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Casada Con Mi Verdugo

Casada Con Mi Verdugo

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hija rica en bancarrota / Venderse para pagar una deuda / Atracción entre enemigos
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Cuando una estafa sacude el imperio de Alfred Lecrec, el implacable magnate Sebastian Spencer está decidido a destruir a los responsables. Sin embargo, todo cambia al conocer a Elena Lecrec: una arquitecta independiente, inteligente y de carácter indomable. Fascinado por ella, Sebastian ofrece un cruel trato: perdonará a su familia si Elena acepta casarse con él durante cinco años y darle un heredero; de lo contrario, su hermano Martín, el verdadero culpable, pasará el resto de su vida en prisión.

Para Elena, Sebastian no es más que su verdugo. Pero mientras el odio se convierte en convivencia, descubrirá que detrás de ese hombre frío y despiadado se esconde un corazón marcado por profundas heridas. Lo que comenzó como un matrimonio por obligación podría convertirse en la única oportunidad para sanar… o destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: Secretos y Traiciones Familiares

El estudio de Sebastian Spencer era un lugar imponente, con estanterías llenas de libros antiguos, un escritorio de caoba maciza y ventanales que daban al jardín trasero. Esa misma tarde, los Spencer se reunieron allí en una atmósfera cargada de tensión. Matilda Benson, con el rostro aún enrojecido por la ira, fue la primera en hablar. Stephanie estaba a su lado, aún pálida por los efectos del veneno, aunque ya fuera de peligro.

—Sebastian, ¿te has vuelto blando? —recriminó Matilda con voz cortante—. Esa disculpa que le exigiste a Elena fue vacía. ¡Mínimo debería ir a prisión por lo que le hizo a mi hija! ¿Cómo puedes permitir que esa mujer siga bajo nuestro techo después de intentar matar a Stephanie?

Sebastian, de pie junto a la ventana con las manos en los bolsillos, no se inmutó. Su expresión era fría y calculadora, como siempre.

—Sé cómo manejar mis cosas, Matilda —respondió con tono gélido—. No necesito que me digas cómo actuar en mi propia casa. Elena es mi esposa por contrato. Yo decidiré su castigo, si es que realmente es culpable.

Stephanie intervino, con la voz aún débil pero llena de veneno.

—Madre tiene razón. Esa chica es peligrosa. Nos odia. Lo vi en sus ojos cuando me humilló en la habitación de Martín.

Sebastian levantó una mano, cortando la conversación.

—Basta. Hablaré con John y averiguaremos la verdad. Hasta entonces, mantengan la calma.

Cuando Matilda y Stephanie salieron del estudio, John Anderson se quedó solo con Sebastian. El amigo de toda la vida cerró la puerta y se acercó al escritorio.

—¿Qué piensas realmente? —preguntó John.

Sebastian se sentó y se pasó una mano por el cabello.

—Averigua de dónde provino el veneno. Quiero saber exactamente quién lo compró, cuándo y cómo llegó a esa casa.

John frunció el ceño.

—Es obvio que fue Elena quien lo compró, Sebastian. El frasco estaba en su bolso. Stephanie la vio en la cocina ese día. ¿Por qué dudas?

Sebastian miró por la ventana hacia el jardín, donde se veía a los Lecrec reunidos.

—Quiero estar seguro —dijo con voz baja—. No quiero errores. Si fue ella… pagará. Pero si no… alguien más está jugando sucio en esta casa.

John asintió y salió del estudio para comenzar las investigaciones.

En el jardín trasero, bajo la sombra de los árboles, los Lecrec se habían sentado juntos en un banco de piedra. El ambiente era pesado, lleno de dolor y resentimiento. Alfred fue el primero en hablar, intentando mantener la unión familiar.

—Saldremos de esto juntos —dijo con voz firme, aunque cansada—. Marius me ofreció un negocio importante. Un proyecto que nos puede dar liquidez rápida. Si lo aceptamos, podremos librarnos de esta maldita familia Spencer. Empezaremos de nuevo, lejos de aquí.

Elena, que en otro momento habría considerado esa idea desleal, levantó la mirada. Su rostro mostraba agotamiento y una determinación nueva.

—Acepto —dijo con voz suave—. Ya no soporto más esto. La humillación, las acusaciones… Todo. Si Marius puede ayudarnos, hagámoslo.

Victoria, que hasta entonces había permanecido en silencio, explotó con una ira contenida que sorprendió a todos.

—¿Quiénes se creen ellos para humillarnos de esta forma? —dijo con los dientes apretados—. Deberían agradecer que no agregué más veneno en esa taza. Que solo fuera una advertencia.

Alfred y Elena se quedaron helados. El silencio que siguió fue ensordecedor.

—¿Fuiste tú? —preguntó Alfred, con los ojos muy abiertos—. ¿Tú envenenaste a Stephanie?

Victoria levantó la barbilla con orgullo herido.

—Sí. Quería que Matilda sintiera el mismo dolor que yo sentí cuando mataron a mi hijo. Ella filtró ese video. Ella destruyó nuestra reputación. Merecía probar su propia medicina.

Elena se levantó de golpe, con los ojos llenos de lágrimas de rabia y decepción.

—¿Cómo pudiste hacerme esto, mamá? —gritó, con la voz quebrada—. ¡Ustedes dejaron que me humillaran de la peor forma! Me tiraron al suelo, me obligaron a pedir perdón de rodillas. Me acusaron delante de todos. ¿Qué clase de madre eres? ¿Dejar que tu propia hija cargue con la culpa de algo que tú hiciste?

Victoria intentó acercarse.

—Elena, hija… era la única forma de vengar a tu hermano. Tú eres fuerte. Lo superarás.

Elena retrocedió, negando con la cabeza.

—No. No lo superaré. Me traicionaste. Me dejaste sola frente a ellos. Me humillaste más que nadie.

Alfred también se levantó, visiblemente afectado.

—Victoria… esto es demasiado. ¿En qué estabas pensando?

Victoria se mantuvo firme.

—Pensaba en mi hijo muerto. En la justicia que nadie nos dio.

Elena, con el corazón destrozado, dio media vuelta y se alejó hacia la mansión. Alfred la siguió con la mirada, dividido entre el amor por su esposa y la preocupación por su hija.

La familia Lecrec, ya fracturada, parecía estar al borde de la ruptura total.

Sebastian, desde una ventana del estudio, había observado parte de la escena en el jardín. No escuchó las palabras, pero vio la discusión acalorada. Su mente trabajaba a toda velocidad. John regresó poco después con información preliminar.

—Estoy investigando el veneno —dijo John—. Pero todo apunta a alguien dentro de la casa.

Sebastian asintió, con la mirada fija en Elena, que caminaba sola por el jardín con los hombros caídos.

—Quiero la verdad, John. Sea quien sea.

La mansión se llenaba de secretos, mentiras y traiciones. Y en el centro de todo, Elena Spencer luchaba por mantener su dignidad en un mundo que parecía decidido a destruirla.

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Suleima Dominguez Guzman
gracias por cada capítulo queremos maratón pliss
Diva Ramirez
Esta es una copia exacta de una novela turca
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por cada capítulo excelente novela me encanta gracias por actualizar esta súper
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por actualizar cada capítulo es excelente
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
buen inicio
Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por escribir
Darquiz Bonilla
y esa familia no tiene casa para venirse a meter a esta...
Deisy Campos
para que engañan con esas novelas por partes comenzamos bien y nos corta no vale
Yineth Carvajal: para cuándo la segunda parte de la novela Marcada por un Error
total 2 replies
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