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Bajo Las Luces Del Hielo

Bajo Las Luces Del Hielo

Status: En proceso
Genre:Romance / Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi nombre es Sara Miller, y antes de llegar a la Universidad de Minnesota, creía que la distancia geográfica era un factor suficiente para alterar el resultado de un trauma. Huí de Boston con una beca de excelencia académica y el alma rota, buscando desaparecer entre la nieve de Minneapolis. Pero el destino no entiende de estadísticas. En mi primer día de clases, la ecuación de mi supervivencia colapsó al encontrarme frente a frente con Thomas y Carter, los mismos dos monstruos con uniforme de hockey que habían convertido mi pasado en una pesadilla y que ahora jugaban para los Gophers.
Fue en ese pasillo helado donde todo cambió. Cuando la violencia física era inminente, apareció la variable más impredecible de todo el campus Jhon King.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

El golpeteo en la puerta de mi apartamento no fue suave.

Fueron tres impactos secos, firmes, que hicieron vibrar la madera vieja del pasillo.

Miré el reloj de la cocina: las 6:15 de la tarde.

No esperaba a nadie.

En realidad, nadie en todo el campus de Minnesota sabía dónde vivía, o al menos eso era lo que yo creía hasta que abrí la puerta y me encontré con una masa de un metro ochenta y cinco bloqueando la luz del corredor.

Jhon estaba de pie en el umbral.

Tenía el cabello oscuro completamente desordenado, las mejillas ligeramente encendidas por el viento helado de Minneapolis y los ojos grises brillando con una intensidad que me obligó a dar un paso atrás.

No llevaba su típica sudadera de hockey, sino una camiseta negra que se ajustaba a sus hombros y dejaba a la vista los músculos tensos de sus brazos.

—¿Cómo encontraste mi apartamento, Jhon? —pregunté de inmediato, congelándome con la mano en el pomo de la puerta. Mi voz sonó más defensiva de lo que pretendía, pero el pánico de ver mi espacio seguro invadido hizo que se me acelerara el pulso.

Jhon esbozó una sonrisa ladeada, metiendo las manos en los bolsillos de sus vaqueros.

—Solo le pedí un favor al asistente del decano para poder ver mis notas finales de cálculo, Sara. Y bueno, tu dirección y todos tus datos de transferencia de Boston ya los tenía en la carpeta de registro desde el día en que exigí que fueras mi tutora. No es tan difícil rastrear a un genio cuando eres el capitán del equipo.

—Eso es una violación a la privacidad —siseó mi voz, aunque el enojo fue sustituido rápidamente por la curiosidad al notar el papel doblado que sobresalía de su mano trasera—. Espera... ¿dijiste tus notas finales?

Jhon sacó el brazo del bolsillo y me tendió la hoja oficial de la facultad de ciencias exactas. Tenía el sello rojo del departamento en la esquina superior. Mis ojos escanearon el documento a la velocidad de la luz, buscando la cifra final al final de la matriz de evaluación.

Un 4.8 sobre 5.0.

—No puede ser —murmuré, arrebatándole el papel de las manos. Mis dedos rozaron los suyos por un milímetro, y una corriente eléctrica me recorrió el brazo—. Destrozaste el examen de Henderson. Solo tuviste un error en la simplificación de la última integral de superficie. Jhon, esto es... es casi perfecto.

—Te dije que tu método de la pista de hockey funcionaba, genio —la voz de Jhon bajó un tono, volviéndose inusualmente suave. Dio un paso hacia adelante, quedando justo en el límite del umbral de mi puerta, obligándome a mirarlo hacia arriba—. Pasé.

El entrenador me acaba de confirmar que no solo juego hoy contra Wisconsin, sino que mi estatus académico está completamente limpio. Ya no soy el atleta en la cuerda floja.

—Me alegro mucho por ti, Jhon. De verdad —dije, sintiendo un extraño orgullo en el pecho. Sentí que mi trabajo había valido la pena, que él realmente se había esforzado—. Ahora ve a prepararte para tu partido. La arena debe estar por llenarse.

—No he terminado, Sara —Jhon bloqueó la puerta con el cuerpo cuando intenté cerrarla suavemente. Su mirada gris se volvió densa, seria, desprovista de toda la burla habitual—. El trato no ha terminado. Necesito que vengas a la fiesta del equipo esta noche.

En la casa de la fraternidad.

El nombre de la fraternidad deportiva activó todas mis alarmas. El recuerdo de Boston, de las luces rojas, la música alta y el olor a cerveza barata mezclado con el miedo regresó a mi mente como un golpe físico.

Di un paso atrás, negando con la cabeza con brusquedad.

—No. Absolutamente no, Jhon. Cumplí mi parte del contrato. Tu promedio está a salvo. No tengo nada que hacer en una fiesta llena de atletas borracho. Y menos en su terreno.

—Thomas y Carter van a estar ahí, Sara —soltó él, directo, sin anestesia. Su mandíbula se tensó al pronunciar sus nombres—. Escuché a Carter hablar en las duchas de la piscina después del mediodía. Creen que porque el examen ya pasó, yo te voy a dejar desprotegida.

Están planeando buscarte o armar algo esta noche porque saben que la seguridad del campus disminuye por el partido de campeonato.

El aire se me escapó de los pulmones. El pánico, frío y agudo, me atenazó el estómago. Miré las paredes de mi pequeño apartamento, que de repente ya no se sentían tan seguras. Si se quedaban en el campus mientras todos estaban en la arena...

—Si voy a esa fiesta, estaré en su territorio —argumenté, con la voz temblando levemente—. Es peor.

—Si vas a esa fiesta, estarás conmigo —Jhon dio un paso decisivo hacia el interior de mi pasillo, rompiendo la distancia, pero manteniendo sus manos quietas a los lados, demostrándome que el control lo tenía yo—. Nadie toca lo que me pertenece en ese vestuario, Sara. Y todo el campus necesita ver que eres mi invitada de honor. Si entras a esa casa conmigo, del brazo del capitán, Thomas y Carter entenderán que tocarte a ti significa destruirme a mí. Y no tienen los huevos para intentar eso. Déjame protegerte. Solo por esta noche.

Lo miré fijamente, buscando cualquier rastro de mentira o de manipulación en sus ojos grises.

Pero solo encontré una furia contenida hacia ellos y una urgencia posesiva hacia mí que me hizo dar un vuelco el corazón. ¿Por qué se esforzaba tanto? Podía simplemente haber puesto seguridad en mi puerta, pero quería mostrarme ante todos. Ideas absurdas de que él me había escogido por algo más que por las matemáticas flotaron en mi mente, pero las descarté de inmediato.

Él solo estaba siendo el capitán responsable.

—Está bien —cedí en un susurro, apretando la hoja de sus calificaciones contra mi pecho—. Iré.

Jhon exhaló un suspiro largo, como si hubiera estado conteniendo el aire todo el trayecto. La tensión de sus hombros disminuyó notablemente y esa sonrisa ladeada regresó a sus labios, encendiendo una chispa de alivio en sus ojos.

—Ponte algo abrigado, genio. Minneapolis se va a congelar esta noche. Pasaré a buscarte a las 8:30 exacta en la puerta del edificio.

No llegues tarde.

Se dio la vuelta y caminó por el pasillo del edificio con ese andar seguro que dominaba el mundo. Cerré la puerta de golpe y me apoyé contra la madera, escuchando el latido desbocado de mi propio corazón.

Acababa de aceptar entrar a la boca del lobo, pero por primera vez, el lobo más grande del bosque corría de mi lado.

1
Maria Muñoz
va muy bien
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