Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 20: La Confesión
La nota no tenía firma.
Pero Josué supo inmediatamente quién la había escrito.
La letra era la misma.
Ordenada.
Delicada.
Exactamente igual a la del pequeño mensaje que acompañaba el dinosaurio del festival.
Sonrió.
Guardó el papel dentro de un libro.
No quería perderlo.
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A la mañana siguiente...
el Residencial Horizonte 9 volvió a la normalidad.
O, al menos...
a la versión de normalidad que existía en aquel edificio.
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Doña Milagros ya estaba sentada en el vestíbulo.
Con una taza de café.
Y, por primera vez en muchos días...
sin binoculares.
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Marta llegó unos minutos después.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Qué investigas hoy?
Milagros dio un sorbo al café.
—Nada.
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Marta abrió mucho los ojos.
—¿Nada?
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—Estoy descansando.
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—No te creo.
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—Yo tampoco.
Las dos comenzaron a reír.
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Mientras tanto...
Josué bajó para revisar su buzón.
No esperaba encontrar nada.
Pero había un pequeño paquete.
Sin remitente.
Lo abrió.
Dentro había una libreta de dibujo completamente nueva.
Y una nota.
> "Para que algún día tú también dibujes tus propios recuerdos."
Josué sonrió.
—Gracias...
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No necesitaba leer un nombre.
Sabía perfectamente quién la había enviado.
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Esa misma tarde...
Aileen estaba sentada en el jardín del edificio.
Con un cuaderno sobre las piernas.
Intentaba dibujar los árboles.
Pero no lograba concentrarse.
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—¿Puedo sentarme?
Era Josué.
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—Claro.
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Él tomó asiento en la banca.
Durante unos segundos...
ninguno habló.
El silencio no era incómodo.
Era tranquilo.
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Finalmente...
Josué sacó la libreta del paquete.
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—Gracias por el regalo.
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Aileen sonrió.
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—Me alegra que te gustara.
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—Aunque no entiendo una cosa.
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—¿Cuál?
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—¿Por qué me la regalaste?
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Ella cerró lentamente su cuaderno.
Pensó unos segundos antes de responder.
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—Porque...
cuando nos conocimos...
yo solo veía los rumores.
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Bajó la mirada.
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—Pensaba que eras alguien peligroso.
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Josué soltó una pequeña risa.
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—Lo sé.
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—Y me avergüenza haber pensado eso.
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Él negó con la cabeza.
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—No tienes que disculparte.
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—Sí debo.
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Respiró profundamente.
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—Quiero ser sincera.
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Josué la miró con atención.
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—¿Recuerdas el porcentaje?
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Él sonrió.
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—¿El de sospecha?
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Ella asintió.
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—El primer día era noventa por ciento.
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—Lo recuerdo.
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—Después bajó a cincuenta.
Luego a treinta y cinco.
Luego a diez.
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Hizo una pequeña pausa.
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—Hoy...
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Lo miró directamente a los ojos.
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—Hoy es cero.
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Josué permaneció en silencio.
No porque no supiera qué decir.
Sino porque aquellas palabras significaban más de lo que esperaba.
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Aileen sonrió.
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—Ya no veo al hombre del que hablan los vecinos.
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Señaló suavemente su pecho.
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—Veo al verdadero Josué.
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Él sintió que el corazón le latía con fuerza.
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—Gracias.
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Era una palabra sencilla.
Pero completamente sincera.
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En ese momento...
una pelota rodó hasta sus pies.
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Tomás apareció corriendo.
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—¡Perdón!
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Tomó la pelota.
Miró a los dos.
Sonrió con picardía.
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—¿Interrumpo una conversación importante?
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Josué respondió antes que Aileen.
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—Sí.
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Tomás levantó las manos.
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—Entonces me voy.
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Corrió unos pasos.
Pero volvió.
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—Solo una cosa.
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Los dos lo miraron.
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—Doña Milagros dice que ya no eres un villano.
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Josué soltó una carcajada.
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—¿Ah, no?
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—Ahora dice que eres...
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Tomás hizo una pausa dramática.
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—...el protagonista de la mejor historia del edificio.
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Y salió corriendo antes de que pudieran responder.
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Josué y Aileen se miraron.
Luego comenzaron a reír.
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Desde la ventana del sexto piso...
Doña Milagros los observaba con una sonrisa tranquila.
Esta vez...
sin teorías.
Sin investigaciones.
Sin sospechas.
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Solo pensando que...
a veces...
las primeras impresiones pueden estar completamente equivocadas.
Y que, por suerte...
algunas personas merecen una segunda oportunidad.
Muy bueno!