En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.
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Capítulo 22: El plan frustrado
El Reino del Vacío permanecía sumido en la oscuridad.
En el centro de una enorme fortaleza de piedra negra, el hombre de la máscara rota observaba un gigantesco mapa mágico.
Sobre él brillaban varios puntos de luz.
Cinco correspondían a las princesas.
Uno a León.
Y el más intenso...
A Yoselin.
Una sonrisa apareció bajo su máscara.
—Por fin...
Salió de la academia.
Uno de sus generales dio un paso al frente.
—Mi señor, nuestros guerreros ya rodearon el lugar donde creíamos que aparecería.
El hombre asintió con satisfacción.
—La Heredera no dejará morir a personas inocentes.
Vendrá sola.
Tal como habíamos planeado.
Pasaron varios minutos.
Luego una hora.
Después dos.
Pero Yoselin nunca apareció.
El general comenzó a inquietarse.
—Mi señor...
No hay rastro de ella.
El hombre frunció el ceño.
—Es imposible.
Revisó nuevamente el mapa mágico.
La luz de Yoselin seguía existiendo.
Pero ya no se encontraba en el lugar donde habían preparado la emboscada.
Se estaba alejando.
Cada vez más.
Hacia una región desconocida.
—¿Qué significa esto?
Otro hechicero se acercó rápidamente.
—Mi señor...
La Heredera descubrió que los ataques eran falsos.
No cayó en la trampa.
El salón quedó completamente en silencio.
Por primera vez en mucho tiempo...
La expresión del hombre cambió.
Estaba furioso.
Con un solo movimiento destruyó la enorme mesa de piedra.
—¡¿Cómo pudo descubrirlo?!
Nadie respondió.
En ese momento apareció una mujer cubierta con una capa oscura.
Era la estratega del Reino del Vacío.
—Porque la subestimamos.
Todos voltearon hacia ella.
—Ella nunca actúa impulsivamente.
Siempre piensa primero en proteger a los demás.
Y precisamente por eso...
Analizó nuestros movimientos.
Comprendió que algo no tenía sentido.
El hombre apretó los puños.
—Entonces...
Nos engañó.
La mujer asintió.
—No solo escapó.
También hizo creer a todos que seguía nuestro juego.
Mientras nosotros preparábamos una emboscada...
Ella desapareció hacia un lugar que ni siquiera podemos localizar.
Uno de los soldados cayó de rodillas.
—Mi señor...
Nuestros rastreadores perdieron completamente su energía.
Es como si hubiera salido del mundo.
El hombre de la máscara rota permaneció en silencio.
Después comenzó a reír.
Una risa baja.
Fría.
—Interesante...
Así que todavía existe ese lugar.
La estratega abrió los ojos con sorpresa.
—¿Cree que fue al...
Valle del Eclipse?
Él asintió lentamente.
—Es el único sitio donde incluso nuestra magia deja de funcionar.
La Heredera eligió muy bien.
Mientras tanto...
En la Academia Real Arcana, Daniel permanecía sentado en el campo de entrenamiento.
Aún sostenía la carta de Yoselin.
No había dejado de leerla desde la mañana.
El anillo que ella le había regalado brilló durante un instante.
Una luz dorada apareció apenas unos segundos.
Daniel levantó la mano.
—¿Qué fue eso?
Luis, que estaba cerca, también lo notó.
Pero el brillo desapareció tan rápido como había aparecido.
Ninguno entendió su significado.
Muy lejos de ellos...
Yoselin sintió un fuerte dolor en el pecho.
Se apoyó sobre una roca para no caer.
Miró el cielo.
—Así que...
Intentaron localizarme.
Respiró profundamente hasta que el dolor desapareció.
—Por suerte...
El anillo funcionó.
Sonrió con alivio.
El hechizo que había colocado en el anillo de Daniel acababa de desviar por completo el último intento del enemigo para rastrear su energía.
Todo estaba saliendo como ella había planeado.
En el Reino del Vacío, el hombre de la máscara rota volvió a mirar el mapa.
El punto de luz de Yoselin acababa de desaparecer por completo.
Era la primera vez en años...
Que no podía encontrarla.
Apretó los dientes con rabia.
—La Heredera nos arrebató la ventaja.
La estratega habló con calma.
—¿Qué haremos ahora?
Él levantó lentamente la cabeza.
Una sonrisa volvió a aparecer bajo la máscara.
—Si no podemos encontrar a Yoselin...
Haremos que ella venga a nosotros.
Todos guardaron silencio.
—Comenzaremos la segunda fase.
No volveremos a perseguir a la Heredera.
Atacaremos aquello que más ama.
La Academia.
Los cinco reinos.
Y a las personas por las que estaría dispuesta a sacrificarlo todo.
Estoy seguro...
De que tarde o temprano...
Ella saldrá de su escondite.
Muy lejos de allí, sin saber que el enemigo acababa de cambiar de estrategia, Yoselin contemplaba el inmenso paisaje del Valle del Eclipse.
Por primera vez desde que abandonó la academia, sintió un poco de paz.
Pero esa tranquilidad estaba destinada a durar muy poco.
Porque la guerra acababa de entrar en una nueva etapa.
Y esta vez...
Nadie estaría completamente a salvo.