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LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

A sus 48 años, Solange Barreto es una fuerza de la naturaleza. Viuda desde hace quince años y al frente de la constructora y firma de arquitectura más grande e importante del país. Su vida gira en torno a su imperio y su familia, conformada por su hijo mayor Santiago de 28 años —quien vive con su esposa Carol y sus dos hijos en la gran mansión de Solange bajo la excusa de "no dejarla sola"— y su hija menor Sáhara, una talentosa jefa de marketing casada con un reconocido neurocirujano.
El orden inquebrantable de su mundo cambia radicalmente cuando, durante un almuerzo en el restaurante de su íntima amiga Yamilet de Sánchez (junto a su contadora Martha de Benavides), escucha una voz que hace latir su corazón con fuerza desbocada. Se trata de Ismael Fermín Muñoz, un antiguo amigo de la universidad convertido en un magnate de 50 años, dueño de conglomerados financieros, centros comerciales y resorts.
El reencuentro enciende una chispa inmediata.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA LLEGADA DE LA CONTIENDA Y EL ESCUDO DE LOS INOCENTES

​La mañana del sábado se levantó con un cielo plomizo y una brisa fría que azotaba los cristales opacos de la habitación del motel de categoría media donde Santiago y Carol se ocultaban. En el interior, el ambiente era tan denso como el vapor que ascendía de la ducha. Los dos pequeños hijos de la pareja —el mayor de seis años y el menor de cuatro— jugaban en silencio sobre la desgastada alfombra, intentando armar un rompecabezas con piezas incompletas mientras el hambre y el encierro comenzaban a pasarles factura.

​Santiago yacía tendido bocarriba sobre la cama, mirando el techo con la mirada perdida y una barba de tres días que acentuaba su aspecto derrotado. Carol, con una bata desaliñada y ojeras profundas, caminaba de un lado a otro con el teléfono móvil apretado contra el pecho, mordiéndose las uñas con desesperación. Intentaba convencerse de que El Alacrán aún aparecería con buenas noticias, aunque el nudo en su estómago le advertía que el plan se había desmoronado por completo.

​De repente, un golpe seco y contundente resonó en la puerta de madera de la habitación.

​—¡Abra la puerta del servicio! ¡Inspección de mantenimiento! —vociferó una voz ronca y desconocida desde el pasillo.

​Carol dio un respingo de terror, dejando caer la copa de plástico sobre la mesa de noche. Santiago se incorporó de golpe en la cama, con los ojos abiertos de par en par a causa del pánico.

​—¿Quién es a estas horas? Nosotros no pedimos servicio a la habitación —susurró Santiago con la voz temblorosa, mirando a su esposa con reproche.

​Antes de que Carol pudiera responder o intentar alcanzar el picaporte, la cerradura de la puerta emitió un chasquido metálico. Un juego de llaves maestras giró con precisión quirúrgica, y el cerrojo cedió de inmediato.

​La puerta se abrió con elegancia y absoluta firmeza.

​En el umbral, flanqueada por Roberto y dos escoltas de seguridad con trajes oscuros y una presencia imponente, se encontraba Solange Barreto. Vestía un impecable traje sastre en tonos grises, con la melena negra perfectamente recogida y una mirada que destellaba un peligro tan helado que hizo que la temperatura en la habitación descendiera al instante. Su porte altivo llenó el espacio por completo, eclipsando la miseria del lugar.

​Los niños, al ver a su abuela aparecer de imprevisto entre hombres vestidos de negro, soltaron los juguetes del suelo y corrieron hacia ella con gritos de alegría, aferrándose a su falda y buscando refugio.

​—¡Abuelita! ¡Abuelita, qué bueno que nos encontraste! Aquí hace mucho frío y mami no nos deja salir a comprar helado... —sollozó el menor, escondiendo la carita contra la tela del traje de Solange.

​Un destello de infinita ternura cruzó por un segundo los ojos castaños de la matriarca, pero se extinguió de inmediato al levantar la vista y encontrarse con los rostros despavoridos de su hijo y su nuera. Con una delicadeza inusual, Solange se agachó para acariciar la cabeza de los niños, besó la frente del mayor y se incorporó lentamente antes de hablar.

​—Roberto, lleva a mis nietos al vehículo de inmediato. Cómprales algo de desayunar y mantenlos seguros y alejados de este sitio. No quiero que escuchen lo que voy a hablar con los adultos —ordenó Solange con voz clara y cortante.

​—Entendido, señora Barreto —respondió el jefe de seguridad, avanzando con rapidez para levantar a los niños en brazos y sacarlos de la habitación a pesar de las débiles protestas de Carol.

​En cuestión de segundos, la puerta volvió a cerrarse, dejando a Solange a solas con los dos traidores. El silencio que se instaló en la habitación era asfixiante. Santiago retrocedió hasta chocar contra la pared, sintiendo que el suelo se le abría bajo los pies al ver a su madre parada allí, como una jueza implacable dispuesta a dictar sentencia.

​—Mamá... ¿cómo... cómo nos encontraste? —balbuceó Santiago, con las manos temblando y el rostro empapado en sudor frío—. ¿A qué vienes? Ya nos sacaste de la casa, ya nos quitaste el dinero, ¿qué más quieres de nosotros?

​Solange no le dirigió la palabra a su hijo de inmediato. Avanzó un par de pasos hacia el centro de la pequeña habitación, clavando sus ojos castaños en Carol, quien se había quedado paralizada junto al lavamanos, con los nudillos blancos de tanto apretar el borde de la repisa y el terror reflejado en cada poro de su piel.

​—¿De verdad creíste, Carol, que ibas a contratar a un sicario para que me eliminara en la autopista del este y que yo me iba a quedar cruzada de brazos esperando el siguiente intento? —preguntó Solange, con un tono tan bajo, pausado y cargado de veneno que cada palabra sonó como una cuchillada directa al corazón de la mujer.

​Carol dio un paso atrás, con los ojos desorbitados por el horror, intentando articular una defensa imposible.

​—¡Eso... eso es mentira! ¡Estás loca! ¡No sé de qué me hablas! —gritó Carol, perdiendo los papeles y rompiendo a llorar de forma histérica—. ¡Santiago, dile a tu madre que está delirando! ¡Nos quiere destruir a toda costa!

​Santiago miró a su esposa y luego a su madre, sintiendo que el mundo a su alrededor se derrumbaba en mil pedazos. La mención de un atentado en la carretera lo dejó completamente mudo.

​—¿Un sicario? ¿De qué está hablando mamá, Carol? —exigió saber el joven, girándose hacia su esposa con los ojos inyectados en rabia y confusión—. ¿Tú mandaste a matar a mi madre? ¡Dime la verdad maldita sea!

​—Cierra la boca, Santiago, porque tu complicidad pasiva o tu absoluta estupidez ya no te salvan de esta —interrumpió Solange, sacando de su maletín de piel una copia impresa de los informes de la investigación bancaria y las fotografías de la cámara del motel clandestino, arrojándolas con desprecio sobre la cama—. Tengo el rastro exacto de las transferencias, las imágenes del pago con tus joyas y la confesión del mercenario que capturamos hace unas horas. Intentaste asesinarme, Carol. Intentaste quitarle la madre a tus propios hijos y la vida a la fundadora de este imperio.

​Carol se desplomó de rodillas sobre el suelo de la habitación, comprendiendo que el juego había terminado para siempre. La fría y calculadora asesina que había urdido el plan se había evaporado, dejando paso a una mujer acorralada que suplicaba clemencia ante la furia incontenible de una leona a la que intentaron arrebatarle el trono.

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Tere Jimenez
increíble tu novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti bendiciones
Naibelys Perez: muchas gracias a ustedes por siempre alentarme para seguir escribiendo. mil bendiciones 🙏 🫂 😘
total 1 replies
Tere Jimenez
hermosa novela gracias
Alicia Duran
excelente
Alicia Duran
Muy buena escritura, es muy doloroso para una madre la traición de su hijo. 😥
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