Sinopsis: Enamorada del hermano de mi novio
Todo comienza cuando Gabriel Montes presenta a su novia, Kerly Sánchez, a su familia, sin imaginar que su propio hermano, Elian Montes, terminará enamorándose perdidamente de ella. Lo que empieza como una simple atracción se convierte en un amor prohibido que ninguno de los dos puede controlar. A escondidas de Gabriel, Elian y Kerly comienzan una relación clandestina, arriesgándose a destruir los lazos familiares por un sentimiento que crece cada día más. Pero cuando Gabriel descubre la traición, tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a llegar contra su propia sangre por la mujer que ama.
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Capítulo 7: ¿Y esta belleza de dónde salió?
Elian Montes — Cali, Colombia
Domingo, siete de la noche.
Yo estaba en mi habitación terminando de arreglarme porque había quedado de salir con Mateo y los muchachos. Me puse una camisa negra, un jean oscuro y mis tenis blancos. Me eché perfume, me acomodé el cabello frente al espejo y agarré mi reloj.
—¡Ush, papá! Hoy sí estamos una chimba —dije, mirándome—. Mateo se va a morir cuando me vea, jajajaja.
Mi celular vibró.
Mateo: Quiubo, perro. ¿Ya estás listo o qué?
Yo: De una, gonorrea. Ya casi salgo.
Mateo: Caé rápido, que las nenas ya están llegando.
Sonreí y guardé el celular en el bolsillo.
Yo estaba listo para una noche de rumba, buena música y cero problemas. Lo último que quería era quedarme encerrado en esa casa escuchando los sermones de mi papá o las bobadas de Gabriel.
Hablando de ese man, llevaba todo el día diciendo que iba a presentar oficialmente a su novia ante la familia.
¡Qué evento tan importante, ome!
Como si fuera a llegar la reina de Inglaterra.
—Bueno, que haga lo que quiera —murmuré, agarrando las llaves de mi carro.
Abrí la puerta de mi habitación y bajé las escaleras dispuesto a despedirme de mis papás antes de largarme.
Pero cuando llegué al último escalón, me quedé quieto.
En la sala había una mujer.
Y, juepucha, qué mujer tan divina.
Tenía el cabello bonito, una sonrisa que llamaba la atención y unos ojos que parecían capaces de dejar a cualquiera sin palabras. Llevaba un vestido elegante que le quedaba muy bien y estaba sentada en el sofá conversando con mi mamá.
Yo no sabía quién era, pero de una cosa estaba seguro: esa noche acababa de ponerse mucho más interesante.
—¿Y esta belleza de dónde salió? —murmuré para mis adentros.
La muchacha se rio por algo que dijo mi mamá.
Parce, esa sonrisa…
Me quedé mirándola como un bobo, sin darme cuenta de que Gabriel acababa de entrar por la puerta del comedor.
—¡Elian! —me llamó—. ¿Qué hacés ahí parado?
Reaccioné y me acomodé la camisa.
—Nada, hermano. ¿Quién es la visita?
Gabriel sonrió orgulloso y se acercó al sofá.
—Familia, quiero presentarles oficialmente a mi novia.
La muchacha se levantó.
Y entonces Gabriel dijo aquellas palabras que me cayeron como un baldado de agua fría.
—Ella es Kerly Sánchez. Mi novia, la mujer que amo.
¿Perdón?
¿SU NOVIA?
Sentí una rabia tan repentina que ni yo mismo entendí de dónde venía.
Un momento, Elian. ¿Qué te pasa, hermano?
Vos ni siquiera conocés a esa mujer.
Pero ahí estaba yo, parado en medio de la sala, sintiendo una incomodidad horrible al escuchar a Gabriel decir que la amaba.
Kerly sonrió y saludó a todos.
—Mucho gusto. Gracias por recibirme en su casa.
Mi mamá la abrazó cariñosamente.
—¡Ay, mija, bienvenida! Gabriel nos ha hablado mucho de vos.
Yo seguía callado.
Hasta que mi hermano me miró.
—Y este es Elian, mi hermano mayor. El que siempre anda de fiesta, jajajaja.
Kerly volvió la mirada hacia mí.
—Mucho gusto, Elian.
Me extendió la mano.
Yo la miré unos segundos antes de estrechársela.
—Igualmente, Kerly.
Su mano era cálida y su sonrisa seguía intacta.
—Gabriel me ha hablado de vos —comentó ella.
Levanté una ceja.
—¿Ah, sí? Espero que no te haya contado demasiadas mentiras.
Kerly soltó una carcajada.
—Me dijo que sos bastante fiestero.
—¿Bastante? ¡Qué modestia la de mi hermanito! Soy el alma de cualquier rumba en Cali, mami.
—¡Elian! —me reprendió mi papá desde el comedor—. Respetá.
—¿Qué dije, pa? Si estoy diciendo la verdad.
Kerly volvió a reírse y, no sé por qué, me gustó escucharla.
Me gustó demasiado.
Gabriel pasó un brazo por la cintura de ella y le dio un beso en la mejilla.
—¿Querés que te muestre la casa, mi vida?
—Claro, amor.
Cuando escuché aquel amor, sentí otra punzada de rabia.
¡Qué carajos me estaba pasando!
Mateo seguía escribiéndome para saber dónde estaba, pero guardé el celular sin contestar. De repente, ya no tenía ganas de irme a ninguna parte.
Quería quedarme.
Quería escucharla hablar.
Quería saber qué le gustaba, qué música escuchaba y por qué demonios no podía dejar de mirarla.
Mi mamá se acercó y me susurró:
—¿Vos no ibas a salir con tus amigos?
Miré a Gabriel y a Kerly mientras caminaban hacia el comedor.
—Cambié de planes, ma.
—¿Y eso?
Me encogí de hombros, fingiendo indiferencia.
—Nada. Me dio pereza salir.
Pero la verdad era otra.
Desde que había visto a Kerly, algo dentro de mí se había desordenado por completo.
Y lo peor de todo era que ella no era cualquier mujer.
Era la novia de mi hermano.
Mi propia sangre.
Y aunque todavía no quería reconocerlo, la rabia que sentía al verlos juntos no era simple curiosidad.
Era celos.
Unos celos que no tenía ningún derecho a sentir.
Continuará…