Traída y reemplazada por la jefa de su propio marido, Helena ve cómo su vida se derrumba — pero elige empezar de nuevo con dignidad.
Lo que no imagina es que, en medio del dolor, encontrará a un hombre aparentemente normal que cambiará su destino.
A veces, la traición no es el final… es el comienzo de un cuento de hadas. 👑
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Capítulo 8
Helena desbloqueó el celular.
Sofía observaba en silencio.
—No vas a hacer ninguna locura, ¿verdad? —preguntó Sofía, cautelosa.
—No —respondió Helena, fría—. Voy a hacer justicia.
Ella deslizó la lista de contactos y se detuvo en un nombre.
Enrique — Periodista Investigativo.
Sofía arqueó la ceja.
—No estarás pensando…
—Sí.
Llamó.
Sonó dos veces.
—¿Helena? —la voz masculina respondió, sorprendida—. Cuánto tiempo.
—Necesito de ti.
Silencio atento del otro lado.
—¿Qué tipo de "necesito"?
—Tengo pruebas. Transferencia patrimonial sospechosa. Ocultación de bienes. Posible fraude. Y traición en el medio.
Enrique respiró despacio.
—¿Esto involucra a quién?
—Marcelo.
Una pausa más larga.
—¿El empresario Marcelo?
—El mismo.
Sofía se sentó en el sillón, ya entendiendo el tamaño de la bomba.
—¿Tienes documentación? —preguntó Enrique, ahora en tono profesional.
—Capturas de pantalla. Correos electrónicos. Fechas. Extractos. Conversaciones que muestran que él ya planeaba quitar todo de mi nombre meses antes de que yo descubriera la traición.
—¿Y qué quieres exactamente?
Helena miró hacia la lluvia.
—Quiero que la verdad exista. Pero solo publica el lunes, después de las tres de la tarde.
—¿Por qué?
—Porque él va a trabajar creyendo que venció.
Silencio.
Entonces una leve risa del otro lado.
—Te has vuelto peligrosa.
—Aprendí con él.
—Mándame todo. Yo preparo el artículo. Solo saldrá al aire cuando tú autorices.
—El lunes. Por la tarde.
—Hecho.
Ella colgó.
Sofía estaba boquiabierta.
—Vas a EXPLOTAR su vida.
—No. Solo voy a encender la luz.
Sofía respiró hondo.
—Esto va a ser guerra.
—Ya lo es.
Helena comenzó a reenviar archivos. Capturas de pantalla antiguas. Conversaciones donde Marcelo decía: "Es mejor organizar esto antes de que ella lo descubra".
Comprobantes de cambio de titularidad. Fechas cruzadas con viajes de él… con Lorena.
Sofía se acercó.
—¿Guardaste todo esto?
—Sentía que algo andaba mal desde hace meses.
El celular vibró.
Enrique: "Recibido. Esto es grande".
Helena apoyó la mano en la mesa.
De repente, la habitación pareció girar levemente.
Ella cerró los ojos.
—Sofía…
—¿Qué pasa?
—Estoy… medio mareada.
—No has comido nada desde ayer.
—No es eso…
Intentó dar un paso y necesitó sujetarse de la silla.
La respiración se hizo corta.
—Ey, mírame. —Sofía sujetó sus hombros—. Estás pálida.
Helena llevó la mano al estómago.
Una náusea súbita.
Corrió al baño.
El sonido de la lluvia se mezclaba con el sonido de ella sintiéndose mal.
Sofía entró justo detrás.
—Esto es nervios. Es estrés.
Helena se lavó el rostro. Temblaba.
Miró su propio reflejo en el espejo.
Algo no encajaba.
—Sofía…
—Dime.
—¿Qué día es hoy?
—Domingo.
—Cuántos días…
Ella hizo la cuenta mentalmente.
La sangre desapareció de su rostro.
—No.
—¿Qué?
—No. No. No.
Sofía frunció el ceño.
—¿Helena?
Ella se apoyó en el lavabo.
—Estoy atrasada.
Silencio.
La lluvia afuera parecía ahora distante.
—¿Atrasada… tipo…?
Helena cerró los ojos.
—No puedo estarlo.
Sofía se quedó inmóvil.
—¿Crees que…?
Helena sacudió la cabeza.
—No es posible. No ahora.
El celular vibró nuevamente.
Enrique: "El lunes va a cambiar mucho".
Helena miró la pantalla.
Después su propio reflejo.
Si estuviera en lo cierto…
El lunes no sería lo único que cambiaría.
Sofía habló bajo:
—Tenemos que hacer una prueba.
Helena respiraba como si el aire se hubiera vuelto demasiado pesado.
Una noticia que ella nunca había deseado en ese momento.
Pero que, si se confirmaba…
Cambiaría todo el rumbo de la historia.
Y tal vez no solo la suya.
La tormenta aún no había comenzado.