Hola! Soy CEO de la empresa billonaria Ybarra🌹 soy de Francia, pero actualmente estoy en la ciudad E.
Estoy comprometida en un matrimonio arreglado con el CEO Racet, pero somos personas no compatibles "según nosotros", pero ¿Qué pasara cuando los dos vivamos juntos bajo el mismo techo? ¿será que nos matamos antes de llegar a cultivar nuestro amor?
Soy una arma dificil de roer, pero creo que ya llego mi tiempo de que abra mi corazón.
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capítulo 5
Por un breve instante, consideró la posibilidad de detener al caballero y preguntarle la razón de su presencia allí; sin embargo, optó por no hacerlo y simplemente ingresó, quedándose de pie en la sala de estar.
—Doctor, ¿puedo entrar?
—Sí, por favor, pase. Dígame, ¿cómo se encuentra mi pequeña?
—Querido, no agobies al doctor; déjalo que realice su trabajo, él nos informará.
En la sala de estar, sus tres hermanos entraron apresuradamente, sin percatarse de la presencia de Racet. La esposa de Jorge lo observó y se acercó a él.
—¿Usted es?
—Soy Racet, el prometido de Arianne. Vine a visitarla, pero creo que no es el momento adecuado; será mejor que me despida y me retire. ¿Y usted, quién es?
—Soy la esposa de Jorge, un placer conocerlo. Es preferible que regrese mañana, por favor.
En la habitación ingresaron los tres hermanos.
—Padre, ¿cómo se encuentra Ari? —preguntó Marcos.
—Por el momento no hemos recibido información al respecto. Sin embargo, ¿qué hacen todos aquí?
—Yo los llamé, esposo, ya que sentí pánico; hace tiempo que ella no atravesaba por una situación así. Espero no haberte molestado.
—No, ¿cómo podrías pensar eso? No obstante, debes recordar que ellos tienen sus propios compromisos que atender. ¿Dónde dejaste a Ami, Jorge?
—Padre, la pequeña se encuentra con la familia de mi esposa; no te preocupes por eso.
Luego, miró a su hija y le dijo: —No puedes estar involucrada en estas preocupaciones estando embarazada. La próxima vez, considera el bienestar de tu bebé, ¿de acuerdo?
—Sí, padre —respondió Yuli.
—La señorita Arianne está experimentando una repetición de ciertos eventos del pasado; actualmente se encuentra en un estado de parálisis del sueño. Puede despertar hoy o, a más tardar, mañana. En tal caso, le he administrado un suero para evitar la deshidratación. Cualquier procedimiento adicional que requieran, me tendrán al tanto. Si no necesitan nada más de mi parte, procederé a retirarme.
—Agradecemos su presencia. Cualquier novedad, yo le informaré o mi esposa lo hará. Puede retirarse.
Después de que el doctor se marchara, Marcos se acercó a la cama y tocó las mejillas de su hermana. Ellos eran los más cercanos, no solo por ser mellizos, sino porque compartían una profunda confianza. En particular, él no podía imaginar su vida sin su pequeña hermanita; a pesar de que solo le llevaba unos minutos, ella era la bebé de la casa.
—Padre, ¿qué crees que pudo haber causado que ella retrocediera? —preguntó Yuli.
Marcos interrumpió: —Quizás fue esa desafortunada boda. Sabes que ella ha sufrido mucho y no tolera que nadie se le acerque. ¿Cómo puedes pensar que no volvería a retroceder?
—Marcos, cuida tu tono. No podemos afirmar que eso haya sido lo que le afectó. Además, ella debe seguir adelante; no puede permanecer estancada en el pasado, y tú lo sabes.
—Por favor, padre, no la obligues a casarse. Sabes que, después de ese trauma, ella nunca volvió a ser la misma. Lo sabes.
—Lo siento, Marcos, pero no podemos retroceder. Lo más probable es que ella logre superar esto por sí misma.
Yuli, Jorge y Elisa solo escucharon aquella conversación. Eran conscientes de que esta situación podría repetirse, sin embargo, Álvarez tenía razón en un aspecto: ella debía superar su trauma. Tras un suspiro colectivo, cada uno se retiró después de media hora, quedando únicamente Marcos a su lado.
—¡Hola, bella durmiente!
—¿Qué hora es?
—Son las doce de la noche. No te preocupes, tu hermano está aquí.
—He recaído nuevamente, ¿verdad?
—No te inquietes, todo estará bien. Pero, Arianne, ¿realmente deseas casarte?
—Marcos, ya le he dado mi palabra a padre; no hay marcha atrás.
—Sí hay marcha atrás. Si no lo deseas, simplemente no lo harás, y eso es todo.
—No te preocupes, eres muy sobreprotector, hermanito. Te aseguro que no retrocederé, te lo prometo.
—Sé que eres fuerte, pero puedes confiar en mí; lo sabes.
—Lo sé. Ahora voy a comer algo, y tú deberías regresar a casa para hacerle compañía a tu esposa y ver si me das un sobrino.
—(risas) No, tú y yo tendremos nuestros hijos al mismo tiempo. Recuerda que esa es nuestra promesa; siempre dijimos que sería así. Cuando te cases, me pondré a trabajar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, hermanito. Ahora ve y comunícale a mis padres que ya he despertado.
Adrienne descendió para preparar algo de cenar, cuando su madre llegó y la abrazó, colmándola de besos.
—Madre, por favor, ya no soy una niña para que me trates de esta manera.
—Siempre serás la bebé de la casa; no vuelvas a decir eso. Además, debo aprovechar que me permites consentirte. Mi hermosa bebé.
—Tú eres la hermosa. Te quiero, mamá. Ahora, señorita, ve y descansa. Yo comeré algo mientras tanto, llamaré a mis hermanos y luego me iré a dormir. Que tengas una agradable noche. Adiós.
—Adiós —le dio un último beso.
—Madre, cada vez te vuelves más empalagosa.
—Y tú, celoso. Ahora vete antes de que sea más tarde y saluda a Rocy de mi parte.
—Está bien, hermanita. Descansa, nos vemos mañana.
Llamó a sus otros dos hermanos para asegurarse de que no estuvieran preocupados por ella y se fue a dormir, aunque le aterraba la idea de que todo volviera a repetirse. Sin embargo, al deshacerse de ese pensamiento, logró quedarse dormida.