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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

Valeria no recordaba cómo había llegado de regreso a la mansión.

Tenía la mente nublada y el pecho le dolía tanto que apenas podía respirar con normalidad. Había caminado sin rumbo después de abandonar su departamento, con las lágrimas secándosele en las mejillas y las palabras de su esposo repitiéndose una y otra vez en su cabeza.

Deberías haber muerto.

¿Por qué?

¿Por qué el hombre con el que había compartido su vida deseaba algo así?

Cuando finalmente reconoció las enormes puertas de la mansión, sintió que las piernas le fallaban.

—Señorita Valeria.

El mayordomo acababa de salir cuando la vio acercarse. Al principio, se sorprendió de que hubiera regresado tan pronto, pero la expresión de su rostro lo hizo cambiar de actitud.

Estaba pálida. Tenía los ojos hinchados y caminaba como si cada paso le costara un esfuerzo enorme.

—¿Se encuentra bien?

Valeria intentó responder.

—Yo…

No pudo terminar.

El mundo comenzó a dar vueltas. Las puertas, los jardines y el rostro preocupado del mayordomo se volvieron borrosos.

Antes de que pudiera sostenerse, sus rodillas cedieron.

—¡Señorita Valeria!

El mayordomo se apresuró a sujetarla, pero ella ya había perdido el conocimiento.

—¡Necesito ayuda! ¡Que alguien venga inmediatamente!

Varios empleados salieron corriendo al escuchar sus gritos.

—¡Llamen al médico! ¡Ahora mismo!

El mayordomo sostuvo a Valeria con cuidado mientras los demás se acercaban. No entendía qué podía haber sucedido durante su salida, pero una cosa era evidente: aquella muchacha había regresado completamente destrozada.

Y había alguien en la mansión que no iba a tomarse aquello a la ligera.

—Llévenla a la habitación del joven Damián —ordenó uno de los empleados después de consultar con el médico—. Él ha insistido en que no la dejen sola cuando despierte.

El mayordomo asintió.

Nadie discutió la orden.

Después de todo, desde que Valeria había llegado, el heredero se había mostrado mucho más dispuesto a cooperar cuando se trataba de ella.

Valeria despertó lentamente.

Lo primero que sintió fue el calor de una manta cubriéndole el cuerpo. Después percibió el olor limpio de las sábanas y el silencio de una habitación que no era la suya.

Abrió los ojos con dificultad.

El techo le resultaba familiar.

Giró ligeramente la cabeza y descubrió una mesita, unas cortinas oscuras y una cama demasiado grande.

Entonces lo recordó.

La mansión.

Damián.

Su esposo.

Su rostro perdió el poco color que había recuperado.

—¿En dónde estoy? —preguntó con voz débil.

Intentó incorporarse, pero una mano se cerró suavemente alrededor de la suya.

Valeria se sobresaltó.

—Descansa —dijo una voz masculina.

Ella giró la cabeza.

Damián estaba sentado junto a la cama.

Llevaba una camisa oscura y tenía el rostro vuelto hacia ella, como si hubiera estado esperando durante mucho tiempo a que despertara.

Valeria parpadeó, confundida.

—¿Damián?

—¿Cuántos hombres llamados Damián conoces en esta casa?

Normalmente, ella habría respondido con alguna tontería.

Habría dicho que esperaba conocer a otro, uno que no amenazara a las personas y que tuviera mejores modales.

Pero no tenía fuerzas para bromear.

Miró sus manos unidas y después el rostro del joven.

—Cariño, ¿qué hago en tu habitación?

Damián frunció el ceño al escuchar aquel apelativo.

Ya estaba acostumbrado a que Valeria lo llamara de todas las maneras posibles, desde señor gruñón hasta príncipe de las tinieblas. Sin embargo, aquella vez su voz sonaba tan apagada que no tuvo ganas de corregirla.

—Te desmayaste en la entrada de la mansión.

Ella bajó la mirada.

—Ah…

—El médico dijo que estabas agotada y que necesitabas descansar. También recomendó que no te levantaras hasta recuperarte.

Valeria tragó saliva.

—Lo siento. No quería causar problemas.

Damián permaneció callado durante unos segundos.

—¿Por qué te disculpas?

—Porque… —Ella intentó sonreír—. Bueno, no todos los días una cuidadora regresa de un paseo y termina desmayándose en la puerta de su lugar de trabajo. Supongo que no es muy profesional de mi parte.

La sonrisa que acompañó aquellas palabras fue pequeña y temblorosa.

Damián no necesitaba verla para notar que algo no estaba bien.

Había aprendido a reconocer las variaciones más sutiles en la voz de las personas. Y Valeria, que solía hablar como si las palabras se le amontonaran en la boca, ahora parecía esforzarse por no decir absolutamente nada.

Su mano estaba fría.

Sus dedos temblaban.

Y cada vez que intentaba fingir que estaba bien, su respiración se volvía más irregular.

—¿Qué ocurrió? —preguntó.

—Nada.

—No te he preguntado si ocurrió algo.

Valeria soltó una risita sin humor.

—Qué hombre tan insistente.

—Valeria.

Ella se quedó callada.

Damián apretó ligeramente su mano.

—No voy a obligarte a hablar.

La joven sintió que algo se le encogía dentro del pecho.

Su esposo la había mirado con desprecio cuando más necesitaba una explicación. La había empujado al suelo y le había dicho que debería haber muerto.

Y ahora, aquel hombre que amenazaba con matar a cualquiera que lo irritara estaba sentado junto a su cama, sujetándole la mano con una delicadeza inesperada.

Era demasiado.

Valeria apartó el rostro.

—Estoy bien.

Damián no respondió inmediatamente.

Después, con una tranquilidad que ella jamás le había escuchado, dijo:

—Está bien.

Valeria volvió a mirarlo, desconcertada.

—¿Está bien?

—Sí.

—¿No vas a preguntarme nada más?

—Si algo te aflige, puedes llorar.

Ella dejó de respirar durante un instante.

Damián continuó:

—No tienes que contarme qué sucedió. Tampoco tienes que fingir que estás bien para que los demás no se preocupen.

Sus dedos se cerraron un poco más alrededor de los de ella.

—Si quieres llorar, llora.

Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Yo…

Intentó hablar, pero la voz se le quebró.

Se cubrió la boca con una mano, avergonzada por la manera en que comenzaba a temblarle el cuerpo.

—Lo siento…

—Deja de disculparte.

Aquellas palabras terminaron de romperla.

Valeria comenzó a llorar.

Al principio intentó hacerlo en silencio, apretando los labios y ocultando el rostro para que Damián no la escuchara. Pero cuanto más se esforzaba por contenerse, más difícil se volvía respirar.

Había soportado el miedo de aquella mansión.

Había soportado las amenazas del Don.

Había soportado que Damián la mordiera, que le gritara y que la tratara como si fuera su enemiga.

Y, aun así, había seguido adelante.

Pero no estaba preparada para descubrir que el hombre al que había amado quería verla muerta.

—¿Por qué…? —sollozó—. ¿Por qué me hizo eso?

Damián se quedó inmóvil.

No sabía quién era aquel hombre ni qué había hecho para provocarle semejante dolor. Pero podía escuchar el sufrimiento en cada palabra.

Valeria se llevó ambas manos al rostro.

—Yo confiaba en él…

La última palabra salió convertida en un gemido.

—Yo de verdad confiaba en él…

Damián sintió que algo se tensaba dentro de su pecho.

Quiso preguntarle quién la había lastimado. Quiso saber dónde estaba ese desgraciado y por qué ella había regresado a la mansión en semejante estado.

Pero Valeria estaba llorando como si llevara toda la vida esperando un lugar donde pudiera permitirse hacerlo.

Así que, por una vez, Damián no hizo preguntas.

Se incorporó y extendió los brazos hacia ella.

—Ven aquí.

Valeria levantó la cabeza.

—¿Qué?

—No voy a repetírtelo diez veces.

Incluso en aquel momento, su voz conservaba un poco de su habitual aspereza.

Valeria soltó una risa ahogada entre lágrimas.

—Eres un gruñón insoportable…

—Y tú hablas demasiado.

Ella se acercó lentamente.

Damián la recibió entre sus brazos y la acomodó contra su pecho, con cuidado de no lastimarle el hombro vendado.

Al principio, Valeria permaneció rígida, sorprendida por aquel gesto.

Después se aferró a su camisa.

Y lloró.

Lloró por las llamadas que su esposo había ignorado, por la mujer que había encontrado en su departamento, por la bofetada que había recibido de vuelta en forma de empujón y por aquella frase que no podía sacar de su cabeza.

Deberías haber muerto.

Damián le rodeó la espalda con un brazo.

No intentó decirle que todo estaría bien, porque no sabía si realmente sería así.

Tampoco le pidió que dejara de llorar.

Simplemente permaneció allí, sosteniéndola mientras ella descargaba todo el dolor que había intentado esconder desde que salió de su departamento.

Cuando Valeria apretó más fuerte su camisa, él bajó ligeramente el rostro.

—Tranquila —murmuró—. Estoy aquí.

Ella sollozó contra su pecho.

—No quiero volver…

Damián se quedó quieto.

—¿Volver adónde?

Valeria negó con la cabeza, incapaz de responder.

Él no insistió.

Solo apoyó una mano sobre su cabello y acarició suavemente su cabeza, recordando cómo ella había hecho lo mismo para aliviarle el dolor.

Era extraño.

Hasta hacía unos días, no soportaba que nadie se acercara demasiado a él. Detestaba que lo tocaran, que intentaran ayudarlo o que lo trataran como si fuera incapaz de hacer algo por sí mismo.

Sin embargo, ahora tenía a una mujer llorando entre sus brazos y no deseaba apartarla.

No le molestaba que sus lágrimas empaparan su camisa.

No le molestaba que se aferrara a él.

Lo único que le molestaba era no saber quién había conseguido hacerla sufrir de aquella manera.

—Valeria —murmuró.

—¿Qué…?

—Puedes quedarte aquí.

Ella levantó un poco el rostro, con los ojos enrojecidos.

—¿En tu habitación?

—No, en el jardín. Claro que en mi habitación, idiota.

Valeria soltó una carcajada entre lágrimas.

—¡Eres un maleducado!

—Y tú estás llorando sobre mi camisa favorita.

Ella miró la tela húmeda y comenzó a separarse de inmediato.

—¡Lo siento! ¡Te la lavaré! ¡Te compraré otra!

Damián la sujetó antes de que pudiera apartarse del todo.

—No he dicho que te vayas.

Valeria se quedó mirándolo.

Él volvió a acomodarla contra su pecho, algo avergonzado por su propia insistencia.

—Quédate hasta que te encuentres mejor —añadió—. Después veremos qué hacemos.

Ella cerró los ojos.

Por primera vez desde que había abandonado su departamento, no sintió que tuviera que huir de alguien.

Damián no conocía toda su historia. No sabía qué había sucedido ni por qué ella había regresado llorando a la mansión.

Pero no le estaba exigiendo explicaciones.

No la estaba culpando.

No le estaba diciendo que debería haber muerto.

La estaba abrazando.

Y, en aquel momento, eso era suficiente.

Valeria volvió a aferrarse a él y dejó escapar un último sollozo.

—Gracias, Damián…

El joven se quedó en silencio.

Luego apoyó la barbilla con torpeza sobre su cabeza.

—Duerme un poco, Valeria.

—¿Te quedarás aquí?

La pregunta salió tan bajita que casi se perdió entre las sábanas.

Damián sintió que se le apretaba el pecho.

—Sí.

—¿Aunque llore?

—Aunque llores.

—¿Aunque moje tu camisa?

—Valeria…

—Está bien, ya me callo.

Damián negó ligeramente con la cabeza.

Era increíble.

Incluso con el corazón destrozado, aquella mujer seguía encontrando la manera de hacerlo perder la paciencia.

Y, por primera vez, no le importó en absoluto.

Se quedó abrazándola hasta que sus sollozos se hicieron más espaciados y su respiración comenzó a tranquilizarse.

Cuando finalmente se quedó dormida contra él, Damián no se movió.

Permaneció sentado junto a la cama, sosteniéndola con cuidado para no despertarla.

No sabía qué le habían hecho.

Pero sí sabía una cosa.

Valeria había regresado a aquella mansión buscando refugio. Y Damián, que había pasado años apartando a todo el mundo de su lado, descubrió que no quería ser otra persona de la que ella tuviera que huir.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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