño te hizo!
—No. Y no me la recuerdes, sabes que no me gusta que la nombres. Te dije que te explicaría en casa. Tan pronto pueda salir, yo te regreso el dinero. Por favor, es algo muy especial y diferente. Sé que cuando te diga lo entenderás por cierto casi lo olvido la ropa de bebé que sea de niña.
—Está bien. Te escribo después.
Cuídate mucho.
Wailer guardó su móvil y dirigió la mirada a la camilla. Shelsy sostenía a su hija sobre el hombro para sacarle los gases. La bebé se durmió.
—Tu hija es muy tranquila y bien portada.
—Sí, es realmente una bendición. Y usted, capitán, ¿tiene hijos?
—No, aún no —dijo con algo de tristeza.
—¿Hablaba con su esposa?
—No, le escribía a mi hermana. Es que teníamos algo planeado para hoy. Le hablé para que no me esperara.
En ese momento llegaron los alimentos. La encargada dejó todo: dos almuerzos, el de Shelsy y el de su acompañante, y salió.
Wailer acomodó la mesa para que ella almorzara cómodamente.
—Ven, te ayudo con la bebé mientras tú comes algo.
—Está bien, pero sé muy cuidadoso para que no despierte.
Shelsy le permitió a Wailer tomar a la bebé en brazos y se puso a comer.
Wailer sostenía a la pequeña y pensaba: Qué hermosa es, se parece a su madre. Instintivamente le dio un besito en la frente. Shelsy lo vio, pero no dijo nada; le parecía un gesto muy tierno.
Wailer acostó a la bebé en la cuna. Esta tenía ruedas, así que con cuidado la acercó un poco a la camilla.
Ese gesto le pareció muy noble a Shelsy, y ganaba su confianza. Así comió sin perder de vista a su hija.
Wailer también se dispuso a almorzar, prestando atención a las verduras que ella apartaba del plato; algunas parecía que no le gustaban.
Después de almorzar vino la limpieza. Luego las enfermeras llegaron y revisaron el pie de Shelsy.
La bebé se despertó llorando. Wailer la tomó con cuidado y se la dio a su madre.
—Es hora de bañarla, por eso llora —dijo Shelsy con preocupación—. Pero no tengo ropa.
Una enfermera respondió:
—Ya regreso. Aquí llegan muchas mujeres de bajos recursos; a veces son sorprendidas por el parto sin tener lo necesario para sus hijos. El hospital tiene un depósito de donaciones. Muchas personas traen ropa nueva de bebé. Casi todo es para recién nacidos y prematuros, pero voy a buscar algo más grande para la nena y algo para usted. Si quiere, quítele la ropa y déjela solo con el pañal. En lo que regreso, yo le ayudo a bañarla.
Shelsy asintió y la enfermera salió apresurada.
—¡Capitán!
—Señorita, dígame. ¿Necesita algo?
—Wailer es su apellido, ¿verdad? Me gustaría saber su nombre.
—Oh, sí, perdón. La costumbre… no vi la necesidad. Soy Darvi. Un gusto, señorita Shelsy.
—Igualmente. ¿Puedo llamarlo por su nombre?
—Sí, por supuesto.
—Darvi, cuando venga la enfermera a bañar a mi hija, ¿puedes vigilar? He escuchado historias donde las enfermeras roban bebés. Seguro son solo historias para que las mamás estén más atentas, pero no está de más ser precavida, ¿verdad?
—Sí, está bien. No te preocupes, estaré pendiente. Por cierto, ¿cómo se llama su hija?
—Aún no lo decido. Mi madre se llamaba María, pero no sé con qué combinarlo. Hay muchos nombres, pero quiero que sea especial, que suene bonito.
—Entiendo. Tengo una sobrina, tiene tres años. Es mi tesoro. Su nombre es Nicol. Siempre que voy a casa me recibe con un gran abrazo.
La enfermera regresó.
—¡Encontré algo! Mira, hay una cobijita, un pequeño kit de aseo, toallitas húmedas, una toalla, gorrito, una franela y el conjunto. El color no es el más adecuado para niña, es azul celeste, pero es el más grande que encontré. Sé que le quedará bien. Mira, también una bata de algodón para ti y aquí hay un short. Como sabrás, no donan ropa íntima, pero por ahora esto te servirá. También debes darte una ducha.
—Sí, está bien —respondió Shelsy.
La enfermera tomó a la bebé y se dirigió al baño. El capitán fue tras ella.
—No es necesario que esté acá —dijo la enfermera en voz baja.
—Lo sé, pero la mamá me lo pidió. Espero me entienda.
La enfermera asintió y bañó a la nena. Era muy juiciosa, no lloró; por el contrario, parecía disfrutar del baño. La envolvió en la toalla y la llevó a la camilla donde estaba su mamá.
—Señorita, si está de acuerdo, la bebé se quedará con el capitán un momento para ayudarla a usted a bañarse.
Shelsy miró al capitán y él asintió.
El capitán tomó a la bebé en brazos. La enfermera ayudó a Shelsy a caminar apoyándose en su hombro.
El capitán colocó a la bebé en la cuna y empezó a vestirla. Luego la envolvió en la cobijita, la tomó en brazos y comenzó a arrullarla. La bebé se durmió.
Cuando salieron del baño, la enfermera dijo en tono de broma:
—¡Sería usted un gran papá!
—Sí, seguro que sí… pero no hay con quién.
La enfermera sonrió.
—Es difícil de creer, siendo usted un hombre tan guapo. ¿Puedo ser voluntaria?
Todos rieron.
—Es usted muy bella, pero no estoy buscando voluntarias.
—¡Qué lástima! —dijo riendo—. Mentira, solo bromeaba.
La enfermera salió.
Darvi, aún con la bebé en brazos, se la entregó a su madre.
—Aquí está María… María Celeste. Es muy tranquila. Seguro querrás dormir un rato a su lado.
—Sí, claro… mi hermosa bebé. María Celeste… creo que ese será su nombre. ¡Se escucha bonito! Darvi, ¿me ayudas a recostarme junto a ella?
—Sí, claro.
La ayudó a acomodarse en la camilla.
—Darvi, ¿puedo preguntarte algo personal?
—Sí, con confianza.
—¿De verdad no tienes pareja?
—Estuve casado… —dijo con tristeza—. Ella estaba embarazada. Nació un pequeño varón hace cuatro meses. El bebé fue internado en cuidados especiales; nació con los niveles de hemoglobina muy bajos. Estaba muy preocupado, temía lo peor. El pediatra dijo que lo mejor era hacer un trasplante de médula pronto. Al estar tan pequeño, se recuperaría fácilmente.
No lo pensé dos veces. Siendo mi hijo, yo sería la persona más compatible. Le dije al doctor que se apresurara. Natalia —así se llama ella— estaba muy preocupada. Le daba miedo lo peor, así que casi no cuidaba del bebé. Decía que no quería apegarse tanto para que no fuera tan dolorosa la pérdida. Así que yo lo cuidaba, le cambiaba su ropita, lo arrullaba…
El médico ordenó unos estudios. Cuando me dio el resultado, quedé frío: yo no era compatible. Le pregunté cómo era eso posible y me contestó que también estaba sorprendido. Así que, sin el consentimiento de Natalia, ordené una prueba de ADN… y el resultado fue negativo.
Sentí como si el mundo se abriera bajo mis pies. No pensé en el engaño; el bebé no tenía la culpa. Le pedí la prueba al médico y encaré a Natalia. Confesó que el bebé era de un ejecutivo de la empresa donde trabajaba. Llorando me decía que había cometido un error, que me amaba, que dejara que el niño muriera y que empezáramos de nuevo…
—¡Qué cinismo!
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏