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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El Perfume de la Incertidumbre

La mañana en Zúrich despertó con un sol tímido que apenas lograba calentar el asfalto. Axel Brunner, sin embargo, llevaba horas despierto. El café de su oficina, generalmente su combustible principal, le sabía amargo. Firmó los últimos documentos pendientes con una caligrafía mecánica, mientras su mirada se desviaba constantemente hacia la ventana.

La sensación de vacío que le dejó la cena en Madrid no se disipaba; al contrario, crecía como una hiedra venenosa.

Hans entró en el despacho con su habitual paso silencioso, dejando una carpeta sobre el escritorio de ébano.

—Todo en orden, señor Brunner. Los pagos de la división de hoteles han sido procesados. Y... —Hans hizo una pausa, señalando hacia el ventanal— el encargo está listo en el asiento trasero de su coche. Son peonías blancas frescas, tal como pidió.

Axel asintió, sintiendo un nudo extraño en la garganta.

—Gracias, Hans. Puedes retirarte.

En ese momento, Stefan entró como un torbellino, con una tableta en la mano y una sonrisa de suficiencia.

—¡Axel! Tienes que ver estas proyecciones para el trimestre de invierno. Si ajustamos las tarifas en las sedes de los Alpes, vamos a reventar el mercado. ¿Tienes un minuto?

Axel miró a su amigo y luego el reloj. Sabía que si dejaba que Stefan se sentara, la mañana se le escaparía en debates financieros.

—Stefan, de hecho, necesito que te encargues tú de esa reunión con el equipo de marketing. Tengo un asunto... personal que atender.

Stefan arqueó una ceja, deteniéndose en seco. Miró a Axel de arriba abajo, analizando su expresión.

—¿Asunto personal? ¿Tú? ¿A las diez de la mañana? —Stefan soltó una carcajada cargada de buen humor—. No me digas que el gran tiburón va a intentar pescar de nuevo en aguas españolas. ¿Vas a ver a la señorita Dumont, verdad?

—Solo voy a entregar algo, Stefan. No seas pesado —respondió Axel, recogiéndo su chaqueta con un gesto de impaciencia.

—Vaya, vaya. Regalo y disculpas. Quién te ha visto y quién te ve. Anda, vete antes de que te arrepientas. Yo me encargo de que los de marketing no se maten entre ellos —dijo Stefan, dándole una palmada afectuosa en el hombro—. Pero un consejo, amigo: no pongas esa cara de "voy a una ejecución". Sonríe un poco, que la chica es humana, no un balance de resultados.

Axel salió del edificio con el corazón latiendo a un ritmo inusual. Al subir a su coche, el aroma dulce y fresco de las flores inundó sus sentidos. Eran hermosas, puras, casi frágiles. Se dirigió hacia el distrito financiero donde se alzaba el imponente edificio de L'Océan Bleu. Seguido por sus escoltas de seguridad.

Al llegar a la recepción de las oficinas Dumont, el ambiente era calmado. Axel caminó por el vestíbulo con el ramo de peonías en el brazo, atrayendo las miradas curiosas de los empleados. Se acercó al mostrador principal, donde una joven secretaria lo recibió con una sonrisa profesional.

—Buenos días. Busco a la señorita Molly Dumont. Soy Axel Brunner, dek Holding Arcane —dijo él, intentando que su voz sonara lo más natural posible.

La joven consultó su pantalla y luego lo miró con un rastro de duda.

—Lo siento, señor Brunner. La señorita Dumont no se encuentra en la oficina hoy. De hecho, se nos ha informado que estará fuera del país por un tiempo indefinido atendiendo asuntos personales. No tenemos una fecha de regreso programada.

Axel sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago.

—¿Fuera del país? ¿Desde cuándo?

—Desde ayer, señor. No dejó más instrucciones —respondió la joven con amabilidad.

Axel se quedó allí, de pie, con las flores en la mano. La confusión lo golpeó de frente. ¿Había huido? ¿Tan mal le había sentado su comportamiento que había decidido poner tierra de por medio? Sintió una mezcla de respeto por su espacio y una frustración que lo quemaba por dentro.

—Entiendo. Por favor... —Axel dejó el ramo sobre el mostrador de mármol—, guarde estas flores para ella. Si se comunica, solo dígale que pasé por aquí.

Salió del edificio con las manos vacías y el alma pesada. El silencio de Molly ya no era solo una falta de llamada; ahora era una ausencia física que no lograba comprender.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, en la penumbra del hospital, el tiempo se medía en pitidos electrónicos. Chloe estaba sentada junto a la cama de Molly, sosteniendo su mano pálida. Le hablaba en susurros, contándole historias de cuando eran niñas, tratando de que su voz sirviera de ancla para que Molly regresara.

—Molls, tienes que ver el lío en el que me he metido en Nueva York —decía Chloe con una sonrisa triste, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas—. Si no despiertas para ayudarme con los contratos, voy a terminar vendiendo cuadros de palitos en Central Park. Por favor, hermana... vuelve.

Julien entró en la habitación, con el rostro envejecido diez años en una sola noche. Se acercó a su hija y le acarició la frente con una ternura infinita.

—Aún no hay cambios, Chloe. El doctor Weber dice que los niveles de inflamación están estables, pero ella... ella simplemente no quiere despertar todavía.

El ambiente era asfixiante, cargado de una expectativa dolorosa. Cada vez que una máquina emitía un sonido diferente, el corazón de ambos se detenía. Molly seguía allí, inmóvil, sumergida en un océano de sombras donde nadie podía alcanzarla.

Al caer la tarde, Axel llegó a la casa de sus padres. Necesitaba escapar del silencio de su propio apartamento y de las preguntas sin respuesta que lo acosaban. La cena fue tranquila, envuelta en la calidez del hogar que Eva Brunner siempre sabía crear.

—Hijo, casi no has probado el estofado —dijo Eva, observando a Axel con preocupación materna—. Estás muy callado. ¿Sigue el trabajo dándote problemas?

Axel levantó la vista y miró a sus padres. Erik, al otro lado de la mesa, lo observaba con esa sabiduría silenciosa de quien ya ha vivido todas las batallas.

—No es el trabajo, mamá —confesó Axel, dejando el tenedor sobre el plato—. Es algo más. Siento que he perdido la brújula con una persona. Intenté arreglar las cosas hoy, pero ella simplemente... desapareció. Me dijeron que se fue del país. No entiendo cómo alguien puede cambiar tanto de un día para otro.

Erik dejó su copa de vino y se reclinó hacia atrás.

—A veces, Axel, las personas se retiran no por orgullo, sino porque tienen batallas que no pueden compartir. No todo es un contrato que se firma o se rompe. La vida es más caótica que tus hojas de cálculo.

—Lo sé, papá. Pero me siento... vacío. Como si me faltara una pieza del rompecabezas que no sabía que era importante hasta que la perdí —dijo Axel con una sinceridad que sorprendió a sus padres. Ya no era el CEO de hierro; era un hombre vulnerable buscando respuestas.

Siguieron hablando de las cosas de la vida, de los viejos tiempos y de la importancia de la paciencia.

Axel se sintió un poco más ligero, pero la sombra de Molly seguía allí, en el fondo de su mente. Al terminar la cena, se despidió y caminó hacia su coche bajo el cielo estrellado de Suiza, preguntándose en qué lugar del mundo estaría Molly en ese momento, sin sospechar que ella estaba a solo minutos de distancia, luchando por abrir los ojos en una habitación donde el tiempo se había detenido.

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Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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