Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 5: Una noche que terminó en espera
Después de aquella conversación con Santiago, tomé una decisión: iba a hacer todo lo posible para recuperar la tranquilidad de mi matrimonio. No quería seguir discutiendo con él ni presionarlo. Quería demostrarle que todavía podíamos compartir momentos bonitos y recordar por qué alguna vez habíamos decidido estar juntos.
Esa mañana me levanté temprano y comencé a organizar la casa.
Mientras arreglaba todo, encontré una fotografía de Santiago y yo cuando éramos mucho más jóvenes. La tomé entre mis manos y sonreí con nostalgia.
—Éramos unos pelaos —murmuré.
En aquella época todo parecía más sencillo.
Recordé que había un vestido que a Santiago le encantaba cuando éramos jóvenes. Hacía muchísimo tiempo que no me lo ponía, así que fui hasta mi habitación y lo busqué entre mi ropa.
Cuando finalmente lo encontré, lo miré durante unos segundos.
—Este puede ser —dije.
Quería verme bonita, no para competir con nadie, sino porque quería sentirme bien conmigo misma y sorprender a mi esposo.
Me arreglé el cabello, me maquillé de manera sencilla y me puse el vestido rojo. Después escogí unos tacones negros que combinaban perfectamente.
Me miré al espejo.
—Bueno, Valeria, todavía podés arreglarte bonito —dije riéndome.
Tenía los recursos para comprarme ropa bonita, perfumes y todo lo necesario para sentirme arreglada, pero aquella noche no quería presumir de nada. Solamente quería tener una cena tranquila con el hombre que todavía amaba.
Entonces se me ocurrió preparar una merienda para los dos.
Fui a la cocina y comencé a preparar algunas cosas que sabía que a Santiago le gustaban. Puse bebidas, algo para comer y unos pequeños postres sobre la mesa.
También coloqué dos vasos y unos platos.
Quería que todo se sintiera especial, pero sin exagerar.
Mientras terminaba de organizar, escuché que Selene bajaba las escaleras.
—Mamá, ¿qué estás haciendo?
—Una merienda.
—¿Para quién?
—Para tu papá y para mí.
Selene me miró y luego sonrió ligeramente.
—¿Van a hablar?
—No sé, mija. Solo quiero que pasemos un rato tranquilos.
Ella se acercó a la mesa.
—Te ves bonita.
—Gracias, mi amor.
Selene me abrazó.
—Ojalá todo se arregle.
Aquellas palabras me tocaron el corazón.
—Yo también quiero eso.
Cuando terminó la tarde, revisé varias veces la hora.
Santiago todavía no llegaba.
Pensé que seguramente estaría terminando algún asunto de la empresa.
A las siete de la noche miré el celular.
Nada.
A las siete y media, tampoco.
Intenté no preocuparme.
—Debe estar ocupado —me dije.
A las ocho volví a revisar el teléfono.
Nada.
La comida seguía sobre la mesa.
Me senté y esperé.
Pasaron los minutos.
A las ocho y media decidí escribirle.
“¿A qué hora llegás?”
Esperé una respuesta.
Nada.
Dejé el celular sobre la mesa.
A las nueve de la noche la comida ya estaba fría.
Me levanté, caminé hasta la ventana y miré hacia la calle.
Cada vez que veía un carro acercarse pensaba que podía ser Santiago.
Pero nunca era él.
—¿Dónde estás? —susurré.
A las nueve y media volví a sentarme.
Ya no tenía hambre.
La ilusión que había sentido durante toda la tarde comenzaba a desaparecer.
Yo había preparado aquella noche con mucho cariño. Había escogido aquel vestido porque me recordaba nuestros primeros años juntos. Había preparado la merienda porque quería tener una conversación tranquila.
Pero Santiago no llegaba.
A las diez de la noche finalmente entendí que probablemente no iba a venir.
Tomé el celular una última vez.
No había mensajes.
Sentí una enorme tristeza.
No quería llorar, pero las lágrimas terminaron apareciendo.
—Yo solamente quería hablar con vos —dije en voz baja.
Miré la mesa.
Dos vasos.
Dos platos.
Una comida que nadie había tocado.
Y una silla que había permanecido vacía durante toda la noche.
Me levanté lentamente y comencé a recoger todo.
Guardé la comida y llevé los platos a la cocina.
Después regresé a la sala y me quité los tacones.
Me senté en el sofá y respiré profundamente.
Aquella noche había aprendido algo que me dolía aceptar: querer salvar un matrimonio no significaba que la otra persona quisiera lo mismo.
Aun así, no iba a tomar ninguna decisión impulsiva.
Al día siguiente hablaría con Santiago.
Pero aquella noche, por primera vez, dejé de esperarlo.
Apagué las luces de la sala, subí las escaleras y entré en mi habitación.
El vestido rojo que había elegido con tanta ilusión seguía puesto.
Y mientras cerraba la puerta, pensé:
—Tal vez mañana sea diferente.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴