No creas ni por un instante que mi historia de vida será la típica de hombres salvajes y predecibles. La mía se escribe con fuerza, con intención, con estrategia… con una presencia que se desliza bajo la piel y deja huella.
Haré que tu corazón pierda el compás, que se acelere y se rinda al ritmo de mis movimientos, como si cada paso que doy marcara el destino entre nosotros.
No será una simple historia… será mi historia la que te deje un pulso constante, una tensión que te erice la piel y te obligue a sentir cada latido en sintonía conmigo.
ACTUALIZACIÓN DIARIA
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¿Qué? ¿Ahora debo hacerme responsable de tí?
Fuera, es mía.
Una voz se escucha detrás de mi, era esa misma voz de ese hombre, pero está vez se escuchaba en un tono posesivo y siniestro.
Los hombres como si hubieran visto al diablo se esfumaron rápidamente. Intenté liberarme de su agarre pero este hombre presionó más mi cuerpo con el suyo, se acercó a mi nuca y susurrándome al oído con esa voz seductora dijo.
- Debes tener cuidado, no estás actuando como una mujer común de este mundo.
Abrí de par en par mis ojos sorprendida - Tú, ¿Qué has dicho? Pregunté.
No, más importante cómo terminó siguiéndome. Las serpientes no vuelan, por lo que este hombre no podría haber escapado de la formación por el hueco que hice al salir. No tiene sentido, es qué acaso estoy dejando pasar muchas cosas que no sé.
Antes de que siquiera pudiera llegar a una respuesta el hombre me besó. Fué un beso que nació de un impulso imposible de contener. No hubo palabras previas, solo una mirada intensa que decía más de lo que cualquiera se atrevería a pronunciar.
Cuando sus labios se encontraron, el mundo pareció detenerse un instante.
Él hombre bestia serpiente la sostuvo con firmeza, acercándola aún más lo suficiente para borrar cualquier distancia que quedaba. No era brusco, pero sí decidido, como si quisiera dejar claro que ese momento le pertenecía a ambos… y a nadie más. Había pasión en la manera en que permanecía allí, sin apresurarse a romper el contacto, como si temiera que al separarse algo pudiera desvanecerse.
El beso estaba cargado de sentimiento: deseo, anhelo, incluso un toque de celosa determinación. No era suave ni ligero; era profundo en emoción, un gesto que buscaba afirmar un vínculo, marcar presencia sin necesidad de palabras.
Cuando se apartaron, quedó en el aire esa sensación de intensidad compartida, como si el beso hubiera sido una promesa silenciosa sellada con fuego contenido.
Al sentir el beso, mi corazón no reaccionó de inmediato con calma, sino con una sacudida inesperada, como si algo dentro de mi hubiera sido despertado sin previo aviso. Primero fue sorpresa, un instante breve en el que mi mente intentó comprender lo que estaba ocurriendo. Pero esa sorpresa se transformó en una corriente cálida que me recorrió el pecho.
Sentí la intensidad de él no solo en el gesto, sino en la intención. Había algo en la firmeza con la que me sostuvo que me hizo consciente de cuánto significaba para él ese momento. Y lejos de incomodarme, esa determinación me hizo sentir elegida, vista, profundamente deseada en un sentido emocional, no superficial.
En mi interior se mezclaron muchas emociones: un leve temblor de vulnerabilidad, el deseo de corresponder, y una extraña calma que nacía de saberse importante para alguien. No era solo un beso; era la confirmación de que su presencia tenía peso, que su ausencia dejaría un vacío.
Cuando el beso terminó, quede con el pulso acelerado y una sensación persistente en el pecho, como si algo invisible hubiera cambiado. No era únicamente pasión lo que sentía, sino la certeza profunda de que ese instante había tocado algo muy íntimo en su alma.
El hombre bestia me miró y dijo con suma seriedad - Mi nombre es Lucien Duskryn, ahora después de haber formado nuestro vínculo debes hacerte responsable de mí.
- ¡¿Quéeeeee?! Grité con sorpresa.
Mi grito hizo voltear a muchos hombres bestias, aunque tenían interés por mí, desde que los ahuyento este hombre no se atrevían ni a dirigirme una mirada.
Retomé la calma y lo miré fijamente a los ojos diciendo - Dame una explicación, qué broma es esta.
Antes de cualquier respuesta de él, mi estómago rugió con intensidad y ferocidad. Me avergonzé de inmediato poniéndome roja como un, tómate y antes de negar el ruido proveniente de mí Lucien Duskryn habló.
- Tienes hambre, ¿cierto? Esbozo una sonrisilla.
- ¡No, no tengo hambre! Negué súper avergonzada
- Acompáñame, compraré algo de arroz para prepárarte. Después de comer te responderé. Lucien la cargó sosteniendola con un solo brazo como si el mundo pesara menos que Aelina.
Su brazo firme y musculoso rodeaba mi espalda, manteniéndola elevada con naturalidad, sin esfuerzo aparente. Los músculos de su antebrazo se marcaban con sutileza bajo la tela de su camisa, no por exhibición, sino por la fuerza serena que lo caracterizaba. Su postura era recta, segura, como la de alguien deseando proteger.
De alguna forma descansé contra él, ligeramente sorprendida al principio por la facilidad con la que me había levantado. Una de mis manos se apoyaba en el hombro de Lucien, mientras la otra se aferraba suavemente a su pecho para mantener el equilibrio y toquetear.
Su cabello caía hacia atrás, rozando el aire, y en su expresión se mezclaban confianza y asombro.
No era un gesto brusco ni dominante; era una demostración silenciosa de fuerza y cuidado. El contraste entre la firmeza de su brazo y la delicadeza con la que me sostenía creaba una imagen poderosa: él, sólido como una roca; yo, ligera como una pluma en su abrazo.
Deje que Lucien me cargara y aprovechando toquetee lo más sigilosamente todo lo que pude mientras Lucien se adentra más en la aldea, al llegar a un puesto Lucien se dirigió a un anciano.
- Dame todo el arroz, verduras, frutas y sal que tengas. Dijo con seriedad mientras sacaba un cristal morado de su anillo espacial.
El anciano al instante le aparecieron unos signos de pesos, contento por la gran venta llamo a varios hombres para que trajeran todo lo del almacén. El anciano es un hombre bestia loro, algo feo.
Nos miró de reojo observando furtivamente nuestras apariencias y nuestras vibras de recién casados que dabamos, así que se tomó el atrevimiento de decir - Felicidades por formar su vínculo. Que los dioses bendigan su matrimonio. El anciano sonrió.
- No, nosotros no esta... Estaba por negarlo por completo cuando fui interrumpida por Lucien.
- Gracias, señor. Definitivamente, seré un buen marido para mí, preciada esposa. Sonrió angelicalmente Lucien.
- ¡Tú... Tú... Tu! Dije sumamente sonrojada por todo el malentendido que se había formado.
bueno lo importante es que el la esta cuidando pero hay le va tocar difícil con todas esas mujeres
hay no que paso